0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEstos días he estado debatiendo con mis hijas de veintipocos años acerca de la serpiente del verano. Entiéndase por tal, aquella información que, por la escasez de contenido en esta época del año, se acaba inflando hasta el paroxismo.Las jóvenes no hacen topless en las playas (mis retoñas, tampoco).Lo sorprendente –si es que a alguien le sorprende la noticia– es el motivo principal que se nos ofrece para explicarlo: el miedo a ser fotografiadas con los pechos al descubierto y que la imagen se publique en las redes sin su permiso, a saber con qué finalidad poco instructiva.Una mujer haciendo topless en la playa. Alex Bramwell / iStockLos reportajes están maravillosamente aliñados con opiniones de sociólogas, antropólogas y activistas feministas. A todas o casi se las convoca para confirmar “sensaciones” porque datos no hay ni uno.De la lectura de la noticia se deduce una conclusión discutible: que la playa se ha convertido en un lugar hostil para las mujeres. El supuesto problema se reserva solo a mujeres por debajo de los treinta años más o menos, y desconozco por qué: si porque sus madres han dejado de lado el topless (se lleva haciendo desde hace cincuenta años) o porque estas son muy añosas para según qué experimentos.Mi primera reacción pasa por matar a la serpiente. Otra vez la victimización. Ahora resulta que denunciamos que otros juzguen el cuerpo de las mujeres, pero nosotras vamos construyendo alrededor de él un nuevo sistema de aduanas.Vuelve la serpiente del verano: el debate de por qué muchas jóvenes se cubren los pechos en la playaPero hay más. Si existe algún lugar en la Tierra donde a nadie le importe un comino lo que hagan los congéneres a su alrededor, ese es la playa. Allí hemos firmado un pacto tácito para no preguntarnos qué demonios hace el prójimo con su cuerpo, su vida o su dignidad. ¿En qué otro espacio público pasa algo parecido?A ver, si una mujer se sacara una teta en mitad de un paseo marítimo puede que provocara cierto revuelo. En la playa, no se levanta acta. Por eso resulta extraño que, cada verano, reconstruyamos ese lugar como si fuera un territorio comanche lleno de mastuerzos a punto de cometer alguna maldad que, además, está considerada delito. Ah, el culpable de guardia siempre son los hombres y su mirada lasciva. Parece que hemos olvidado que circulan aplicaciones muy accesibles que desnudan a la gente cuando va vestida.Hay varias razones más para colocar en un segundo plano esa teoría del pánico. Una es la moda. Ahora se lleva el bikini de triángulo para la parte de arriba. Y para la parte inferior... el tanga y, cuanto más fina sea la tira, casi mejor. Será cierto que las chicas no practican topless. Se cubren los pechos pero se destapan los glúteos.Otra poderosa razón la despachan mis hijas en una frase: “No nos gusta el topless y punto”. Fin del debate.Así que como madre pagatangas concluyo que empieza a ser hora de defender que las jóvenes hagan lo que les plazca sin necesidad de convertir cada gesto o cada decisión en un manifiesto feminista.Lee tambiénPeriodista. Redactora jefa en Sociedad. Antes, en Política, Cultura y Vivir. Premio Comunicació i Benestar Social del Ayuntamiento de Barcelona (1998). Colaboradora en RAC1. Premio Pedro Vega de Periodismo (2025)
¿Qué pasa con el topless?, por Susana Quadrado
Estos días he estado debatiendo con mis hijas de veintipocos años acerca de la serpiente del verano. Entiéndase por tal, aquella información que, por la escasez de contenido en esta época del año, se acaba inflando hasta el paroxismo. Las jóvenes no hacen topless en las playas...








