El centro pol�tico estaba de moda en Am�rica Latina en los a�os 80 y 90 del siglo pasado. Al calor del �xito de la UCD de Adolfo Su�rez en culminar la transici�n espa�ola y escarmentados por la violencia pol�tica anterior, los partidos centristas (centroderecha y centroizquierda) llevaron el peso de la reconstrucci�n de las nuevas democracias. Democracias basadas en los consensos y en una convergencia centr�peta: se ganaban las elecciones y se gobernaba apelando a la moderaci�n, no a los extremos.En la actualidad, a escala latinoamericana y mundial, ser de centro no solo no est� de moda sino que, en realidad, es una heroicidad. Lo que parece pedir la ciudadan�a y alimentan los liderazgos emergentes es una constante llamada a la polarizaci�n afectiva, la cancelaci�n del otro, convertido en enemigo al que destruir. Es una nueva generaci�n de demagogos que jam�s han tenido responsabilidades en lo tocante a pol�ticas p�blicas pero que creen poseer el secreto para alcanzar la tierra prometida apelando a la "patria milagro" del colombiano Abelardo de la Espriella.Los diferentes centros construyeron la democracia latinoamericana, con sus virtudes y sus defectos, creando marcos institucionales donde cab�an todos: Alfons�n y Menem fueron capaces de alcanzar un acuerdo de estado para reformar en los 90 la Constituci�n de 1853. La Concertaci�n chilena acogi� a antiguos enemigos (democratacristianos y socialistas) para conducir al pa�s a la democracia y al crecimiento con desarrollo. Adem�s, construy� espacios de convivencia con una derecha que lleg� a la presidencia en 2010 cuando apost� por la centralidad de Sebasti�n Pi�era. Lula da Silva alcanz� el poder solo cuando acept� el modelo de gobernabilidad econ�mica legado por su adversario, Fernando Henrique Cardoso. Lo hizo en su Carta al povo brasileiro (2002), convertida en un trampol�n hacia Planalto: �Hay otro camino posible. Es el camino del crecimiento econ�mico con estabilidad y responsabilidad social. Los cambios que sean necesarios se har�n democr�ticamente, dentro de los marcos institucionales�. Colombia en 1991 con un consensuado cambio constitucional y M�xico con el acuerdo entre el PRI y el PAN fueron capaces de mejorar su institucionalidad democr�tica en el primer caso y poner fin al r�gimen hegem�nico priista en el otro.Desde 2015, sin embargo, el final de la bonanza econ�mica y la concatenaci�n de una d�cada perdida (2014-2023) con el comienzo de otra (2024- ) ha alimentado la frustraci�n social y la desafecci�n ciudadana que mira con desd�n los a�os de centralidad y consenso. El votante prefiere apuestas rupturistas que apelan al nacionalismo, el iliberalismo y el mesianismo caudillista. A esta generaci�n pertenecen, con sus idiosincrasias espec�ficas, Javier Milei en Argentina, Jair Bolsonaro en Brasil, Abelardo de la Espriella en Colombia... Otras figuras llevan esta deriva a su m�ximo (el autoritarismo de Nayib Bukele en El Salvador). Incluso, los partidarios del chileno Jos� Antonio Kast, el m�s moderado de toda esa generaci�n de nuevas derechas, han mostrado desprecio hacia la actitud dialogante de la derecha tradicional -de la que �l procede- calific�ndola de "derechita cobarde". Expresi�n de Santiago Abascal que ha tenido �xito dentro de las alternativas m�s escoradas a la derecha en Latinoam�rica. Como la tuvo, en el otro extremo, Pablo Iglesias con el t�rmino casta que incluso utiliza su contracara, Milei. En los 80 y 90 la regi�n se fijaba en Su�rez y Felipe Gonz�lez. Pero desde hace diez a�os los modelos son Errej�n e Iglesias; y ahora, para esa nueva derecha, lo es Meloni o Abascal (�O tempora, o mores!, Cicer�n dixit).En 2025-26 los centros han prolongado su crisis: no ganan elecciones (salvo Rodrigo Paz en Bolivia), no compiten en las segundas vueltas que disputan alternativas situadas en los extremos (De la Espriella vs Cepeda en Colombia, Keiko Fujimori vs Roberto S�nchez en Per�...) y no son mayoritarias en las c�maras.Sin embargo, y ah� se encuentra la paradoja, esos mismos centros mantienen una presencia institucional estrat�gica en los legislativos, capaz de aportar lo que m�s necesitan estos nuevos gobiernos de derecha: los votos necesarios para, en un escenario de creciente fragmentaci�n, contribuir a asegurar la gobernabilidad.Pese a su rechazo a la vieja �lite ("los de siempre" de De la Espriella, la "casta" de Milei o la "derechita cobarde" de Kast) al final, carentes de votos necesarios, han terminado gobernando con esos centros-derecha. Muchos han llegado en realidad al poder con los votos prestados de esos partidos centristas. Milei ha requerido del apoyo de Mauricio Macri para poder sacar adelante sus exitosas medidas para derrotar la hiperinflaci�n. Kast, tras un accidentado comienzo de mandato, ha convertido a Claudio Alvarado, de la vieja UDI, en el hombre fuerte del ejecutivo. De la Espriella, abanderado de �los nunca�, ha acabado nombrando un gabinete repleto de los de siempre. El ejemplo m�s claro es el del futuro ministro del Interior, Rodrigo Lara Restrepo, hijo del asesinado ex ministro Rodrigo Lara Bonilla. Keiko Fujimori, en alianza t�cita con el ultraconservador L�pez Aliaga, trata de seducir al centrista Jorge Nieto, del Partido del Buen Gobierno, convertido en el fiel de la balanza entre las izquierdas y la derecha en el legislativo.La historia se repite. Hace cuatro a�os, dos figuras que encarnaban �el giro a la izquierda� y la renovaci�n, Gabriel Boric en Chile y Gustavo Petro en Colombia, recorrieron un trayecto parecido. Boric form� un primer gabinete apoyado en el Frente Amplio y renegando de la Concertaci�n para, al cabo de los primeros meses, evitar el naufragio apelando al concertacionismo que encarnaba Carolina Toh�, como ministra del Interior. Los partidos que hab�an sostenido a Michelle Bachelet otorgaban a la nueva izquierda emergente el know-how del que suelen carecer las nuevas fuerzas -de izquierda y derecha- para poder gobernar. La soberbia de Kast le hizo seguir los pasos de su no muy apreciado predecesor.Ese peso espec�fico de los centros en los nuevos gobiernos de derecha ya ha vivido ejemplos concretos que indican que van a tener un rol muy importante para moderar las aristas iliberales de alguno de estos l�deres. Lo ha comprobado en primera persona De la Espriella. Se neg� a que el Centro Democr�tico como fuerza mayoritaria presidiera el Senado. El uribismo, la derecha tradicional devenida en centrista por el mayor radicalismo de De la Espriella, no dud� en aliarse con su bestia negra (el petrismo) para hacerse con la presidencia de la c�mara alta. Un aviso para De la Espriella que necesita a Uribe para gobernar.Las nuevas derechas latinoamericanas, algunas iliberales como el bolsonarismo, est�n obligadas, a su pesar, a pactar para gobernar con el centro. En caso de no hacerlo puede ocurrir como en Brasil: las fuerzas moderadas asustadas de la deriva de Jair Bolsonaro acabaron abandon�ndole y, ahora, el centrista Geraldo Alckmin es vicepresidente con Lula. Una realidad totalmente diferente a la que vive Espa�a: sin partidos de centro, Pedro S�nchez se encaden� a los extremos (las izquierdas y los independentistas incluidos antiguos partidos cercanos al entorno de ETA). Y todo indica que N��ez Feijo�, en caso de ganar, perder�a parte de su capacidad de acci�n a manos de la derecha extrema de Abascal.Los partidos moderados latinoamericanos se encuentran en una disyuntiva: seguir en su progresiva decadencia y su papel de bisagras para las derechas en ascenso o construir una alternativa cre�ble y, sobre todo, capaz de responder a las necesidades de una poblaci�n que les ha dado la espalda. Para ello deben recorrer un camino que no es f�cil: no convertirse, como llegaron a ser, en una �lite alejada de los problemas de la ciudadan�a y ser capaces de dise�ar un proyecto-pa�s ilusionante y que d� resultados concretos. En 2022, Boric se�alaba que �si la democracia no resuelve los problemas, la gente se desencanta�. Por ahora, ejercen como un l�mite frente a peligrosas derivas ya que, como ha destacado el presidente boliviano Rodrigo Paz, las �izquierdas y derechas radicales ... se unen para destruir�.Rogelio N��ez Castellano�es investigador s�nior asociado del Real Instituto Elcano, profesor de la Universidad de Las Hesp�rides y asociado del CIEPS
La paradoja de los partidos de centro latinoamericanos
El centro pol�tico estaba de moda en Am�rica Latina en los a�os 80 y 90 del siglo pasado. Al calor del �xito de la UCD de Adolfo Su�rez en culminar la transici�n espa�ola y...









