Las noticias que llegan de Am�rica Latina, al igual que de otras partes del planeta donde todav�a se puede votar, parecen constatar un imparable giro hacia la derecha. En m�s de un caso hacia la extrema derecha, con victorias tan emblem�ticas como las de Javier Milei (Argentina) y Nayib Bukele (El Salvador) o las m�s recientes de Jos� Antonio Kast (Chile) y Abelardo de la Espriella (Colombia).Para reforzar esta idea se recuerda que, ante esta incontenible deriva conservadora, muy pocos gobiernos de izquierda y centroizquierda se mantienen en la regi�n. Las excepciones son Brasil (donde Lula da Silva aspira a ser reelegido en octubre), M�xico (Claudia Sheinbaum), Uruguay (Yamand� Orsi) y Guatemala (Bernardo Ar�valo). Adem�s, con una mirada amplia, y dadas las dificultades para adscribir pol�tica e ideol�gicamente a ciertos partidos y l�deres, se podr�a incluir en este peque�o grupo a Luis Abinader (Rep�blica Dominicana). Por fuera, y por razones obvias, est�n las dictaduras soi-disant progresistas de Cuba, Nicaragua y Venezuela (esta �ltima ahora apoyada por Donald Trump y Marco Rubio), que m�s que defender las libertades las machacan y favorecen la marea conservadora.A la vista de lo que pasa en la regi�n desde principios de siglo, el principal interrogante es si estamos ante un nuevo golpe de p�ndulo, similar a los ocurridos a partir de 1998 tras la victoria electoral de Hugo Ch�vez (giro a la izquierda, ola rosa o bolivarianismo), con rotaciones lev�giras o dextr�giras; o si, por el contrario, se trata de una tendencia m�s profunda. Si todo esto es meramente coyuntural, producto de la frustraci�n ciudadana, del calendario y del extendido voto de castigo a los oficialismos (el llamado voto de cabreo o voto bronca), o si es estructural y responde a movimientos y transformaciones de m�s largo plazo. Hasta ahora la seguidilla de elecciones en varios pa�ses con gobiernos de izquierda, o viceversa, ha provocado giros hacia ambos lados.A�n es pronto para responder afirmativamente a la pregunta de si estamos ante una imparable marea conservadora. Si bien Bukele fue elegido por primera vez en 2019, Milei reci�n triunf� en 2023. A partir de ah�, siguiendo la estela trumpista, se encadenaron diversas victorias de opciones de derecha.Ahora bien, si se analizan los resultados de las 46 elecciones presidenciales realizadas en Am�rica Latina entre 2015 y 2026, se ve que solo 16 fueron ganadas por los oficialismos y las 30 restantes, dos tercios del total, por las oposiciones. De momento, por lo tanto, no se puede emitir un juicio concluyente.De los nuevos presidentes latinoamericanos de derecha, s�lo Bukele, en 2024 y el ecuatoriano Daniel Noboa, en 2025, fueron reelegidos. Lo de Bukele fue posible tras colonizar a los otros poderes del Estado y forzar una reinterpretaci�n de la Constituci�n salvadore�a que prohib�a expresamente la reelecci�n (la reelecci�n indefinida se introdujo posteriormente). Lo de Noboa ocurri� en un contexto de emergencia de seguridad p�blica. Por eso, para afirmar que efectivamente estamos ante un giro a la derecha, o incluso a la extrema derecha, hay que esperar a ver si los gobiernos de esas tendencias se consolidan ante la ciudadan�a y comienzan a ser reelegidos uno tras otro. Es m�s, ante la deriva de opciones m�s radicales habr�a que recordar los casos de Bolivia y Per�, donde las candidaturas m�s extremas de Jorge Tuto Quiroga y Rafael L�pez-Aliaga fueron derrotadas por las m�s templadas de Rodrigo Paz Pereira y Keiko Fujimori.La consolidaci�n del giro a la derecha depende tanto de cuestiones internas como externas. Internamente es importante el �xito pol�tico y el cumplimiento de las grandes promesas electorales, sobre todo de aquellas socialmente m�s sensibles, como garantizar el orden p�blico, acabar con la corrupci�n u ordenar la econom�a (Argentina). De no satisfacerse estas expectativas, ser�a l�gico pensar que los ciudadanos frustrados siguieran buscando nuevas y mejores opciones, de cualquier color, fuera del sistema. En el contexto actual, para mantenerse en el poder no basta con presentarse como un outsider con lenguaje populista, m�s a la izquierda o m�s a la derecha: es necesario tocar otros registros. Hay que consolidar los objetivos propuestos, algo bastante complicado en el ambiente de polarizaci�n y crispaci�n existente en los distintos pa�ses latinoamericanos.Desde el punto de vista externo, no hay que perder de vista la tupida red de intereses que comenz� a tejerse en el primer mandato de Trump entre la extrema derecha de Estados Unidos y sus pares latinoamericanos. En esta tarea brill� con luz propia Steve Bannon, entonces asesor de Trump. Por otra parte, tampoco se entender�a el auge de las opciones m�s radicalizadas sin un cierto apoyo europeo, b�sicamente proveniente de Espa�a y Hungr�a. Respecto a Hungr�a, la derrota sufrida por Viktor Orban en las elecciones parlamentarias de abril fue un duro golpe para las ayudas econ�micas y pol�ticas del partido Fidesz y de sus ONG y bancos pr�ximos. En cambio, lo que de momento s� sigue funcionando intensamente es el apoyo de Santiago Abascal, de Vox, de la Fundaci�n Disenso y del Foro de Madrid. En todo caso, y dado el respaldo que muchos de estos grupos y pol�ticos latinoamericanos reciben de la Casa Blanca, como ocurri� en las legislativas argentinas (octubre de 2025) y en las presidenciales hondure�as (diciembre de 2025), las elecciones estadounidenses de medio mandato ser�n claves para ver si este apoyo se revalida o si, por el contrario, empieza a encontrar ciertos l�mites.Hasta que la profundidad del giro a la derecha pueda comprobarse emp�ricamente, lo cierto es que estamos ante un potente desembarco de opciones conservadoras de muy distinto signo. Como se puede ver en las diferentes relaciones que unos gobiernos y otros mantienen tanto con Espa�a como con la Uni�n Europea, es dif�cil hallar un com�n denominador entre todos ellos. Incluso la fidelidad de sus aparentes seguidores es, en muchos casos, meramente instrumental.La heterogeneidad existente entre estos nuevos gobiernos es similar a la que caracteriz� a los presidentes de izquierda o bolivarianos en la primera d�cada del siglo XXI. De ah� que, pese a este aparente giro a la derecha, y m�s all� de la reuni�n en Mar-a-Lago en torno al Escudo de las Am�ricas que Trump convoc� con los gobiernos m�s afines de la regi�n para luchar contra el narcoterrorismo, la realidad es que la posibilidad de que Am�rica Latina avance en la formulaci�n de consensos a escala regional o internacional sigue siendo dif�cil.Carlos Malamud es investigador principal del Real Instituto Elcano y catedr�tico de Historia de Am�rica en la UNED. Su �ltimo libro es Golpe militar y dictadura en Argentina (1976-1983) (Catarata, 2026)