Estos días, con la actualidad a mínimos por el parón vacacional, Giorgia Meloni copó titulares usando de nuevo la migración como “arma política”, denuncian las fuerzas de oposición de izquierdas italianas, que ven la disputa que abrió con el Ejecutivo español como un conflicto evitable y perjudicial para los intereses exteriores de Italia. A su vez, Roma mantiene un discurso de línea dura hacia Madrid ante Ceuta, pero también busca contener tensiones con la Alemania de Friedrich Merz, que presiona para devolver a Italia a migrantes irregulares en territorio alemán que accedieron a la Unión Europea a través del país transalpino.
Según la oposición, la líder ultraderechista buscó rentabilizar al máximo el impacto de la entrada de migrantes en Ceuta, aunque fuera a costa de desatar una crisis diplomática con España que muchos ven sin fundamento. Italia, con sólidos lazos con el Estado español, ve ahora dañados unos vínculos que para muchos serán difíciles de recomponer a corto plazo, al menos entre sus Gobiernos. Ambos agotan su mandato en 2027 y estos días han roto una cordialidad que lograron mantener los últimos años, a pesar de sus grandes diferencias políticas.









