En los tiempos que corren, es menos embarazoso reconocer que no sabes ni papa de ingl�s, que te pinchas Ozempic y hasta que eres ro�oso como el T�o Gilito, que admitir que no te gusta viajar. En el siglo XXI, este es el �ltimo armario del que nos queda por salir. Cada a�o, en el meollo del verano, desfilan por redes y medios de comunicaci�n las propuestas m�s ex�ticas, aderezadas por hordas salientes y hordas entrantes de turistas que colapsan carreteras, aves y aeropuertos. Desde la pandemia, sobre todo, a nadie se le cae la casa encima y el mundo, tan enorm�simo como es, se nos ha hecho peque�o. No sabemos bien de d�nde sale el cash para tanto dispendio, pero a no ser que las fotos que vemos en Instagram sean un croma o un p�ster de pacotilla, quien m�s y quien menos tiene su story con los pies al sol. O buceando en Maldivas. O en el metro de Tokio. O en Talavera de la Reina, comprando cer�mica. El caso es que en tierra no se queda ni perry, al menos por gusto, aunque tengamos que pasar el oto�o entero a macarrones con tomate. Viajar se ha romantizado (para alegr�a del business) y mucho m�s el discurso de que nos hace mejores. Si no te gusta, eres muy libre de reconocer semejante excentricidad, pero te acusar�n de no ser interesante, culto ni curioso. Quedar�s como un cateto, vaya.As� las cosas, en efecto se trata de un armario en el que a muchos conviene ocultarse para ahorrarse prejuicios y explicaciones. �Qui�nes son los atrevidos que han salido de su sombra? Hoy mostramos aqu� a unas cuantas valientes. No odian viajar ni saber qu� se cuece por el mundo, pero no quieren participar del turismo mainstream ni (algunas) de todos los muertos que deja por el camino, como la gentrificaci�n, el consumismo desatado y la contaminaci�n. Pero antes, una advertencia. De las muchas fobias que nos asolan a los seres humanos, viajar es el motor de una de ellas: la hodofobia. Puede estar motivada por el p�nico a volar o a conducir, pero tambi�n por el hecho de alejarse del entorno habitual y quedarse al albur de los riesgos y la incertidumbre. El mism�smo C�sar Augusto, primer emperador romano, evitaba los desplazamientos innecesarios y priorizaba los viajes terrestres sobre los mar�timos. Por si las moscas.