La irrupción de una muchedumbre en la ciudad de Ceuta a finales de julio no es producto de una crisis migratoria, ni del efecto llamada, ni de la reciente regularización de inmigrantes por parte de nuestro Gobierno. ¿Multitud descontrolada? Creo imposible que la entrada se produjera sin la complicidad, activa o pasiva, de las autoridades marroquíes. Se trata, pues, de un episodio más en la larga historia de las relaciones entre España y el Reino de Marruecos. Puede que no sea el último, porque, como decía recientemente Jorge Dezcallar, la presión por hacerse con Ceuta y Melilla no va a cesar. Quizá pueda adoptar formas menos violentas: pero ello dependerá de la reacción española. Antonio Sempere / ApEs verdad que el entorno de hoy no nos es favorable, como lo muestran las medidas adoptadas contra nosotros por alguno de nuestros socios; y como lo muestra sobre todo el que al término de una reunión a nivel ministerial de la Unión Europea se culpe de la crisis a las mafias, al insuficiente control de la frontera por parte española y a una política migratoria demasiado tolerante por nuestra parte.Ni una mención al elefante en la habitación, el Gobierno marroquí. A mi entender, esa desafección tiene dos causas. La primera es que nuestro presidente del Gobierno ha incomodado a sus homólogos de la Unión significándose por su resistencia a prestar ayuda a las exigencias del presidente Trump y por su condena al Israel de Netanyahu. Quizá el presidente, que hablaba en nombre de todo un país, no prestó bastante atención a las consecuencias.La segunda causa tiene que ver con los valores europeos. Europa sigue presumiendo de ser la custodia del derecho internacional, de los derechos humanos y de la soberanía de los estados, pero a veces nos domina un mal llamado realismo. Cuando Rusia invadió Ucrania, un país no europeo, la reacción de la Unión Europea fue inmediata. No sólo condena moral, sino ayuda material y urgente.Con más razón todavía debe defender la Unión esos valores acudiendo en ayuda de un socio que ve invadido parte de su territorio. Pero aquí, como en Ucrania, entra Estados Unidos. Trump fue el artífice de los Acuerdos de Abraham, entre Israel y un país musulmán, precisamente Marruecos, desde entonces su gran aliado en la zona. Nuestros socios pueden pensar que Ceuta y Melilla, después de todo, están en África, y lo natural sería que terminaran en manos marroquíes. Quizá piensen que esa sería la postura realista.España ha de hacer saber que defenderá la soberanía de Ceuta y Melilla por todos los medios a su alcance¿Vamos a ser realistas nosotros? Frente al perpetuo chantaje marroquí, eso significa fiarlo todo únicamente a la diplomacia y a los buenos oficios de nuestros socios europeos. Mientras esa sea nuestra postura, la presión marroquí crecerá hasta expulsar a los españoles de Ceuta y Melilla, de cualquier manera. Llegarán a España. Serán nuestros pied-noirs. Tendremos sobre nuestra conciencia el peso de haber abandonado a 150.000 compatriotas, a quienes no conocíamos, pero que confiaban en que compartíamos con ellos el mismo país; si se quiere, la misma patria. Esa confianza, mantenida durante siglos, que hizo posible resistir, en nombre de España y en su defensa, asedios que a veces duraron décadas, esa confianza la habremos traicionado.España ha de hacer saber de forma inequívoca, tanto a sus socios europeos como al Gobierno marroquí, que está dispuesta a defender la soberanía de Ceuta y Melilla por todos los medios a su alcance, y que lo hará, como hizo Margaret Thatcher con las Malvinas, sin pedir permiso a nadie. Habrá que unir los hechos a las palabras. No nos engañemos: los medios y las capacidades existen. Sólo falta la voluntad.Este es únicamente un paso más en un largo proceso, cuyo final nadie conoce, pero no nos podemos permitir darlo en falso. ¿Negociar? Sí, pero así no. Puede que no ser “realistas”, y actuar en conciencia, nos dé algún disgusto y nos cueste algún dinero. Pero ceder es rendirse sin lucha y abandonar a los nuestros, y eso crea un precedente para reivindicaciones ulteriores. Sobre todo, la rendición nos conducirá al desánimo, que es lo que menos falta nos hace. Una vez más nos preguntaremos qué es esa España de la que tanto hablamos.
¿Seremos realistas?, por Alfredo Pastor
La irrupción de una muchedumbre en la ciudad de Ceuta a finales de julio no es producto de una crisis migratoria, ni del efecto llamada, ni de la reciente regularización de inmigrantes por parte de nuestro Gobierno. ¿Multitud descontrolada? Creo imposible que la entrada se...









