En teoría las vacaciones son para “recargar pilas” y volver con más fuerza. Pero, en lugar de conseguirlo, muchas personas vuelven al trabajo en septiembre más flojas, con menos energía y, si hacen ejercicio regular, sintiendo que han perdido la forma que habían conseguido durante el resto del año. A menudo la pérdida de masa muscular se debe a una combinación de causas, como la fatiga del viaje, deshidratación, mala calidad de sueño o cambios en las rutinas de las comidas. Pero es necesario distinguir esta pérdida de masa muscular de otras cosas.
“Lo primero que me gusta transmitir es un mensaje de tranquilidad”, dice Lucía Almendros Marte, nutricionista clínica deportiva de la Clínica Amaro y Castillo. “Muchas personas viven las vacaciones con miedo a perder todo el trabajo del año, y eso no es así. El músculo no desaparece en una o dos semanas de descanso”.
Según la especialista, en personas sanas que entrenan habitualmente, “una pausa corta suele traducirse más en una ligera pérdida de rendimiento o de tono muscular que en una pérdida importante de masa muscular. De hecho, ese descanso incluso puede favorecer la recuperación física y mental, al disminuir el estrés y tener una gestión del cortisol más saludable”.






