14 de agosto, 2026 - 07h00Hace algunos años, encontrar información era parte importante del problema. Había que buscar libros, consultar especialistas o dedicar horas a investigar. Hoy podemos hacer una pregunta desde un teléfono y obtener, en segundos, una explicación, una traducción, un programa informático o el resumen de un documento. Nunca habíamos tenido tanto conocimiento aparentemente disponible. Precisamente por eso, nunca había sido tan importante saber qué hacer con él. La inteligencia artificial (IA) está modificando nuestra relación con el conocimiento. Un estudiante puede utilizarla para comprender una ecuación, un médico para organizar información, un ingeniero para analizar datos y una empresa para automatizar procesos. Las posibilidades son extraordinarias. Pero existe una diferencia fundamental entre utilizar una herramienta para pensar mejor y utilizarla para evitar pensar.Una IA puede producir una respuesta convincente y estar equivocada. Puede resumir perfectamente una premisa incorrecta o construir un argumento aparentemente sólido sobre información incompleta. Quien posee conocimientos puede detectar esas inconsistencias, contrastarlas y corregirlas. Quien no los tiene corre el riesgo de confundir una respuesta bien escrita con una respuesta verdadera. Por eso resulta paradójico pensar que la aparición de estas tecnologías hará innecesario aprender. Probablemente suceda lo contrario. Cuando las calculadoras se popularizaron no desaparecieron las matemáticas. Cambió el tipo de problemas que podíamos resolver. Las computadoras tampoco eliminaron la necesidad de ingenieros, científicos o economistas; ampliaron enormemente sus capacidades. La inteligencia artificial representa otro salto de esa naturaleza, aunque posiblemente de una magnitud mucho mayor. El desafío está en desarrollar las capacidades humanas que permiten utilizarla correctamente, como el pensamiento crítico, el criterio, la creatividad y el conocimiento especializado. También será necesario aprender algo aparentemente sencillo como formular buenas preguntas. Una pregunta superficial suele producir una respuesta superficial, incluso cuando detrás existe una enorme capacidad computacional. Esto tendrá consecuencias para la educación. Tal vez debamos preocuparnos menos por cuánto puede memorizar un estudiante y mucho más por si comprende lo que estudia, sabe relacionar conceptos, identificar errores y defender sus conclusiones. Prohibir estas herramientas difícilmente será una solución permanente. Enseñar a utilizarlas con responsabilidad parece un camino bastante más útil. Estamos entrando en una época en la que producir información será cada vez más barato. El criterio para interpretarla, en cambio, puede convertirse en uno de nuestros recursos más valiosos. La IA seguramente hará muchas cosas mejor que nosotros. Eso no debería preocuparnos tanto como la posibilidad de renunciar voluntariamente a pensar porque una máquina puede hacerlo por nosotros. El verdadero desafío no será competir con máquinas cada vez más inteligentes, sino asegurarnos de que, mientras ellas avanzan, nosotros también lo hagamos. (O)
José Luis Sampietro Saquicela: IA vs. humanos inteligentes | Columnistas | Opinión
El desafío no será competir con máquinas (...), sino asegurarnos de que, mientras ellas avanzan, nosotros también lo hagamos.







