En verano cada día hay una fiesta o un plan irrenunciable y en los hogares con adolescentes el debate está servido: ¿a qué hora se vuelve a casa? Ni hay una hora mágica que sirva para todos los casos, ni a media noche se convertirán en calabaza. La respuesta suele ser algo más compleja y está ligada a la confianza y a si realmente están preparados para el grado de autonomía que reclaman.
“La decisión debería depender de varios factores: la edad, el grado de madurez, el historial de responsabilidad que haya demostrado, el tipo de plan, con quién va a estar y cómo va a volver a casa”, defiende Diana Al Azem, docente, divulgadora y CEO de Adolescencia Positiva, que asegura que no existe una hora universal.
En lugar de centrarse únicamente en el horario, Al Azem propone analizar el contexto y cambiar el foco: “Los padres no deberían preguntarse únicamente a qué hora debe volver, sino también si está preparado para gestionar lo que puede encontrarse esa noche, porque la libertad tiene mucho más sentido cuando va acompañada de preparación y de responsabilidad”. “No es lo mismo un adolescente de 13 años que uno de 17; ni una cena con amigos que una verbena donde habrá miles de personas y consumo de alcohol”, precisa.






