Caminar despacio, dejarse llevar por una calle de piedra, una plaza silenciosa o un mirador que aparece casi sin buscarlo. En el Pirineo aragonés, entre montañas y a las puertas de algunos de los paisajes más impresionantes del noreste de España, se ubica uno de esos lugares donde el plan perfecto consiste precisamente en dejar la prisa de lado y entregarse al saludable ritmo rural.
Aínsa, en la comarca del Sobrarbe, conserva uno de los cascos medievales más bonitos de Aragón y esa rara capacidad de parecer monumental sin resultar abrumador. Aquí casi todo se recorre a pie: desde la plaza mayor hasta el castillo, pasando por callejones estrechos, casas de piedra con balcones llenos de flores y pequeños rincones donde la sensación es la de haber retrocedido varios siglos.
A su alrededor, además, aparece el otro gran argumento para una escapada: el Pirineo. A pocos kilómetros espera el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, uno de los espacios naturales más espectaculares del país y parte del patrimonio mundial de la UNESCO. Y como si todo eso fuera poco, la localidad recibió el reconocimiento de Best Tourism Village de ONU Turismo por su apuesta por la conservación del patrimonio y el turismo sostenible.










