En el corazón de la región de Emilia-Romaña, en el norte de Italia, existe un epicentro financiero que no se parece a ningún otro en el mundo. Sus bóvedas no custodian lingotes de oro ni fajos de billetes, sino más de medio millón de enormes ruedas de Parmigiano Reggiano valoradas en bastante más de 300 millones de euros. Este particular modelo, impulsado desde 1953 por la entidad Credito Emiliano (Credem), ha permitido a los ganaderos locales obtener créditos líquidos utilizando su producción gastronómica como colateral. Sin embargo, el sofocante verano de 2026 ha introducido un desafío inédito para la banca transalpina: el calor extremo está poniendo al límite las cámaras climatizadas donde madura este cotizado tesoro lácteo.La mecánica de estas operaciones, que acumula más de siete décadas de trayectoria, destaca por su solvencia y sencillez financiera. Según detalla la versión italiana de Fortune, las queserías entregan sus piezas jóvenes a Magazzini Generali delle Tagliate, la filial especializada de Credem situada entre Módena y Reggio Emilia. A cambio, la entidad bancaria adelanta entre el 60% y el 80% del valor de mercado del queso, ofreciendo oxígeno financiero a las pequeñas explotaciones mientras se completa el largo proceso de curación, que puede prolongarse entre 12 y 36 meses, detalla el medio económico. Con piezas de 40 kilos que ganan valor a medida que envejecen, el banco cuenta con un seguro garantizado; si el productor no paga, las ruedas se venden en el mercado para liquidar la deuda.