Cuando tenía 59 años Carmen Palacios se presentó a su primer casting. “Fue justo en el momento en el que normalmente eres invisible”, subraya esta madrileña de voz pausada y canas deslumbrantes, que está convencida que fue su melena gris la que le consiguió aquel primer trabajo. Desde entonces, Palacios, de 68 años, no ha parado de trabajar como modelo sénior; un perfil cada vez más demandado en la moda y la publicidad. En las páginas couché, en las pantallas y en las vallas publicitarias aparecen cada vez con más normalidad mujeres de 50, 60, 70 o más años. Los rostros mayores ya no se esconden: esta primavera, con 82 años, Catherine Deneuve protagonizó una campaña de Louis Vuitton. La misma edad tiene la icónica modelo Lauren Hutton, que sigue posando, sin retoque alguno, para marcas como Bottega Veneta y Gant. En 2023, Zara fichó a Ángela Molina (70 años) para presentar una colección cápsula. A los 95 años, la glamurosa neoyorquina Carmen Dell'Orefice continúa desfilando.Los rostros mayores ya no se esconden: esta primavera, con 82 años, Catherine Deneuve protagonizó una campaña de Louis VuittonEl suyo es un caso excepcional, pero como comenta Daniel Bonet, head booker de la agencia de modelos y actores Wanted, el interés por las mujeres maduras no es una moda pasajera: “Más bien, es una gran evolución para el sector y para aquellas profesionales que pensaban que, por cuestión de edad, ya no tendrían su espacio en esta industria”, explica. Para Bonet, el que las marcas hayan decidido conectar con los consumidores “transmitiendo un mensaje más real y orgánico” con mujeres de edad avanzada, es un paso adelante “definitivo” para la moda.Su agencia tiene una sólida selección de modelos sénior, entre la que se encuentra Pino Montesdeoca, la Carmen Dell’Orefice española. Canaria, menuda y vivaz, también de melena plateada, Pino ha protagonizado portadas y reportajes de moda, ha desfilado en decenas de pasarelas y ha trabajado en el cine. Su última aparición: un cameo en Amarga Navidad, de Almodóvar. “Pensaba que iba a salir en un rincón, pero cuando veo que es un primer plano, me quedé de palo. Lo primero que me dije: ‘Ya, coño, qué vieja estoy’”; comenta, riendo, en entrevista telefónica con Magazine. Carmen Palacios se presentó a su primer casting con 59 añosSilvia de la FuenteA sus 64 años, cree que la demanda por perfiles como el suyo es un reflejo de la sociedad actual. “Todos los que eran jovencitos en los 60, 70, 80… están aquí y siguen siendo activos, productivos. ¡Incluso los mismos diseñadores! Entonces: ¿Qué hacemos? Eso no podemos eliminarlo porque, además, son una parte del mercado importantísimo”. Sin olvidar, añade Pino, que hoy “ya no vale” que te anuncien cremas antiarrugas chicas de veinte: “O que oferten un tratamiento para la menopausia con una tía de treinta años”.Fue su familia quién la animó a apuntarse a una agencia. Entonces tenía 53 años y una intensa existencia a sus espaldas. Una enfermedad grave a raíz de la picada de un mosquito le hizo replantearse muchas cosas y perder el miedo a otras, aunque a Pino no le asustaba presentase a un casting: “Llámame engreída si tú quieres, pero siempre me he gustado, con todas mis pequeñas cosas. Y, oye, quizás mis piernas cortas no me han vuelto loca, pero como me dejaban caminar y yo era pizpireta, pues estaba muy orgullosa de mí”.Guiomar Alfaro con cincuenta y pocos empezó a posar y a desfilarDandan ZhangCon esta seguridad y mucha ilusión empezaron los trabajos: anuncios, campañas publicitarias, editoriales de moda y desfiles. Pino no dudó en surfear esta ola que le brindó la vida y sobre ella continúa, divirtiéndose mucho. “Aunque para mí es también una motivación importante abrir camino, para que estas niñas de 20 y 30 años le pierdan el miedo a hacerse mayores. ¡Que vean que hay vida después de los 40 y de los 50 y de los 60 y de los 70…!”.Guiomar Alfaro (Corella, 1969) es otra modelo sénior que vive acelerada desde que, con cincuenta y pocos, empezó a posar y a desfilar. “Con la menopausia a mí me daban unas ganas de llorar por la mañana tremendas; no tenía pasión por nada”, explicó al Magazine. “Y de repente, mi hijo me dice: ‘Ponte a hacer moda’, profesión que aparqué para ser profesora de idiomas y criar a mis dos hijos”. Volver a ser maniquí le ha devuelto la ilusión y le ha brindado una agenda intensa, con desfiles de alta costura en París, un libro (El lujo de ser tu misma) y un proyecto de documental. “A mí la moda me ha salvado la vida”, asegura esta navarra, afincada en Madrid.Estamos aquí para quedarnos. Las mujeres maduras tenemos que estar en las pasarelas”Guiomar AlfaroComo sus compañeras, está convencida que este boom por lo sénior no es algo pasajero: “Estamos aquí para quedarnos. Las mujeres maduras tenemos que estar en las pasarelas”, dice. “¡Y ya era hora!”, añade Carmen Palacios, “porque también formamos parte de este juego; está muy bien que haya chicas super jóvenes, pero también tenemos que tener un espacio”. Un espacio, a ser posible, honesto. Pino Montesdeoca no olvidará cuando en una sesión de fotos, una estilista le sugirió usar manga larga, para cubrirse el brazo flácido: “Le dije que no, que lo más natural es que, al perder el colágeno —y todas las cosas esas que se pierden—, pues, chica, a no ser que estés en el gimnasio todo el día, hay una flacidez. Y ya es hora que nos acostumbremos y deje de chocar”.Lo que reivindica Pino no es una frivolidad: la vejez sigue siendo una etapa estigmatizada socialmente. “El habernos centrado en ella como un periodo de aislamiento, de soledad y de enfermedad ha hecho que la vejez implique fealdad, que ni siquiera se haya aceptado la posible belleza en esta etapa”, explica la doctora Vânia de la Fuente, experta en envejecimiento saludable y edadismo. Esta médico y antropóloga, autora de La trampa de la edad (B), subraya que el estigma de la edad afecta, en especial, a las mujeres: “Lamentablemente, nos llevamos la peor parte: a medida que cumplimos años, nuestro estatus va declinando más rápido que el de los hombres. También hay una presión mayor para que ocultemos cualquier signo de envejecimiento”.A sus 64 años, Pino Montesdeoca se ha convertido en una modelo solicitadaSilvia de la FuentePero las cosas están cambiando. Empieza a haber una reivindicación de la vejez por parte de las propias mujeres. Como dejarse las canas, evitar pasar por el quirófano e insuflarse Botox: “La tentación es fortísima, pero yo lo he evitado… ¿Qué hago si después no me reconozco?”, se pregunta Pino Montesdeoca. De todos modos, como apunta de la Fuente, la presión estética no es la única diferencia de trato respecto a la vejez masculina y femenina: “Hay otros aspectos, como en el acceso a tratamientos médicos: es menos probable que una mujer en estado grave reciba una intervención para salvar su vida que un hombre de la misma edad”. Sin olvidar la menor presencia de mujeres mayores en medios de comunicación o como expertas: “Seguimos con sesgos de género que no equiparan sabiduría con mujer”, denuncia.Para esta académica este creciente presencia de mujeres maduras en la moda no es una frivolidad. “Es importante, en el sentido de que corrige una invisibilidad histórica. Durante décadas era impensable que una mujer mayor existiera en estos espacios, que desfilara o fuera portada de una revista”, dice de la Fuente. El que ahora aparezcan, añade: “Es una cuestión también de representación y de derechos simbólicos; como que finalmente estamos dando cabida a la vejez”.¿Una vejez natural o retocada? Porque aunque asombrosos, los 88 años de Jane Fonda o los ochenta de Cher no dejan de ser artificiales e inalcanzables para la mayoría. Vânia de la Fuente cree que “no es sostenible tratar de ser joven todo el tiempo”, por lo que apunta a que haya referentes diversos. Más que aspirar a un modelo concreto de belleza, la fórmula es buscar un envejecimiento saludable. Es decir: “Tratar de ser funcional en tu entorno y que puedas seguir haciendo lo que valoras”. Y esto tanto puede dar un paseo por el parque cerca de casa como desfilar por la pasarela más glamourosa
Catherine Deneuve, Lauren Hutton y Ángela Molina, modelos maduras con canas al aire
En la última década, las modelos sénior han empezado a tener una notable presencia en el mundo de la moda. Esta irrupción responde a un cambio social, que ha venido para quedarse









