0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEntre los episodios de la historia que enlazan la tradición homérica (la argucia del caballo de Troya) con las guerras actuales, uno de los más brillantes fue la operación Mincemeat (carne picada, en el humor negro de los servicios británicos). Los aliados querían invadir Sicilia y necesitaban alejar a la Wehrmacht. Charles Cholmondeley y Ewen Montagu, oficiales de inteligencia, fueron los cerebros del plan, pero aprovecharon algunas ideas de Ian Fleming, futuro creador de James Bond.El símbolo nazi del águila imperial decora el metro de Nueva York en la campaña publicitaria de una serie de ficción Justin Lane/Efe/ArchivoEl engaño pivotaría en torno a un falso mayor de los Royal Marines, accidentado en el mar, con falsos documentos secretos sobre unos supuestos planes de invasión de los aliados en Grecia y Cerdeña. En enero de 1943, localizaron el cadáver ideal: Glyndwr Michael, un vagabundo de 34 años, que se había suicidado en Londres. Llenos de líquido, los pulmones del suicida eran ideales para simular que se había ahogado en el mar.La invasión aliada de Sicilia fue un éxito por la ingenua adulación de los servicios franquistasIdearon una identidad falsa, lo vistieron de uniforme y rellenaron sus bolsillos con detalles personales: una carta de su madre, un descubierto en el banco, la foto de su novia. El núcleo del engaño eran unos papeles militares, colocados en una maleta encadenada a la muñeca del cadáver, entre ellos, una carta del vicecomandante de Estado Mayor dirigida a un general británico en Túnez. En esa carta, la mentira clave: simularían la invasión de Sicilia, pero en realidad desembarcarían en Grecia y Cerdeña.Transportado el cadáver en congelador, lo arrojaron al mar de Huelva. España era oficialmente neutral, pero los servicios secretos de los nazis campaban alegremente. Un pescador encontró el cuerpo. La Marina española se hizo cargo de la maleta. Los británicos simularon gran preocupación en mensajes decodificados. Crédulos y deseosos de agradar, los españoles avisaron a los nazis. Así llegaron los documentos al despacho de Hitler.Cuando, el 10 de julio de 1943, los aliados iniciaron la invasión real de Sicilia, las defensas alemanas en la isla eran mínimas. La invasión aliada fue un éxito gracias a la ingenua adulación de los servicios franquistas. Cicerón: “La adulación duele a quien en ella se complace”. Tan dado era a este vicio el Führer, que de un bocado se tragó toda la carne picada.