Durante años se asumió que la explosión de saltos, ladridos, el movimiento de la cola y las carreras con las que un perro recibe a su dueño eran la prueba máxima de amor incondicional. Actualmente, tanto los veterinarios como los adiestradores caninos advierten que ese ritual de bienvenida efusiva no es felicidad, sino una forma de mala gestión emocional que puede arraigar problemas de conducta a largo plazo e incluso perjudicar a la mascota.El adiestrador Víctor Mañero, fundador de Adican, cuenta con más de 15 años de trayectoria y en distintas entrevistas ha explicado qué ocurre cuando el animal se comporta así al ver a su “humano favorito”. Cuando el dueño llega tras varias horas fuera, el perro reacciona con una emoción intensa ligada a la ansiedad por separación; por eso es que responder con mimos inmediatos equivale a premiar ese estado de estrés.El especialista calificó la costumbre de saludar efusivamente como "la semilla de toda mala educación de un perro" en una entrevista del pódcast Zenvibes de Noelia Duarte. “El mayor error que comete el ser humano es mimar, consentir y premiar esa llamada de atención que es: ‘Mami, mami, dame mimos’... mi recomendación es siempre la misma: cuando entres en casa, o al perro coges y lo asientas y en calma le das mimos, o entras en casa como si no existiera el perro”.A pesar de dar ambas opciones, el experto en comportamiento canino recomienda ignorar al animal entre cinco y diez minutos, hasta que se calme, antes de ofrecerle contacto físico.La fórmula DEP para hacer feliz a tu perroMañero sustenta esta solución como parte de su sistema de entrenamiento, para el que creó la “fórmula DEP”. La fórmula se basa en tres principios que deben ejecutarse en ese mismo orden de importancia: disciplina, ejercicio y cariño/premio.“Lo primero que hace la madre con sus cachorros es darle caña, disciplina. No digo ‘pegar”, es [indicarle al animal]: ‘Ahora se come’, ‘ahora no se come’...”, explicó el adiestrador en el pódcast López & López. Es decir, enseñar al animal cuáles son los límites, las conductas aceptadas y las que implicarán una sanción.En ese mismo episodio, el experto también señalaba que la segunda prioridad de su fórmula, el ejercicio, no debía limitarse a salir de paseo; en cambio, invitó a no dejar de lado el ejercicio mental y el sentido más importante de un canino. Explicó que, como el cerebro del perro es un 80% olfato, no basta con llevarlo a que atrape la pelota, un juego que, según resumió, aumenta los niveles de ansiedad con cada atajada, como ir “de cero a 200”.El último factor de la fórmula de Mañero es el cariño, pero sin humanizar al animal o tratarlo como un bebé. El experto contó que aprendió la mejor forma de mostrar amor a sus mascotas luego de haber interactuado con dos camadas de pastores alemanes. “La madre la manera que tiene de mimarles es acicalarlos: de la cabeza hasta el lomo. Yo, por ejemplo, cuando trabajo perros con ansiedad en la calle, con estrés en la calle, una de las cosas que hago es masajearles desde la cabeza al lomo, hago presión con las yemas de los dedos. Lo mismo que haría la madre. El perro se acaba sentando”.Para el adiestrador, los dueños deben implementar en este orden "disciplina, ejercicio, cariño; nunca al revés".La coincidencia no es solo entre adiestradores. La etología clínica y los veterinarios especializados en medicina del comportamiento vienen sosteniendo, según distintos reportes recientes, que esas recepciones explosivas no son síntoma de felicidad, sino manifestación de alivio tras un pico de estrés y una sobreactivación del sistema nervioso simpático del animal.Con el tiempo, ese refuerzo repetido puede consolidar patrones de ansiedad por separación, dependencia excesiva del dueño y dificultad del animal para tolerar la soledad, es decir, la "semilla" de comportamientos que resumía Mañero en sus intervenciones.