Hay recuerdos que vuelven cuando menos te los esperas. No porque alguien te los recuerde. Ni porque encuentres una fotograf�a. Vuelven porque, de repente, un d�a descubres que ya no eres exactamente la misma persona que los vivi�. A m� me ha pasado esta tercera semana. Y el culpable tiene nombre y apellidos: Pobladura de la Sierra, un peque�o pueblo leon�s, al lado de Astorga, donde tienen casa dos de mis mejores amigos, Isa y David.Llevan juntos tantos a�os que ya no s� d�nde termina uno y empieza el otro. Son de esas parejas que no solo comparten la vida, tambi�n comparten aquello que probablemente m�s les define: el deporte. Son dos m�quinas. Y cuando digo dos m�quinas no me refiero a esos cuerpos imposibles de gimnasio que parecen vivir a base de pechuga de pollo hervida y arroz integral. No. Comen. Disfrutan. Se toman una cerveza. Un vino. Una copa cuando toca. Se ponen morados de un cocido maragato si hace falta. Pero despu�s lo queman absolutamente todo.Operaci�n Verano (I)Operaci�n Verano (I). Soy obesa, diab�tica y adicta al trabajo: esta es la historia de c�mo decid� salvarmeRedacci�n:

ESTHER MUCIENTES (Texto)Redacci�n:

ALBERTO DI LOLLI (Fotograf�as)MadridSi un d�a no van al gimnasio, juegan al p�del. Si no juegan al p�del, hacen paddle surf. Si no hay tabla, caminan. Y cuando digo caminar quiero decir caminar de verdad. No eso que hacemos muchos de ir del sof� a la nevera.Hace tres a�os mi familia y yo fuimos a pasar unos d�as con ellos. Recuerdo perfectamente aquel viaje porque Le�n tiene una capacidad extraordinaria para hacerte feliz. Primero con el paisaje, despu�s con la comida, y, por �ltimo, con esa calma que quienes vivimos permanentemente acelerados casi hemos olvidado que existe.Yo ya me imaginaba el plan perfecto. Una terraza. Un ca��n bien tirado. Mirar al Teleno. Y dejar pasar las horas. Error. Con Isa y David el ca��n de cerveza siempre llega, pero primero hay que gan�rselo.El �ltimo d�a David tuvo una idea maravillosa.-Vamos a ver una antigua mina romana."Fenomenal", pens�. Hasta que empezamos a caminar. Hoy, vista con perspectiva, aquella ruta era casi rid�cula. No ten�a una dificultad especial. Alguna pendiente, alg�n tramo de tierra. Nada que una persona m�nimamente acostumbrada a moverse no pudiera hacer sin despeinarse. Yo estuve a punto de morir. Bueno... de morir no. Pero convencida de que iba a hacerlo s�. Me faltaba el aire, las piernas pesaban como si llevara dos sacos de cemento atados a los tobillos, cada cuesta parec�a el Angliru, cada cien metros necesitaba parar, cada respiraci�n era una negociaci�n con mis pulmones. Y cuanto peor estaba f�sicamente... Peor me pon�a de humor.Me enfad� con David. Con Isa. Con mi marido. Con mis hijos. Con cualquiera que hubiera tenido algo que ver con aquella excursi�n infernal. Cuando llegamos al mirador -espectacular, por cierto- yo era incapaz de disfrutar de las vistas. Solo quer�a sentarme. Resoplar. Y pensar que jam�s volver�a a dejarme enga�ar por una frase que empezara con "es un paseo muy f�cil".Durante mucho tiempo pens� que los culpables hab�an sido ellos. Hace tres semanas comprend� que no. Que los �nicos que estaban intentando ayudarme eran precisamente ellos, y que la persona con la que realmente deber�a haberme enfadado era conmigo misma. Porque nadie me hab�a llevado hasta aquella situaci�n. Hab�a sido yo. 15 a�os sin cuidar mi cuerpo. 15 a�os encontrando una excusa nueva cada lunes. 15 a�os creyendo que ya habr�a tiempo. Hoy sigo subi�ndome cada ma�ana a la el�ptica para cumplir esos 30 minutos de cardio que Rub�n R�o me manda religiosamente. Y, mientras pedaleo, cierro los ojos muchas veces. No pienso en perder kilos. No pienso en la b�scula. No pienso en tallas. Pienso en Pobladura, en aquel camino, en aquel mirador... Y me imagino haci�ndolo otra vez, pero esta vez sin enfadarme, sin ir echando el h�gado por el camino. Con una sonrisa.Porque, por primera vez en much�simo tiempo, empiezo a creer que podr� hacerlo. Y es curioso. Porque hace apenas unas semanas mi mayor objetivo era adelgazar. Ahora ya no. Ahora mi mayor objetivo es volver a vivir experiencias que hab�a dejado de plantearme porque daba por hecho que mi cuerpo ya no pod�a acompa�arme. Y, sin darme cuenta, apareci� otro sue�o. Uno que llevo a�os guardado en un caj�n: hacer el Camino de Santiago desde Sarria. Siempre quise hacerlo e imagin� hacerlo con mi madre. La vida no nos dej�. Ella se fue antes de que pudi�ramos siquiera plantearlo. Durante mucho tiempo pens� que ese sue�o tambi�n se hab�a marchado con ella.Hasta que un d�a se lo cont� a Rub�n.-Lo vas a hacer.No dud� ni un segundo. Aquella seguridad me desarm�. Porque �l no hablaba como quien intenta animarte. Hablaba como quien sabe exactamente d�nde est�s hoy... y d�nde puedes llegar dentro de unos meses. Y, curiosamente, esa ha sido probablemente la mayor medicina de estas tres semanas. No han sido las pesas ni el cardio; han sido las palabras.Hay personas que saben exactamente qu� decir y luego est� Rub�n, que no solo sabe qu� decir, sino cu�ndo decirlo. Porque una cosa es tener un entrenador, y otra muy distinta es encontrar a alguien que entienda perfectamente c�mo funciona tu cabeza. Y mi cabeza, creedme, es un terreno complicado.Si un d�a estoy cansada, quiero abandonar. Si las agujetas aprietan demasiado, pienso que quiz� esto no era para m�. Si la b�scula no baja, empiezo a convencerme de que da igual todo lo que haga. Y si algo me sale mal, tengo una capacidad extraordinaria para ser infinitamente m�s dura conmigo misma que cualquier otra persona sobre la faz de la Tierra.Rub�n detect� todo eso pr�cticamente desde la primera conversaci�n. Y creo que ah� est� la diferencia entre alguien que sabe de ejercicios y alguien que sabe de personas. Porque no solo me ha ense�ado a moverme, me ha ense�ado a escucharme, a entender que no todos los d�as son iguales, que no siempre se puede dar el 100%, y que eso no significa fracasar: significa ser humana.Esta tercera semana, adem�s, sucedi� algo importante: Rub�n vino a Madrid con su mujer. �l vive en A Coru�a, as� que hasta ahora toda nuestra relaci�n hab�a sido a trav�s de mensajes, llamadas, audios, v�deos y WhatsApp. Y, sin embargo, despu�s de tantas conversaciones, daba la sensaci�n de que nos conoci�ramos desde hac�a much�simo tiempo.Aprovechando el viaje vino a verme al peri�dico. Y tambi�n aprovechamos para hacer unas fotograf�as. Por cierto, quiero abrir aqu� un peque�o par�ntesis. Si alguien cree que entrenar es duro, es porque nunca ha tenido que hacerse una sesi�n de fotos cuando lleva toda la vida intentando pasar desapercibida dentro de su propio cuerpo. Eso s� que es una tortura. Lo de las sentadillas es ocio comparado con enfrentarte a una c�mara. Cierro par�ntesis.El caso es que en cuanto vi a Rub�n lo primero que me sali� decirle fue:-Me has cambiado la vida.Porque s�. Puede sonar exagerado, pero cuando llevas 20 a�os pele�ndote con tu diabetes, con el dolor, con el cansancio y con la sensaci�n constante de que tu cuerpo siempre juega en tu contra, descubrir que puedes volver a sentirte bien cambia muchas cosas. Y no hablo del peso, porque sigo sin haber perdido pr�cticamente nada. Lo repito por tercera semana consecutiva: no he perdido peso, pero los pantalones est�n m�s sueltos. Pero, sobre todo, mis niveles de glucosa siguen rozando la excelencia. No he vuelto a tener una hiperglucemia, tampoco una hipoglucemia; las unidades de insulina han bajado much�simo y cualquier diab�tico sabe perfectamente lo que significa eso. Para m� eso ya es una victoria gigantesca.Se lo cont� y su respuesta volvi� a ser exactamente la que necesitaba escuchar, porque me dijo algo que, sinceramente, me emocion�: "Ese era mi objetivo principal". Para �l, aquello ya era una victoria. Y entend� por qu� insist�a tanto en que la salud est� por encima de la b�scula. Porque, como me explic� desde el principio, muchas veces nos obsesionamos con resultados inmediatos y olvidamos que los verdaderos cambios ocurren mucho antes de que aparezcan reflejados en un n�mero. La paciencia es una de las partes m�s dif�ciles del proceso.As� que aprovech� para contarle todas mis dudas.Le habl� de las agujetas : "Es normal. Pasan". Le habl� del peso: "Lo perder�s. El cuerpo tambi�n necesita adaptarse". Le habl� de que por las tardes me cuesta much�simo m�s entrenar: "Entonces entrena por las ma�anas". Le habl� de que el d�a que descanso echo de menos el gimnasio. Y entonces sonri�: "Esa es la victoria".Y ah� comprend� otra cosa. Durante a�os pens� que hacer ejercicio consist�a en obligarte. En pelearte contigo misma. En sufrir. Ahora, empiezo a entender que el verdadero �xito consiste en llegar al punto en el que quieres volver, porque ya no es un castigo. Ya forma parte de ti.Tambi�n corrigi� todos los errores que estaba cometiendo, porque resulta que hacer un ejercicio mal no significa solo hacerlo peor; significa que puedes estar trabajando m�sculos equivocados. O incluso hacerte da�o. Y ah� entend� otra de las cosas que m�s repite: la t�cnica importa. Much�simo. Un movimiento mal ejecutado puede acabar provocando lesiones o haciendo que meses de esfuerzo no sirvan para aquello que realmente necesitas trabajar. Pero quiz� lo m�s importante de aquella conversaci�n lleg� cuando le dije algo que llevo pensando mucho tiempo. Que quiz� he empezado demasiado tarde. �l ni siquiera me dej� terminar la frase: "Nunca es tarde".Y no s� si dentro de un a�o habr� hecho el Camino de Santiago, no s� si volver� a Pobladura y subir� hasta aquel mirador sonriendo, no s� cu�ntos kilos perder�, no s� cu�nto tardar�. Lo �nico que s� es que hace apenas tres semanas pensaba que ninguna de esas cosas eran posibles. Ahora s�.Y eso tambi�n es una victoria. Aunque todav�a quede toda una guerra por ganar. Porque s�. Rub�n ten�a una �ltima sorpresa para m�: "Vamos a cambiar la tabla. Vamos a subir el nivel". Y, curiosamente, tres semanas antes esa frase me habr�a dado much�simo miedo. Ahora solo pienso una cosa: adelante.