Summer McIntosh clavó una placa imaginaria en la piscina del Centro Acuático de Singapur: hoy comienza una nueva era. La era McIntosh. El oro en 400 metros libres, una ejecución tan sublime que pareció fácil, inauguró el Mundial de natación en línea con estruendo. Obligó a Katie Ledecky a desfondarse, y a la australiana Lani Pallister, a gastar tanta energía en la persecución inicial que acabó cayéndose del podio. Como si se diera un baño en el pantano, McIntosh tocó la última pared en 3m 56,26s, dos segundos más lenta que en los trials de Canadá, una marca estratosférica, en cualquier caso, que le habría dado el oro en los Juegos de París y que condenó a la china Bingjie al segundo puesto con 3m 58,21s, y a Ledecky al bronce con 3m 58,49s. La reina del fondo en la última década captó el mensaje: el próximo sábado en la final del 800 libre le espera una tortura en una prueba que no pierde desde 2012, cuando tenía 14 años.
A sus 18 años, McIntosh confirmó todas las previsiones. Venía de batir los récords mundiales de 200m y 400m estilos, y 400m y 800m libres, en la pasada primavera. Desde que se instaló en el sur de Francia con el grupo del entrenador Fred Vergnoux, en enero pasado, sus prestaciones se habían revolucionado. La entrada en la piscina de Singapur no deja lugar a dudas. La canadiense reúne potencial para heredar el testigo abismal de Shane Gould, nadadora de Australia que entre 1971 y 1972 batió todos los récords de nado libre desde los 100 a los 800 metros y dominó las pruebas de estilos. Nadie en los últimos 60 años se aproximó a dominar un abanico más amplio de posibilidades.













