Pocas veces, antes de un Campeonato del Mundo o de unos Juegos Olímpicos, un nadador o nadadora precede su participación con tres récords del mundo y dos segundas mejores marcas mundiales en cinco pruebas, todo ello durante las competiciones de selección de su país. Ese es el caso de la canadiense Summer McIntosh.
Estos resultados son fruto de varios meses de trabajo con Fred Vergnoux, reconocido por haber dirigido a Mireia Belmonte hacia múltiples medallas olímpicas y mundiales.
McIntosh preparó su primera final del campeonato tras unas eliminatorias en las que dosificó la energía al nadar el 200m estilos y el 400 m libre en una misma jornada. Si se acercaba a su récord del mundo la victoria parecía asegurada. McIntosh se colgó el oro de 400m libre en una exhibición de control (3m 56,26s). No obstante, las nadadoras no son máquinas: lo que parece sencillo hace un mes, puede complicarse en una competición de este nivel.
Uno de los factores clave en su progresión ha sido la mejora en los virajes. Ha aumentado notablemente la distancia recorrida bajo el agua respecto a anteriores participaciones —como en los Juegos Olímpicos—, donde este aspecto le distanciaba de rivales como Katie Ledecky. En el 400, su velocidad en parte central de la piscina ronda entre 1,62 y 1,66 m/s, mientras que en el tramo de viraje alcanza los 1,76 m/s. Esta diferencia se percibe claramente en la final que acaba de nadar.










