El crecimiento demográfico de España en los últimos años ha sido relativamente intenso gracias a la inmigración. El país ya roza los 50 millones de habitantes, lo que está ayudando a impulsar la economía en agregado del país. Dentro de este dato global hay matices. La economía crece de forma bruta, pero el PIB per cápita, los salarios, el poder adquisitivo y las condiciones económicas de los hogares están estancadas en el mejor de los casos. Esta situación está provocando que parte de los inmigrantes que ya estaban en España hayan comenzado a marcharse. El ejemplo más llamativo es el de los rumanos (ya se han marchado más de 200.000), pero hay otros movimientos menos llamativos y más pequeños que también podrían estar revelando que algo está pasando en la economía de España. Otro trimestre más se han marchado de España varios miles de ciudadanos chinos. Esta afirmación cuantitativa carece de una explicación única y absoluta, pero se pueden intentar buscar algunos razonamientos o argumentos que justifiquen este movimiento. Todo hace indicar que el deterioro de las condiciones económicas para los hogares, el cambio acelerado que está sufriendo la economía y el comercio, junto al crecimiento económico de china, podrían esta detrás de esta marcha de ciudadanos chinos que ya no tienen sitio en un modelo productivo y económico que no les compensa.Los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística hacen tan solo unos días revelan que entre abril y junio (ambos inclusive) se marcharon de España 2.700 chinos de España. De este modo, los chinos vuelven a situarse una vez más entre las 10 nacionalidades que lideran las salidas del país. La nota de prensa del INE no ofrece explicaciones cualitativas a este fenómeno, se limita simplemente a exponer los fríos datos en los que también se destaca que la población en España alcanzó los 49,8 millones de habitantes. La población de España crece aunque una parte de los extranjeros que llevan años en España hayan comenzado a marcharse.