La llegada al apartamento suele activar una rutina casi automática: dejar las maletas y acudir al supermercado para llenar la nevera. El problema no está necesariamente en el establecimiento elegido, sino en comprar antes de conocer la cocina, calcular mal las comidas que se harán en casa o confundir el envase más grande con la opción más económica.No existe una cifra universal sobre cuánto puede ahorrar una familia mediante una mejor primera compra. El resultado depende del número de personas, la duración de la estancia, los precios del destino, los alimentos transportados desde casa y los planes para comer fuera. Pero sí hay un margen claro para evitar gastos sin utilidad: productos duplicados, cantidades excesivas e ingredientes que requieren utensilios inexistentes.“La primera compra de las vacaciones tiene mucha más importancia de la que normalmente se le atribuye”, sostiene Gemma Reinón, de Català Reinón Abogados. Jordi Català, abogado especializado en derecho civil, consumo, vivienda y cuestiones económicas cotidianas, señala que esta compra “habitualmente se realiza después de un viaje, con cansancio, prisa y poca información sobre lo que ya existe en el alojamiento”. Esa combinación, advierte, favorece que se escojan productos por comodidad y se llene el carro sin haber decidido qué se cocinará.Antes de comprar, abrir armarios y revisar la cocinaLa primera decisión de ahorro se toma, por tanto, antes de pisar el supermercado. “El primer error es entrar directamente en el supermercado sin revisar el apartamento”, afirma Reinón. La comprobación debe incluir tanto los alimentos disponibles —aceite, sal, azúcar, café o infusiones— como consumibles domésticos que suelen encarecer la compra inicial, entre ellos el papel de cocina o los productos de limpieza.Revisar los armarios y el equipamiento de la cocina antes de ir al supermercado permite evitar compras duplicadas y productos que no podrán aprovecharse durante la estancia. CanvaNo todo lo que se encuentre en los armarios debe utilizarse automáticamente. Conviene comprobar que los envases estén cerrados o correctamente conservados, revisar las fechas indicadas en el etiquetado y desechar cualquier producto cuyo estado genere dudas. La existencia de alimentos en el apartamento no elimina la necesidad de aplicar criterios básicos de seguridad.La inspección debe extenderse a los electrodomésticos y utensilios. “No tiene sentido comprar alimentos que requieren horno, batidora o barbacoa si el alojamiento no dispone de esos elementos”, explica Català. Comprobar el tamaño de la nevera y del congelador también evita diseñar una compra que después no puede almacenarse adecuadamente.En verano, además, la logística importa. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda adquirir primero los productos que no necesitan frío, continuar con los refrigerados y dejar los congelados para el final. Los alimentos refrigerados que se transporten desde casa deben mantener la cadena de frío, preferentemente mediante una nevera portátil con acumuladores, y guardarse con rapidez al llegar.Un menú flexible, pero no improvisadoPlanificar no implica convertir las vacaciones en un calendario rígido. “No es necesario organizar todas las comidas con rigidez, pero sí pensar en cuatro o cinco platos que compartan ingredientes”, indica Reinón. La clave está en buscar productos que admitan más de un uso: unas verduras pueden aparecer en una ensalada, una tortilla o una guarnición; una pieza de pollo puede servir para una comida y, después, incorporarse a un bocadillo o a un plato frío.El objetivo no es comprar el mínimo posible, sino evitar que cada receta exija un conjunto distinto de ingredientes. Esa acumulación puede elevar el importe de la primera compra y dejar envases abiertos que difícilmente se terminarán antes del regreso.Una forma de ordenar el carro consiste en separar mentalmente tres bloques: los productos imprescindibles para desayunos y comidas básicas; los ingredientes correspondientes a los platos previstos; y los alimentos opcionales, como aperitivos, bebidas especiales o postres. “Esta clasificación ayuda a identificar qué parte del gasto responde a una necesidad real y qué parte se debe a una decisión impulsiva”, señala Reinón.El desperdicio doméstico permite dimensionar el problema, aunque los datos disponibles no miden específicamente los apartamentos vacacionales. El panel del Ministerio de Agricultura, basado en una muestra de 4.000 hogares de la España peninsular y Baleares, calculó que en 2024 se desecharon dentro de los hogares unos 1.097 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas. Cerca del 78% eran productos tirados sin utilizar, tal como se habían comprado. La estimación fue de 23,59 kilos o litros por persona durante el año.Estas cifras no permiten calcular cuánto desperdicia una familia durante una semana de vacaciones ni trasladar ese volumen directamente a euros. Sí respaldan una idea relevante para la compra inicial: el principal problema registrado en los hogares no son únicamente las sobras cocinadas, sino también los productos adquiridos que nunca llegan a utilizarse.El envase grande no siempre es el más baratoLa comparación del precio por kilo o por litro es útil para productos que se consumirán por completo. En una estancia corta, sin embargo, puede conducir a una decisión equivocada si el tamaño del envase supera las necesidades reales. “Ahorrar no significa pagar siempre el menor precio por kilo, sino evitar pagar por cantidades que no se van a utilizar”, resume Reinón.El formato más grande puede tener un precio menor por kilo, pero no resultar más económico si parte del producto queda sin consumir al final de la estancia. Mané Espinosa / PropiasEn unas vacaciones de cuatro o cinco días, un formato pequeño puede tener un precio unitario superior y, aun así, generar un gasto total menor. El cálculo debe incorporar la cantidad que previsiblemente se consumirá, la posibilidad de reutilizar el producto en distintas comidas y si puede transportarse de vuelta en condiciones adecuadas.Parte de los básicos puede llevarse desde la residencia habitual, sobre todo cuando se viaja en coche: pequeñas cantidades de aceite, café, sal, especias o infusiones. Pero tampoco se trata de convertir el equipaje en una mudanza. “No obstante, tampoco conviene trasladar media despensa para ahorrar una cantidad mínima”, matiza Reinón. El espacio disponible, el riesgo de derrames y las condiciones de conservación forman parte de la decisión económica.Contar también los días en que no se cocinaráOtro foco de gasto aparece cuando la compra se diseña como si todas las comidas fueran a realizarse en el apartamento. En la práctica, las excursiones, los cambios de planes y las salidas a restaurantes alteran esa previsión.“Es preferible decidir desde el principio qué días se comerá en el apartamento y qué días se irá a un restaurante”, plantea Català. No hace falta escoger con antelación cada establecimiento, pero sí reservar un número razonable de comidas fuera y descontarlas de la compra. Una previsión demasiado optimista puede dejar la nevera llena el último día.También conviene evitar que la falta de planificación derive en visitas constantes al supermercado. “En vacaciones se tiende a comprar pequeñas cantidades todos los días, y ese goteo puede ser más caro que la compra inicial”, advierte Català. Antes de volver a comprar, propone revisar qué queda en la nevera y reservar una comida de la estancia para combinar sobrantes que se hayan conservado correctamente.El informe del Ministerio de Agricultura recomienda precisamente planificar las compras, ajustar las raciones y conservar adecuadamente las sobras como medidas para reducir el desperdicio. En 2024, los productos hortofrutícolas representaron el 46,2% del volumen desperdiciado en los hogares analizados, un dato que aconseja especial prudencia al comprar frutas y verduras perecederas para estancias breves.“Una buena primera compra no es necesariamente una compra enorme”, concluye Català. Debe responder al número de viajeros, los días de estancia, el espacio de almacenamiento, el equipamiento y un menú que admita cambios. “La diferencia económica no depende únicamente del supermercado escogido; depende, sobre todo, de que los productos adquiridos tengan una utilidad concreta y terminen consumiéndose”.El margen de actuación real no consiste en prometer un ahorro idéntico para todos, sino en reducir compras duplicadas, ajustar las cantidades y reservar flexibilidad para los planes de vacaciones. El carro más barato no es siempre el que presenta el menor precio unitario: es el que llega al último día prácticamente consumido y sin haber comprometido la seguridad de los alimentos.