EditorialLa 'bukelizaci�n' de Am�rica Latina est� convirtiendo la necesidad de atajar la violencia en un cheque pol�tico en blancoEl presidente de El Salvador, Nayib Bukele.GettyActualizado Jueves,
agosto
23:19Audio generado con IALa violencia se ha convertido en uno de los grandes motores del cambio pol�tico en Am�rica Latina, inclinando el voto hacia un populismo autoritario que promete por encima de todo seguridad. El modelo Bukele -mano dura contra la delincuencia sin respetar garant�as procesales, libertades civiles o derechos humanos- est� export�ndose con rapidez a otros pa�ses de la regi�n a medida que el Estado pierde la capacidad de permitir al ciudadano algo tan elemental como caminar sin miedo por la calle, abrir un negocio sin pagar una extorsi�n o vivir en un barrio que no est� controlado por una organizaci�n criminal. El presidente salvadore�o defiende, de hecho, sus pol�micas pol�ticas esgrimiendo el control de las maras y la dr�stica ca�da de la inseguridad. Y su popularidad no parece haber disminuido con las denuncias de abusos, m�s bien todo lo contrario.La victoria de Keiko Fujimori en Per� y la llegada de Abelardo de la Espriella a la presidencia de Colombia confirman la tendencia. Fujimori gan� unas elecciones extraordinariamente ajustadas con la promesa de recuperar el orden. De la Espriella ha hecho del combate contra los se�ores de la droga y los grupos armados una de sus se�as pol�ticas. Su Gobierno acaba de estrenarse precisamente con un pacto con Washington para cooperar en operaciones antiterroristas e incorporarse a la iniciativa Escudo de las Am�ricas capitaneada por Donald Trump.Esta bukelizaci�n hunde sus ra�ces en la leg�tima preocupaci�n de millones de personas por una inseguridad que impide la vida cotidiana y contra la que est�n dispuestos a conceder un margen creciente al poder, aun a costa de sacrificar ciertos derechos. No es cuesti�n, por tanto, de condenar moralmente su elecci�n desde la c�moda perspectiva de unas sociedades m�s seguras, sino de demostrar con hechos que un Gobierno democr�tico puede ser igualmente eficaz a la hora de garantizar el orden sin obligar al ciudadano a escoger entre libertad y seguridad.Ah� aparece el gran agujero del modelo Bukele, que en 2022 impuso un Estado de excepci�n que se ha saldado con m�s de 90.000 detenciones. Organizaciones de derechos humanos han documentado arrestos arbitrarios masivos, desapariciones, torturas y graves vulneraciones procesales. Miles de menores han sido detenidos y la mayor�a de los arrestados permanecieron en prisi�n preventiva y sin comunicaci�n con el exterior. Es decir que la ca�da de la delincuencia ha ido acompa�ada de un repunte de abusos cometidos en nombre de la paz. Existe adem�s un peligro pol�tico mayor. Que la concentraci�n del poder justificada en la necesidad de atajar la violencia debilite los contrapesos institucionales y profundice las derivas autoritarias.Am�rica Latina necesita una mayor autoridad estatal: desde polic�as profesionales a c�rceles que no funcionen como centros criminales, pasando por fronteras controladas y jueces y fiscales protegidos. Pero tambi�n necesita que cualquier ciudadano pueda confiar en que una detenci�n ser� revisada por un juez y respaldada por pruebas.La principal lecci�n del fen�meno Bukele es que hay que tomarse en serio el miedo de los ciudadanos para no que no se convierta en un cheque pol�tico en blanco.








