ReseñaEl restaurante acaba de abrir una nueva sede en la calle 81, en el barrio El Nogal, en Bogotá.El sabor francés de Cosette, con una carta marcada por el eclecticismo. Foto: Cortesía Cosette14.08.2026 06:20 Actualizado: 14.08.2026 06:20
Hay restaurantes que giran en torno a un chef que se ha formado en escuelas exigentes, ha hecho prácticas en restaurantes de renombre en diversas latitudes y, al regresar a su tierra, ha querido reinterpretar las recetas tradicionales, tomar los ingredientes de siempre y los sabores ancestrales para darles nueva vida a la luz de técnicas modernas.Otros lugares, que suelen agrupar los platos de su carta bajo el amplio y a veces confuso concepto de “cocina de autor”, confían en la creatividad, los caprichos y los atrevimientos de un cocinero que casi siempre es artista también; cocineros que necesitan crear para sentirse vivos y que, por lo tanto, renuevan la carta con cierta frecuencia, según las ideas con las que llegan de los viajes o las locuras que se les ocurren a partir de una lectura o de una visión. Y, entre las muchas clasificaciones posibles, otros restaurantes reúnen recetas célebres de diversas cocinas del mundo —recetas que los comensales guardan en su memoria— y se dedican a prepararlas con excelencia: con ingredientes de primera calidad, siguiendo una suerte de partitura precisa y confiable, y con una consistencia admirable.¡Consistencia, sí, esa cualidad que permite que un determinado plato llegue a la mesa siempre con las mismas características, sin sorpresas, tal y como lo espera el visitante, porque estaba antojado precisamente de un sabor particular que ha disfrutado muchas veces! Son restaurantes en los que uno siempre va a la fija. Lugares que siempre están en el radar y a los que uno suele regresar con frecuencia. Para mí, a esta noble categoría pertenece Cosette, y, por eso, celebro que haya acabado de abrir una nueva sede en la calle 81, en el barrio El Nogal, en Bogotá (cra. 11 n.º 82-71).Una terraza inspiradora, en el tercer piso de Cosette. Foto:Cortesía CosetteSu nombre alude a Francia, es cierto. Cosette es el nombre de uno de los personajes ilustres de Víctor Hugo, protagonista de aquella novela que aún se lee en los colegios: 'Los miserables'. Y tengo la idea de que en sus inicios la carta de este restaurante tenía un claro énfasis francés, patria en donde tuvo su origen la alta cocina y en donde se dictaron buena parte de los mandamientos que se siguen, se exigen y se respetan en cocinas de todo el mundo. Y aún están allí, en esa carta amplia de Cosette, platos tan franceses como la sopa de cebolla gratinada, el lomo de res con salsa de queso azul o el pescado a la meunière, entre otros. Pero en un menú que claramente pretende rendir culto al eclecticismo y convertirse en puerto seguro para los gustos más diversos, desfilan también aromas con acento oriental, como la salsa de curri que baña por igual un pollo en su punto que unos langostinos de buen tamaño; platos populares de la tradición argentina, como las empanadas de carne cortada a cuchillo o los chorizos artesanales con chimichurri; sabores mediterráneos, como el hummus de garbanzo con remolacha encurtida o la ensalada de queso feta y falafel... Y está presente Colombia, por supuesto, con el atún fresco del Pacífico como protagonista de un tartare muy bien logrado, con cremoso de aguacate y crumble de tempura, o con unos chicharrones crujientes que llegan a la mesa con guacamole, ají casero y ese incomparable limón mandarino que le sienta tan bien.El capítulo de carnes merece mención especial. Los huevos benedictinos son uno de los platos preferidos del lugar. Foto:Cortesía CosetteDe esa mezcla de horno y parrilla llamada Josper, uno de los juguetes más apreciados por los cocineros de los tiempos modernos, salen cortes muy bien logrados, como la picaña, el ojo de bife y una serie de lomos que van bañados en salsas de inspiración francesa.En un local amplio y luminoso de tres pisos, la nueva sede de Cosette tiene espacios tan variados como su propia carta, incluida una agradable terraza que mira a los cerros orientales y que, de cara a un bar del que salen algunos de los cocteles de moda, propone un ambiente más relajado y una visita sin prisa.Cosette de la calle 81 abre todos los días a las 8 de la mañana, y en la carta de desayunos hay joyas como el calentado con costra de queso, los waffles de pandeyuca o la arepa ropa vieja, además de una selección de huevos entre los cuales, más allá de los benedictinos y del clásico omelette, encontré unos de mis favoritos: los shakshuka, con esa potente salsa de tomate y pimentón, y un toque de za’atar y yogur griego. Un placer digno de repetición.POR SANCHO- PARA EL TIEMPOIG: @sancho_es_sancho LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







