Volver a casa y encontrarse con un perro que salta, ladra o mueve la cola sin parar suele ser una escena cotidiana para millones de personas. Aunque esa efusividad suele interpretarse como una demostración de cariño, los especialistas en comportamiento canino advierten que la forma en que respondemos a ese recibimiento puede influir en la educación de la mascota.El adiestrador canino Víctor Mareño sostiene que uno de los errores más habituales consiste en reforzar esa conducta con caricias o palabras apenas se cruza la puerta. Según explica, "Saludar a tu perro cuando entras en casa es la semilla de la mala educación".El problema no es el saludo, sino premiar la excitaciónCuando un perro salta sobre su dueño, ladra o reclama atención apenas lo ve, muchas personas reaccionan acariciándolo, hablándole o jugando con él. Sin embargo, Mareño señala que ese gesto transmite al animal un mensaje muy claro: esa conducta tiene recompensa.Por eso, recomienda no reforzar ese momento de máxima excitación. La propuesta no consiste en ignorar al perro ni en dejar de demostrarle afecto, sino en esperar unos instantes hasta que se tranquilice antes de prestarle atención.De esta forma, el animal aprende que mantener la calma es el comportamiento que le permite conseguir aquello que desea: el contacto con su dueño.Cómo recomiendan saludar a un perro al llegar a casaLos expertos aconsejan entrar al hogar con una actitud tranquila y evitar responder con el mismo nivel de entusiasmo que muestra el perro.Si el animal comienza a saltar o se muestra excesivamente excitado, puede esperarse unos segundos o pedirle que realice una orden sencilla que ya conozca, como sentarse. Una vez que recupere la calma, recién entonces es recomendable ofrecerle caricias, palabras o atención.La constancia también resulta clave durante este proceso. Si un día se ignoran los saltos y al siguiente se responden con abrazos y juegos, el perro tendrá más dificultades para comprender cuál es el comportamiento esperado.La calma también se aprendeMareño aclara que este método no busca eliminar el contacto físico ni reducir el vínculo afectivo entre el perro y su familia.El objetivo es enseñar al animal a gestionar mejor la emoción del reencuentro para favorecer una convivencia más tranquila y evitar que determinadas conductas se conviertan en un hábito.Como resume el adiestrador, el secreto consiste en no premiar la excitación y esperar el momento adecuado para demostrar cariño. "Llega el cariño", explica, cuando el perro recupera la calma.Según los especialistas, este pequeño cambio en la rutina diaria puede marcar una gran diferencia en el comportamiento del animal a largo plazo y ayudar a construir una relación más equilibrada entre el perro y su dueño.