Esta es la 102.ª entrega de ‘Después de los 60’, la sección de testimonios sénior donde recogemos experiencias vitales en esta etapa de la vida. Nos puedes hacer llegar tu historia a seniors@lavanguardia.es.Mabel Roncoroni juega al bridge online, tiene un ejército de fabulosas plantas, hace gimnasia a diario, se pone guapa con ropa cosida por ella misma y sigue impartiendo clases de inglés a sus 94 años. Con su inseparable nieta Juanita forma un tándem perfecto en Instagram: en su cuenta suman 250.000 seguidores hambrientos de sus sabios consejos de vida, sus tips de moda y alimentación o sus pequeños descubrimientos. Porque Mabel no para de aprender cosas nuevas: desde cómo cargar un coche eléctrico a cómo usar la inteligencia artificial para diseñar invitaciones de cumpleaños. Dice que el secreto de su buena forma está en el kéfir, las frutas y las verduras y, por supuesto, también en la buena compañía.Su infancia estuvo marcada por la muerte de su padre. “Era el 11 de septiembre de 1943 y me llevó a un cumpleaños, y ya no fue a buscarme, cosa que a mí me extrañó mucho. Me fue a buscar una pareja con la muchacha que trabajaba en casa. Cuando llegué, todo estaba lleno de gente y de flores; fue muy triste. Tenía 11 años”, rememora. “Después, borré a mi padre para no sufrir”. Dado que su madre acababa de sufrir la pérdida de su abuela hace tan solo unos meses, Mabel sintió que tenía la responsabilidad de ocuparse de ella. “Tanto es así que pasé a dormir con ella desde entonces hasta que me casé”. Ni siquiera se fue nunca de excursión o de viaje en el instituto. “Creía que me tenía que quedar con ella y nadie me animó a hacerlo”.Lee tambiénConfiesa que su sueño siempre fue tener hijos. “Era bonita, tenía muchas amigas y me gustaba salir. Siempre tenía algún novio, alguno en verano y alguno en invierno. Yo quería tres hijos varones que reemplazaran la figura de mi hermano, que empezó a ser como mi padre porque me llevaba diez años. Pero nunca me sentó en sus rodillas ni fue cariñoso como él”, indica. Mabel acabó casándose con un hombre muy posesivo y neurótico. “Había muchas cosas que no podía hacer, y ni se me ocurría pedirlas. A los 38 años comencé un proceso de 17 años de terapia porque estaba muy angustiada y necesitaba seguir adelante”, relata.Recuerda con máxima felicidad el nacimiento de sus dos hijos. “Así como murió mi padre a los 55 años, también mi marido murió a esa edad. Es increíble lo de las pérdidas, pero al tener las herramientas de la terapia pude empezar a hacer un montón de cosas por mi cuenta”. Empezó a dar clases de inglés, y sigue teniendo alumnos. “Me sorprende que sigan conmigo a mis 94 años”, celebra.Mabel también se atrevió con el tenis durante varias décadas. “Empecé un día cuando estaba muy estresada por la muerte de mi marido. Estaba sola porque mi hijo mayor se había casado y mi hijo menor estaba en Estados Unidos haciendo un doctorado. Empecé a ir a un frontón a liberar tensión con la raqueta, me encontré a una amiga con su marido y luego me llevaron a su casa a tomar el té”. Jugó al tenis de forma regular hasta los 83 años. “Todos los martes y todos los viernes en el Cuba Club Universitario. Acabé saliendo en la tele porque una de mis nietas me grabó haciendo un peloteo de 3 minutos”.Además del tenis, dedicó mucho tiempo al bridge —participando en torneos y también online— y también a coro y a baile. “A los 52 empecé a ir al grupo de Susana Milderman porque me interesaba mucho todo lo relacionado con el cuerpo, cómo había que moverse y bailar. Pude desinhibirme totalmente en esa época de mi vida. Luego estuve en un par de coros, en los que conocí a Fernanda, una de mis grandes amigas. Tengo cuatro mejores amigas con las que comparto todo”.A los 38 comencé un proceso de 17 años de terapia porque estaba muy angustiada y necesitaba seguir adelanteMabel Roncoroni94 añosA los 87 años se convirtió en influencer. “¡Tengo 250.000 seguidores! Eso es un montón”, se ríe Mabel. “Me emociona hacerle bien a la gente. No tengo poderes mágicos pero doy buenos consejos. La verdad es que mi fama me parece inmerecida, no me la creo”, apunta. Su nieta le lleva la contraria. “La fama surge desde tu humildad”, asegura Juanita.La abuela y la nieta se prueban ropa —Mabel tiene un gran armario vistoso y elegante de prendas cosidas por ella misma—, salen a comer y hacen toda clase de actividades. “Mi sueño por cumplir es ver a mis cuatro nietos y a mis dos hijos realizados, que puedan hacer todo lo que quieran en la vida”. Uno de sus contenidos más exitosos son los consejos de horticultura. “Yo miro mucho en internet, aprendo y compruebo lo que es bueno para mis plantas. Uso, por ejemplo, té de banana o cáscara de huevo molida y aprovecho esos residuos para regar y alimentar la tierra”.Historias séniors‘Después de los 60’En La Vanguardia queremos recoger tu historia sénior. ¿Has cambiado de vida a los 60 y tantos? ¿Has llevado a cabo un hito personal que te ha sacudido? ¿Has cambiado de pareja, de ciudad, de profesión o de manera de vivir? ¿Has llevado a cabo un viaje transformador o un reto personal? Nos puedes hacer llegar tu experiencia a seniors@lavanguardia.es.Mabel cree que la amistad es un pilar en la tercera edad. “Tener vínculos sociales y buenos amigos es la clave”. Y echando la vista atrás, viviría con más plenitud. “A la Mabel de 20 años le diría que salga más, que no se quede en su casa acompañando a su mamá; su mamá ha tenido su vida, y que ella salga y haga la suya, que no se quede presa”. Hace poco tuvo que abandonar un libro de Anita Bruckner por la tristeza que le invadió cuando la protagonista se queda de cuidadora y rechaza casarse. “No todo el mundo tiene que casarse ni vivir en pareja”, puntualiza. “Lo que creo es que no debes quedarte solo: la soledad es mala compañera”.“Lo mejor de envejecer es tratar de conocerme a mí misma y a los demás, y también tratar de ayudarlos, que quizá antes no lo sabía hacer. Siento que soy una psicóloga frustrada; es la profesión que me hubiese gustado tener, entiendo bien a la gente”, afirma. Define esta etapa de su vida como de “maduración, tranquilidad y responsabilidad” y dice que no quiere depender de nadie ni comprometer la vida de sus hijos. “Me llaman todos los días y mis nietas son muy buenas conmigo”, asevera con gratitud. “Cuando me vaya, quiero que todos los que me conocieron se acuerden de mí, sobre todo de mi familia, a la que adoro. Espero estarles dejando ya un buen recuerdo”, finaliza.
Mabel Roncoroni corona las redes sociales a los 94 años: “No tengo poderes mágicos, pero doy buenos consejos; me gustaría haber sido psicóloga para ayudar a la gente”
Mabel Roncoroni cumplió 94 años en abril y se siente más activa que nunca; lleva 5 años triunfando en redes con su nieta y compartiendo consejos de belleza, salud, horticultura urbana y moda








