Hace justo un año, en Anchorage (Alaska), Donald Trump recibía con alfombra roja a Vladímir Putin en un intento de parar la guerra de Ucrania. Seis meses antes, el 28 de febrero del 2025, en una insólita reprimenda retransmitida en directo desde el despacho oval de la Casa Blanca, el presidente estadounidense había insistido ante Volodímir Zelenski en que tenía que aceptar un alto el fuego, bajo draconianas condiciones impuestas por Moscú. “No estás en buena posición, no tienes las cartas”, le repetía una y otra vez Trump. Una crispada escena que la historia recordará.La determinación de Kyiv y la inteligencia de sus generales e ingenieros han desmentido por ahora el derrotismo de Trump. El diálogo de paz abierto en Alaska demostró ser un espejismo. Está bloqueado. Ucrania no ha sido vencida sino al contrario. En la línea de contacto, sus pequeños drones contienen a los invasores, mientras otras aeronaves no tripuladas golpean casi a diario refinerías, centros logísticos de Wildberries -equivalente ruso a Amazon-, bases militares, petroleros de la flota furtiva e infraestructuras de todo tipo en la profundidad del territorio ruso, incluidas las regiones de Moscú y San Petersburgo.Trump le dijo a Zelenski que capitulara porque no tenía cartas que jugar; Ucrania ha mostrado lo contrarioDoce meses después de la cumbre de Alaska, la relación entre Trump y Zelenski está más normalizada. El líder norteamericano se ha dado cuenta de que Putin no era sincero en su búsqueda de la paz. La resiliencia de Kyiv le ha vuelto a sorprender.A pesar de los incesantes bombardeos rusos, de la dramática falta de sistemas antimisiles y de la inferioridad en efectivos humanos, Zelenski ha mostrado al reticente aliado transatlántico que sí tenía cartas que jugar. Fue crucial convencer primero a Elon Musk -lo hizo el exministro de Defensa Mijailo Fedorov, con quien el magnate mantenía una buena relación personal- para que fuera cortada a las tropas rusas la conexión clandestina que tenían a la red de satélites Starlink. Ello ralentizó sus operaciones asalto, al tiempo que abrió una ventana de oportunidad a los ucranianos para retomar la iniciativa en el frente.Ucrania ha aprovechado su experiencia industrial en la era soviética y ha creado armas innovadorasComo explica el excoronel francés Michel Goya, historiador militar y autor de Théorie du combattant, Ucrania ha rentabilizado el saber acumulado y las experiencias de la época en que era un centro vital de la industria militar soviética. Esa herencia se ha combinado con el dinamismo de su sociedad civil y una mentalidad innovadora, sin duda forzada por las circunstancias. El país es ahora una gigantesca start-up de las más modernas tecnologías militares y un laboratorio de ensayos en tiempo real.Goya pone énfasis en que la principal novedad de esta guerra ha sido la obsolescencia del material pesado clásico -blindados, tanques, incluso aviones de caza-, muy caro de desarrollar y vulnerable, y el auge del material ligero y barato, aunque técnicamente sofisticado, como los drones y los robots. Ucrania es una potencia en este ámbito y los produce en masa, con una estructura muy descentralizada para una mayor protección. Esta guerra ha hecho obsoleto el material pesado para privilegiar el ligero y de bajo coste, como los dronesAl inicio del conflicto, Ucrania dependía en un porcentaje muy elevado del material bélico fabricado en el exterior e importado. Ahí ha habido un cambio radical. Aunque aún precisa mucha ayuda, el país se abastece en gran medida de su propia producción. Ha desarrollado un cañón similar al Caesar francés y trabaja en un misil interceptor, el Freyla. Una evidencia del espectacular progreso es la ayuda urgente que solicitaron a Kyiv varios países del Golfo para hacer frente a los drones Shahed iraníes. La solución tecnológica ucraniana era mucho más barata y eficaz que los Patriot estadounidenses.En un reciente artículo, Pavel Baev, del Peace Research Institute Oslo (Prio), analizaba al detalle la evolución favorable a Ucrania, durante los últimos meses, en el teatro de operaciones del mar Negro. Según este experto en el ejército ruso, uno de los éxitos de Ucrania ha sido la campaña para cortar las líneas de comunicación entre la península de Crimea (ocupada por Rusia en el 2014 y anexionada) y el resto de la Federación Rusa. Estos avances son importantes desde el punto de vista tanto militar como psicológico y propagandístico, dada la relevancia que tiene este territorio en el imaginario nacionalista ruso. Como ya sucedió con la flota del mar Negro, también la aviación rusa ha tenido que alejarse de CrimeaBaev recuerda un hecho que pasa un poco desapercibido: los ataques ucranianos han obligado a Rusia a retirar muchos de sus aviones de las bases en Crimea, por seguridad, en un proceso semejante al del 2024, cuando la flota del mar Negro hubo de abandonar su base de Sebastopol y replegarse a Novorosiisk, mucho más al este, para ponerse a salvo de los drones navales ucranianos. “El diseño estratégico ruso de una 'fortaleza Crimea', dominando el sector central del teatro del mar Negro, ha sido de facto cancelado”, escribió Baev. La eficaz resistencia ucraniana, que se ha traducido también en algunas pequeñas ganancias territoriales en el frente del Donbass, sirve para convencer a los aliados, especialmente al Congreso en Washington, de que vale la pena seguir ayudando a Kyiv. Zelensky no perdió la oportunidad, por tanto, de asistir al reciente funeral del senador republicano Lindsay Graham, uno de sus grandes valedores en el Capitolio.El progreso ucraniano desde la humillante escena del despacho oval y la posterior cumbre de Alaska no significa que, a la larga, vaya a haber un desenlace positivo para Kyiv en esta guerra. La superioridad numérica y en material de Rusia es un factor clave y duradero, al igual que el aumento masivo de la producción bélica. Los constantes rumores sobre una inminente movilización general en Rusia para garantizar el flujo de hombres al frente causa mucha preocupación, lo mismo que la creciente implicación del aliado norcoreano, con miles de tropas y sistemas misiles balísticos.Kyiv no tiene otra alternativa que continuar debilitando al agresor, diezmando sus fuerzas de choque, usadas como carne de cañón, y aprovechando las vulnerabilidades de su inmenso territorio para castigar sus infraestructuras y convencer a la población rusa de la insensatez de esta guerra que está ya en su quinto año.Corresponsal de 'La Vanguardia' en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)
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