Fue como ver a Lionel Messi incapaz de conducir un balón con el pie izquierdo en un campo de fútbol. Adam Ramsay-Peaty se arrojó a la piscina con la hidrodinámica de un saco de piedras, ayer en los Europeos de París. Emergió en última posición en su serie de 50 metros braza. Rezagado como iba desde la salida, no le dio tiempo a recuperar y tocó la pared en 27,34s. Dos segundos más lento que su récord mundial de 2017 (25,95s) todavía imbatido. Más lento incluso que las 166 marcas que ha registrado a lo largo de su carrera competitiva en el primer nivel, seis de las cuales siguen siendo los mejores tiempos de la historia del 50 braza.“Esto es tan malo que estoy confundido”, dijo al salir de la piscina, rubicundo por el esfuerzo, la mirada perdida tras comprobar que el 20º tiempo de las series no le serviría ni para meterse en las semifinales. “Realmente no sé por dónde empezar el análisis”.Nadie pudo aproximarse a Adam Peaty durante una década. El inglés, nacido en Uttoxeter en 1994, vigente récordman de 100 y 50 braza, triple campeón olímpico, se convirtió en el emblema del deportista invencible. Una marca en el Reino Unido con todo lo que eso supone de afluencia de ingresos y popularidad. Su curso intocable parecía garantizado cuando James Wilby le superó en los Juegos de la Commonwealth de Birmingham 2022. Lo que parecía un hecho exraordinario, se convirtió en una nube de tormenta de la que ya no logró salir. “Entré en una espiral autodestructiva”, contó posteriormente en The Guardian. Primero redobló la intensidad de sus entrenamientos. Se esforzó por volver a la rutina de máximo esfuerzo y dedicación absoluta que le llevó a bajar de 57 segundos en 100. Lo que él denominó “tierra quemada”. Se hundió. Ansiedad, agotamiento, consumo descontrolado de alcohol, depresión, fueron parte de la rueda de su nueva vida. Su colapso constiyuyó, como tantas veces sucede con las grandes figuras de la cultura popular inglesa, una narración en directo, una confesión ante la multitud, un show mediático de tono amarillo. El distanciamiento de sus padres culminó una historia de desencuentros que acabó con su regreso a la competición en 2023. Si objetivo fue ganar el tercer campeonato olímpico consecutivo en una especialidad individual, los 100 braza, que le equipararía a lo que hizo por primera vez en la historia Michael Phelps, triple oro olímpico en el 200 mariposa. Peaty se quedó con una plata —el oro fue para Nicolò Martinenghi— por dos centésimas en los Juegos de 2024. Se planteó la retirada. Se casó con Holly Ramsay, la hija del chef-celebridad Gordon Ramsay. Se cambió el apellido y cambió de entrenadora. Dijo que quería llevar una vida “más humana”. Pero cuando el Comité Olímpico Internacional decidió incluir el 50 braza en el programa de los Juegos de 2028 resolvió ponerse manos a la obra otra vez. Su aparición en el Europeo de París fue tan desastrosa como reveladora.“No sé qué me pasó en la salida”, confesó. “Sé que no fue mi tiempo de reacción. Probablemente todo se resuma en la forma en que entré en el agua. Comenzamos [con Lisa Bates, su nueva entrenadora] a deconstruir la entrada en el agua en junio. Y evidentemente muchas cosas fueron mal desde entonces. Estoy nadando peor desde entonces y seguramente tenga que cambiar muchas cosas que no han funcionado. La entrada en el agua y el empuje para emerger”.