En el corazón de la Sierra Morena cordobesa, a tan solo 17 kilómetros de la capital y a unos 2 kilómetros de la tranquila pedanía de Santa María de Trassierra, se oculta el paraje natural de los Baños de Popea y el Arroyo Bejarano. Este rincón destaca por ser un ecosistema fluvial singular donde el agua queda envuelta entre montañas de densa vegetación, creando un microclima de sombra, cascadas y pozas cristalinas que contrasta con el ambiente del valle del Guadalquivir. Además de su evidente atractivo paisajístico, la zona atesora una gran riqueza arqueológica e industrial que atestigua siglos de convivencia entre el ser humano y el agua.
El origen de este enclave combina la riqueza de su biodiversidad con una curiosa anécdota cultural. Por un lado, su masa forestal aúna el bosque de ribera (compuesto por álamos, sauces, helechos y musgos) con la vegetación mediterránea típica de alcornoques, encinas, pinos, madroños y lentiscos, sirviendo de refugio a fauna autóctona como ciervos, jabalíes y diversas especies de anfibios y aves. Por otro lado, su nombre se debe a los poetas y artistas cordobeses del Grupo Cántico, quienes frecuentaban el lugar a mediados del siglo XX. Según la tradición, al observar a unas jóvenes bañándose en el arroyo, el poeta Ricardo Molina evocó a la emperatriz romana Popea Sabina, célebre por la leyenda de sus baños de leche, bautizando así a este icónico rincón.






