15/08/2026 00:00 Actualizado 15/08/2026 00:11 Síguenos en Google0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialQuién ha viajado alguna vez para conocer los escenarios donde transcurre una determinada novela sabe de sobras que no hay turismo más gratificante que el literario. La sección de Cultura constata hoy el auge de este tipo de visitas inspiradas por la buena literatura. Planificar unas vacaciones en función de una lectura, o una lectura en función de unas vacaciones, genera una doble satisfacción, sobre todo cuando los destinos elegidos han resistido el paso de tiempo sin sufrir atentados urbanísticos mayores. La Venecia de Mann o Brodsky; la Génova de Byron o Mary Shelley; el Dublín de Joyce; el Edimburgo de Stevenson o la Normandía de Proust son ejemplos de lugares donde aún pueden evocarse las páginas que inspiraron sin tener que hacer un gran ejercicio de imaginación.Las ciudades con un rico patrimonio literario suelen sacar partido de esta circunstancia. Es decir, atraen a un tipo de turismo cultural que, por definición, es más respetuoso con el destino que visita que el que solo busca sol y bajos precios. Entre otras ventajas, el turismo literario descentraliza el flujo de visitantes mucho más que el monumental.Los barrios del Raval, el Carmel, el Guinardó, Gràcia o Sarrià, donde transcurren pasajes muy relevantes de la literatura, tienen mucho más interés para el turismo libresco que la misma Sagrada Família. Para alguien que haya disfrutado de La plaça del Diamant en alguna de las más de 40 lenguas a las que ha sido traducida, no puede haber mayor festín literario que releer un capítulo en la misma plaza que inspiró a Mercè Rodoreda.La casa donde vivió Mary Shelley en el barrio genovés de Albaro Miquel MolinaLástima que Barcelona carezca aún de un museo que exhiba el relato de esa prodigiosa literatura que han generado autores propios, asimilados y pasajeros. Esto es algo que podría –debería– resolverse cuando se construya la gran biblioteca pública junto a la Estació de França.Lee tambiénEl turismo literario no necesita además de infraestructuras. Como mucho, de alguna placa para orientar a los más despistados. Pero todo lo que sea dignificar el paisaje ayuda a mejorar la experiencia. Los lectores que siguen los pasos de Sagarra, Vázquez Montalbán o Ruiz Zafón por las calles de Ciutat Vella tienen que concentrarse mucho para no perder el hilo ante la sobredosis de antros de souvenirs o la plaga bíblica de caganers gigantes.Director adjunto de La Vanguardia. Escribe cada semana un artículo de opinión sobre cultura y ciudades. Novelista. Último libro: 'Siete días en la Riviera'
El turismo perfecto, por Miquel Molina
Quién ha viajado alguna vez para conocer los escenarios donde transcurre una determinada novela sabe de sobras que no hay turismo más gratificante que el literario. La sección de Cultura constata hoy el auge de este tipo de visitas inspiradas por la buena literatura. Planificar...








