Actuaron coordinados. Casi como un equipo. Funcionarios encargados de control estatal, técnicos responsables de supervisar la calidad de los productos y directivos del laboratorio HLB Pharma integraron una trama mortal alrededor del fentanilo contaminado. El episodio delictivo de comercializar medicina mal elaborada -que terminó con al menos 90 muertos y 44 personas afectadas en hospitales y centros de salud de todo el país- intentó quedar oculto por incineración de pruebas, robos simulados y la eliminación de conversaciones entre los principales actores de esta serie de terror.

La “operación limpieza” para cubrir con una lona de oscuridad todos los procesos irregulares se extendió en los 10 días posteriores al estallido del escándalo: fue cuando los responsables se enteraron de que el Hospital Italiano de La Plata había constatado que las ampollas del anestésico elaborado por HLB era el causante de las muertes en la terapia intensiva de ese instituto médico.

La Fiscalía de La Plata y la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA) concluyeron que en esa etapa -y puntualmente en una “semana crítica” posterior a esa denuncia, se activaron todos los protocolos de ocultamiento. Con la anuencia o la desidia de funcionarias claves en el control del Estado: Nélida Agustina Bisio (ex administradora de ANMAT) y Gabriela Mantecón Fumadó (ex directora de INAME, Instituto Nacional de Medicamentos), quienes la semana pasada fueron detenidas en la causa federal que investiga la tragedia sanitaria.