Tras ocho días de competición, resulta difícil determinar qué resultados definen la relevancia de este campeonato. Lo más sencillo es comenzar por los récords mundiales logrados:

Conviene recordar el dominio de Léon Marchand en los subacuáticos (salidas y virajes) y su dosificación del esfuerzo en su récord de 200m estilos. Las diferencias redondeadas entre segmentos son: cuatro segundos entre mariposa (24,10s) y espalda (28,4s); cuatro segundos entre espalda (28,4s) y braza (32,1s); cuatro segundos entre braza (32,1s) y libre (28,06s); y aproximadamente dos segundos entre mariposa (24,10s) y libre (28,00s). Estos datos pueden servir de referencia para que otros nadadores dosifiquen su esfuerzo en esta prueba según el ejemplo de Marchand.

Es destacable que Kate Douglass participara en dos relevos distintos: en el relevo libre con 52,43 segundos y en el de estilos en la braza con 1m 4,27s, lo cual resulta especialmente notable dada la disparidad técnica entre ambos estilos. Torri Huske también formó parte de ambos relevos, con parciales de 52,44s y 52,52s, de modo que tanto ella como Douglass contribuyeron a que Estados Unidos estableciera dos récords mundiales en este campeonato.

Maxime Grousset, de Francia, ganó las pruebas de 50 y 100 mariposa con 22,48s y 49,62 segundos, respectivamente. Además de incorporarse al reducido grupo de nadadores capaces de bajar de los 50 segundos en el 100 metros mariposa, mostró un detalle técnico poco documentado hasta ahora. Tras la salida —y, en el caso del 100 metros, tras el viraje— y después del correspondiente subacuático, en las dos primeras brazadas, que coinciden con el momento en que el cuerpo emerge a la superficie, Grousset ejecutó esas brazadas con un solo batido de piernas cuando lo corriente es hacer dos batidos por brazada; a continuación retomó la frecuencia habitual de dos batidos por ciclo.