“Los peinados, la ropa, el calzado que usa la gente y el aspecto exterior” constituyen las leyes no escritas sobre las que se funda un Estado, escribió Platón en su República, demostrando así que ya entonces el físico de los políticos desempeñaba un papel fundamental en su poder e influencia. En el ensayo Lincoln’s Body, Richard Fox indagaba en la manera en que el físico de Abraham Lincoln -a quien, según comenta el autor, la prensa tachaba habitualmente de feo- marcó su carrera y su legado político. “Ya casi no hay gente fea presentándose a las elecciones”, apostilló.A favor de Lincoln jugó que no hubiera televisión, algo que, por el contrario, no benefició más tarde a Richard Nixon cuando se enfrentó a Kennedy en un debate televisado. Tan solo quienes lo escucharon por la radio pensaron que el republicano había estado más acertado.Cuando varios expertos y estilistas recomendaron a Mariano Rajoy una serie de cambios en su aspecto, el político hizo alusión a tales recomendaciones en Telecinco. “Cada uno tiene la cara que tiene y la mía tiene difícil arreglo”. Porque en cuestiones políticas, el físico siempre tiene un papel destacado.Como señalaba Pilar Portero en El País, una extendida leyenda cuenta que a Adolfo Suarez y a Felipe González las mujeres les votaban por su sex appeal. Una habladuría que además de reforzar la idea de que el físico es realmente importante en la política, es profundamente machista, pues implica que las mujeres no profundizan más allá del aspecto y carecen de criterio.El atractivo físico y su papel en la políticaEn la actualidad, el imponente físico de Abdul El-Sayed, aspirante a senador en Estados Unidos, no ha pasado inadvertido a nadie. “Lo que pasa con Abdul El-Sayed es que está buenísimo. Mirad sus brazos. Mirad el desarrollo de sus hombros. Si se enfrenta a JD Vance en 2028, lo va a dejar en ridículo por completo”, dice un usuario en X. Otro se pregunta si el hecho de que “vaya al gimnasio y sea guapo” es motivo suficiente para votar a su favor. “El atractivo físico está muy bien, pero este hombre es médico, un hombre comprometido con su comunidad y profundamente compasivo. No creo que merezca ser menospreciado por ser atractivo”, dice entonces una usuaria. Otro que no ha escapado de la radiografía física ha sido Zohran Mamdani, cuyo atractivo ha sido comentado en numerosas ocasiones por Donald Trump. Cuando el alcalde de Nueva York habló con Rolling Stone, ante la pregunta de qué opinaba de que el presidente hablara constantemente lo guapo que es, tras unos segundos de risas incómodas, dijo: “¿Gracias?”.Miguel Ángel Martín Blanco, docente de la USAL e investigador de Diacronía, asegura que es evidente que en cualquier tipo de proceso de comunicación política, especialmente en sociedades donde la dimensión audiovisual es omnipresente, la imagen es un factor que influye y determina sobre el votante. “Lo que sí puede ser discutible es qué se considera ‘bello’, ‘atractivo’ o ‘seductor’ por parte de la sociedad o, al menos, por parte de aquel sector al que se pretende persuadir en unas determinadas circunstancias políticas”, explica a ICON. “Lo que está claro, tal y como argumentaron semiólogos como Umberto Eco o Yuri Lotman, es que la fealdad siempre se asocia con aquel que se identifica por parte de una colectividad con el ‘enemigo’, porque los seres humanos, siguiendo planteamientos platónicos, tendemos a vincular lo bello con lo virtuoso y bueno. A este respecto, al construir la figura del adversario, solemos demonizarlo dotándolo de atributos físicos repulsivos que contribuyen a justificar nuestro rechazo moral. Muestra de ello es la propaganda política en tiempos de conflictos y guerras: el oponente siempre es representado de una manera monstruosa, abyecta o demoníaca. O, en el mejor de los casos, con un falso rostro de cordialidad y amabilidad que enmascara y oculta el mal”, dice.El periodista Joan Callarissa equipara lo que ocurre con los políticos con lo que pasa con los influencers. “Al final, el candidato con la cara que más te hipnotiza y magnetiza será el que llame tu atención. Con el nivel de desafección actual a la democracia y ante el abstencionismo cuando llegan elecciones, el hecho de ser guapo hace que un político, al menos, exista. Después quizá le escuchen y finalmente, quizá le voten más que a quienes tienen otros rostros más comunes de los que posiblemente, se hayan olvidado después”, dice antes de señalar que considera que lo correcto es hablar de ‘atractivo’. “Hay gente que es bella pero no es atractiva. Pedro Sánchez es actualmente el mejor embajador de esto: hay otros políticos guapos, pero les falta ese punto de encanto que tiene y que genera mucho más magnetismo”, dice.Lo que subyace es un fenómeno muy conocido: el al efecto halo. Lo explica Ignacio Martín Granados, Politólogo, Consultor político y actual director de comunicación del Gabinete de Presidencia del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). “La psicología política demuestra que tendemos a atribuir cualidades como inteligencia, liderazgo o competencia a las personas físicamente atractivas”, asegura. En todo caso, matiza que, pese a que en campañas muy igualadas, esa primera impresión puede inclinar la balanza -especialmente entre votantes poco informados-, el liderazgo y la credibilidad son los que mantienen el apoyo.Un nuevo canonUn aspecto a tener en cuenta a la hora de hablar de Mamdani y de Abdul El-Sayed es que ambos responden al nuevo tipo de belleza del mundo globalizado. Martín Granados señala que la política refleja los cambios sociales y que el canon de estética política se ha ampliado. “Durante décadas predominó un ideal muy concreto de líder: hombre, blanco, occidental y con una estética muy determinada, como la asociada a los Kennedy. Hoy las sociedades son mucho más diversas y es lógico que también lo sean quienes aspiran a representarlas. Que un ciudadano pueda verse reflejado en un candidato puede reforzar el sentimiento de representación democrática. Al mismo tiempo, las redes sociales han ampliado el abanico de referentes y han hecho que el carisma ya no dependa tanto de ajustarse a un único canon de belleza”, dice. Para Miguel Ángel Martín lo llamativo es que en circunstancias en las que existe una nueva oleada global contra la inmigración, teorías conspirativas como la del Gran Reemplazo están en auge y el Islam es identificado por amplios sectores de la sociedad occidental como una amenaza, figuras como Mamdani o Sadiq Khan hayan alcanzado una gran popularidad llegando a gobernar ciudades tan importantes a nivel internacional como Nueva York o Londres. “Creo que demuestren que el dinamismo cultural de nuestras sociedades es irrefrenable y que hemos de esforzarnos por hacer entender que nuestra identidad como sociedad es algo plural que bebe de distintos afluentes y que no puede permanecer inmutable y monolítica a lo largo del tiempo”, explica.Teniendo todo esto en cuenta, ¿es habitual que los políticos y su equipo de imagen se esfuercen por potenciar sus virtudes físicas? Responde Marta Pontnou, asesora de imagen y conferenciante contra la presión estética. “Los equipos de comunicación siempre buscan lo positivo en un político y evalúan su manera de comunicar, su manera de gestionar, su manera de gesticular, su manera de hacer vídeos… Con el cambio de armario y de vestimenta también se potencia cambiar el físico o adaptarlo a las circunstancias o al tipo de votante que se quiera alcanzar. Con el cambio también de estética de gafas, peinados, ropa, lo que se consigue es hacer este cambio físico para que influya también en la comunicación no verbal y para que influya al final en el voto, que es lo que se quiere conseguir”, dice. Porque, como dice Martín Blanco, la cuestión es saber decodificar la imagen que se ha de ofrecer en cada momento, pues no existe una fórmula mágica. “En momentos como los actuales, donde el descrédito sobre la política está en constante disputa, parece ser fundamental transmitir cierto grado de ‘autenticidad’. No se trata de amoldarse a un canon establecido, sino de arriesgar y tratar de presentarse ante la sociedad sin muchos artificios. Lo cual, no debemos olvidar, también requiere de artificios y estrategias. Seguir un estilo puede requerir de un gran esfuerzo, pues crear uno propio y que este conecte con la sociedad es, sin duda, un arte nada sencillo”, explica.Ignacio Martín Granados apostilla que la imagen forma parte de la comunicación política casi tanto como el discurso o la estrategia digital. “Se cuidan aspectos como el vestuario, el peinado, la iluminación, la postura, la expresión facial o incluso la gestualización. El objetivo no es parecer más guapo, sino atractivo, es decir, transmitir cercanía, seguridad, energía o autoridad, según el perfil del candidato. La clave es que esa imagen resulte coherente con su personalidad ya que si se percibe como artificial, suele volverse en contra del político”, advierte. Lo cierto es que los políticos juegan con su aspecto físico. Al hablar en un mitin para votantes demócratas en Detroit en 2020, Barack Obama reconoció que en ocasiones, salir a hacer campaña le resultaba un poco más difícil que antaño. “No solo porque soy mayor y tengo más canas”, añadió, consciente de que este comentario traería consigo un murmullo entre el público. Consciente de que estaban alabándole, pidió a una de ellas que repitiera lo que había dicho. “Dice que estoy muy bien”, aseguró con picardía y orgullo. De hecho, en la actualidad algunos políticos presumen de cuidarse. “¿Qué hace usted con ese lienzo que Dios le ha dado?”, preguntaba Thais Villas a Gabriel Rufián, que explicó que usa crema hidratante y antienvejecimiento. “Me echo antiojeras y a veces, un poco de color”, reconoció. Cuando acudió al programa de Marc Giró, Cara al Show, explicó el motivo por el que comenzó a emplear crema con color. “Hace años, me hicieron unas fotos. Había dormido muy poco y escribieron: ‘Gabriel Rufián, quizás enfermo’. Y dije: ‘nunca más’. Me pongo un poquito de maquillaje porque si no, no seríamos lo que somos”, dijo antes de aclarar que Pedro Sánchez va siempre maquillado. “Cualquier persona responsable va maquillada”, añadió. Para terminar, Callarisa quiere hacer una apreciación. “La belleza no afecta igual a los políticos que a las políticas. A un político, ser guapo le beneficia, mientras que una mujer de belleza canónica puede ver cómo su físico juega en su contra”, dice. En definitiva, intentar obviar la apariencia física y la estética en el mundo de la política es ingenuo. Casi tanto como Donald Trump, que en un podcast aseguró que John F. Kennedy fue “el segundo presidente más guapo de Estados Unidos”. ¿Él primero? Conociendo la psicología del actual inquilino de la Casa Blanca, solo hay una respuesta posible.