La última fase eruptiva del Etna ha sumido a Sicilia en un auténtico colapso logístico. Desde el pasado 6 de agosto, el avance incesante de la ceniza volcánica impulsada por los vientos del norte ha asestado un durísimo golpe a la conectividad aérea de la isla, dejando tras de sí un balance de más de 1.000 cancelaciones y cerca de 350 desvíos de operaciones.

El epicentro del problema se sitúa en el aeropuerto de Catania-Fontanarossa, que, tras arrastrar ocho días de bloqueo, ha tenido que ampliar sus restricciones, manteniendo suspendidas las llegadas al menos hasta las 08:00 horas de este viernes, según ha confirmado la entidad gestora Società Aeroporto Catania.

Aunque en un primer momento la terminal catanesa había fijado la interrupción total de despegues y aterrizajes hasta las 02:00 horas de la madrugada de hoy, la persistencia de las condiciones adversas obligó a prolongar las limitaciones sobre los aterrizajes. Esta extensión del cierre ha desbaratado de lleno la programación comercial y ha forzado la redistribución del tráfico aéreo hacia las pistas de otros aeródromos sicilianos como Palermo, Trapani y Comiso.

La saturación de las alternativas ha dejado a miles de viajeros buscando opciones de emergencia para completar sus rutas, con escenas de pasajeros obligados a pernoctar en las propias instalaciones aeroportuarias mientras intentaban reubicar sus trayectos por carretera o ferrocarril.