Nicole Kidman (Hawái, 59 años) está aprovechando el verano para viajar por Europa. Ha recorrido ciudades de Francia, Italia, España y del Reino Unido, donde aprovechó para conceder una entrevista para el número de septiembre de la edición británica de Vogue, en la que habla de lo que ha estado haciendo tras su divorcio de Keith Urban, firmado el pasado enero. Lo llama su “Euro summer” [un verano en Europa] en referencia a la canción del último álbum de Zara Larsson, una de las cantantes que disfruta escuchar junto con Charlie XCX. La música es una de las cosas que más disfruta y, por eso, sus noches por Ibiza se dividían entre cenas íntimas o ir a un rave. “O juego al Scrabble o salgo. Así de simple”, cuenta a la revista. Pero para poder ir a estas populares fiestas de música electrónica en la isla española, la oscarizada actriz tiene que pasar desapercibida, así que su rutina consistía en: “Cena a las 22.30, discoteca a la 1. Me pongo gafas. A veces me pongo una peluca para disimular, una peluca oscura, y entonces puedo bailar. Mientras esté rodeada de gente, o sea, voy con mi gente, estoy bien. Lo necesito”, relata.En su paso por Londres acudió a la final masculina del torneo de Wimbledon. “Es casi como si escuchar la pelota de tenis me pusiera en un estado de relajación”, dice a Vogue del evento deportivo que vio desde el palco real junto a personalidades como Anna Wintour, Rami Malek, Ben Stiller, Sienna Miller o Raye. Ha sido un verano en el que lo ha vivido todo, hasta las olas de calor de las que se tuvo que proteger. “La gente me decía: ‘¿Por qué no te pusiste un vestidito de verano?’. Y yo les decía: ‘Porque mi piel se quemará por mucho protector solar que me ponga’. Así que [para la final de Wimbledon] me puse un traje completo con corbata. Y un sombrero. Y gafas de sol y un abanico”, recuerda. “Estaba empapada. Pero me aseguraba de oler bien todo el tiempo”, añade.La actriz también ha estado por Portofino, donde disfrutó de la música, solo que esta vez arriba del escenario con la banda que tocaba en el hotel Splendido. Ahí se la vio acompañada de Michael Reinstein, un inversor de capital privado, protagonizando titulares sobre un posible romance casi un año después de que el pasado septiembre solicitara el divorcio del cantante Keith Urban tras 19 años de matrimonio. Para enero, el proceso se había completado sin necesidad de ir a un juicio y con el acuerdo de que ninguna de las partes debía pagar pensión alimenticia y que compartirían la custodia de sus dos hijas, Sunday Rose, quien cumplió 18 años el pasado 7 de julio, y Faith Margaret, de 15 años.Después de su divorcio, la intérprete, que está empezando la promoción de Prácticamente magia 2 ―la segunda parte de la película que coprotagonizó con Sandra Bullock hace 28 años―, está enfocada en “priorizar los sentimientos”. “Así soy yo. No le doy muchas vueltas a las cosas y probablemente no soy muy analítica. Me guío mucho más por mis sentimientos y me dejo llevar por el corazón. Simplemente pienso: ‘¿Qué siento ahora? Voy a probar’. Eso desconcierta a la gente, me da la sensación de que esperan que sea mucho más mesurada, pero no lo soy”, dice a Vogue.Pese a que ha tenido un gran verano, esta temporada está por terminar y la intérprete no está segura de lo que le espera. Al final, no ha sido el año más fácil para ella y sigue asimilando su separación. “No me esperaba esto. Tenía una visión diferente de cómo iba a ser mi vida, pero así es ahora”, afirma a la revista. “Haces todos estos planes y tienes todas estas ideas de cómo va a ser todo y luego… no lo es. Tienes que adaptarte. El futuro, ahora mismo, es completamente desconocido para mí”. “Hubo un momento en que sentí mucho miedo y una profunda vulnerabilidad. Y, al mismo tiempo, pensaba: ‘Bueno, puedo ignorarlo por completo y quedarme en la cama, o puedo seguir adelante con una enorme esperanza”, cuenta.Ahora está en un lugar mejor, pero le ha tomado tiempo llegar ahí. “He tenido muchas mujeres mayores en mi vida que han sido mentoras increíbles. Tuve a mi madre y luego a otra mujer que me ayudó a criarme desde los 16 años”, dice sobre las mujeres que le han ayudado en este proceso. Pese a que no es su primer divorcio ―estuvo casada con Tom Cruise de 1990 a 2001―, “cada caso es totalmente diferente”, asegura. Lo que le queda de ese primer matrimonio es su presencia ante las cámaras y las pasarelas. “Curiosamente, me siento cómoda. ¿Es raro? Es muy raro. Pero tienes que recordar que, literalmente, debido a con quién me casé tan joven, me vi inmersa en esto desde los 22 años”, le dice al entrevistador. “[Mi vida ha sido] más tiempo así que no. Mi recuerdo de cuando no era así es bastante borroso, porque era muy joven”, añade.“Sí, me casé muy joven”, recuerda sobre su década con Cruise, con quien adoptó dos hijos, Isabella Jane y Anthony Connor, quienes después del divorcio se fueron a vivir con el actor. “De repente tenía 22 o 23 años y tenía a esta enorme estrella de cine de marido. Pero todo parecía completamente natural. Nos enamoramos perdidamente y fue así de sencillo. Recuerdo que la gente me decía: ‘Vale, esto va a afectar mucho a tu carrera’. Y yo pensaba: ‘Me da igual. Estoy enamorada. Quiero casarme’. Y entonces me convertí en ‘la esposa de Tom Cruise’ y me decían: ‘Lo ves, te lo dijimos’. Y yo pensaba: ‘¿Y qué? ¿Acaso no estaba destinada a casarme con el hombre que amo? Claro que voy a tirar mi carrera por la borda. Me da igual”, ha recordado la actriz sobre unos presagios que claramente nunca ocurrieron.