El núcleo de poder que rodea a Alberto Núñez Feijóo en Génova ha recibido "instrucciones precisas" de peinar el territorio durante el verano y comenzar a engrasar la maquinaria electoral con la vista puesta en las próximas elecciones generales, cuya fecha sigue siendo una incógnita. La campaña echará a andar tan pronto como arranque el mes de septiembre y el PP quiere echar el resto en País Vasco y especialmente en Cataluña, un territorio clave por su peso electoral para apuntalar la holgada mayoría que hoy por hoy pronostican todos los sondeos.

Al líder del PP no le basta con mantenerse en la marca que ya lograron tanto en las autonómicas de 2024 —desbordaron previsiones y pasaron de 3 a 15 escaños— como en las generales de 2023 —sumaron casi 200.000 votos, pero el PSOE cosechó 19 escaños claves para la permanencia de Sánchez en la Moncloa— y puso deberes tanto a la renovada dirección de Alejandro Fernández como a sus propios vicesecretarios: hay que crecer. Las municipales son importantes, pero la mente de Feijóo está en las generales. "Si no conseguimos un mejor resultado, es como meterse en un ring con una mano metida en el bolsillo", ilustra un alto cargo.

Génova se ha puesto manos a la obra. No solo ha multiplicado su presencia, especialmente en Barcelona, que múltiples fuentes sitúan como "determinante", sino que también ha encargado encuestas internas para medir la evolución. La foto fija que trasladan todos los números que manejan en la dirección del PP apuntala el "derrumbe" de Junts. Según el análisis que hacen los conservadores, el partido de Carles Puigdemont ha terminado abrasado por sus pactos intermitentes con Sánchez y se desangra por el imparable crecimiento de Aliança Catalana y por la disputa con ERC en el flanco independentista.