La modelo es consciente del privilegio que es superar la ansiedad edadista. Ella ya ha llegado, es cierto, pero además hoy sus prioridades son otras

Cuando Marina Pérez (Madrid, 41 años) empezó a trabajar en la industria de la moda, aún no existían las redes sociales, ni siquiera la ya vetusta Facebook había irrumpido en nuestras vidas. Pérez ha vivido en primera persona ese cambio de paradigma según el cual el escrutinio ajeno de la imagen propia pasó de ser algo privativo de modelos, actrices y demás estrellas mediáticas a convertirse en una suerte de derecho democrático que nos otorga mágicamente el don de poder opinar sobre todo el mundo, en todas partes y a todas horas. “Ahora estamos expuestos a críticas de muchísima gente que ni conoces y que, en realidad, deberían darnos exactamente igual. Porque con quienes convivimos es con nosotros mismos y las opiniones ajenas y más tan aleatorias como las de las redes han de importarnos poco. Pueden ser de un chaval adolescente o de un señor de sesenta. Yo uso muy poco las redes sociales. Me cuesta muchísimo subir fotos. No me encanta verme. Si veo una foto más de dos veces, tiendo a sobreanalizar. De hecho, en las sesiones en las que trabajo, miro más el conjunto de la fotografía que cómo esté específicamente yo”.