Vall de Núria ha construido un modelo turístico singular alrededor de tres elementos que considera irrenunciables: el Santuario, el entorno natural y el tren cremallera. Sin acceso por carretera y con la voluntad explícita de no competir en volumen con otros destinos de montaña, afronta ahora retos como la descarbonización, la gestión de los visitantes, la diversificación de actividades y el futuro del esquí. Su gerente, Toni Casals Picola, defiende un modelo basado más en conservar y optimizar que en crecer.Toni es hijo del Valle de Ribes. Tiene 58 años y su trayectoria profesional ha estado ligada durante décadas a la montaña y a Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC). Empezó a trabajar en este ámbito a finales de los años ochenta y desde 2007 es gerente de Vall de Núria.Toni Casals, gerente de Vall de NúriaLugares de Aventura«Cuando buscas una opción para vivir y trabajar en el mismo territorio donde has crecido, es fácil que, si te gustan la montaña y el deporte, acabes empleado en una estación de esquí o en alguna actividad vinculada al turismo de montaña».Su relación con Núria, por tanto, no nace únicamente de una trayectoria profesional. Forma parte del mismo territorio que ahora gestiona. Y cuando se le pregunta qué diferencia este enclave de otros destinos de montaña, la respuesta empieza por tres conceptos que se repetirán a lo largo de toda la conversación: Santuario, naturaleza y tren cremallera.El santuario recibe a los viajeros nada más bajar del tren cremallera.Carles RusiñolTres elementos que no se pueden tocarEl primero es el Santuario. Toni destaca no solo la basílica y la Virgen de Núria, sino también el patrimonio histórico y religioso que la rodea: la leyenda de San Gil, la cueva, la ermita, el vía crucis y las tradiciones vinculadas durante siglos a los pastores y los rebaños.«Estamos hablando de un santuario situado a casi 2.000 metros de altitud y de unas tradiciones estrechamente relacionadas con los pastores y los rebaños, que fueron los primeros habitantes habituales de este entorno».El segundo pilar es el paisaje. Vall de Núria se encuentra dentro del Parque Natural de las Cabeceras del Ter y del Freser, rodeada de cumbres y valles de alta montaña y con un patrimonio de fauna, flora y geología que condiciona necesariamente cualquier decisión sobre su desarrollo turístico.El tren cremallera vuelve a ser el único camino de regreso tras un fin de semana en Vall de Núria.Carles RusiñolY el tercero es probablemente su elemento más diferenciador: el tren cremallera. No existe una carretera de acceso convencional a la estación y los visitantes llegan principalmente en tren o caminando.«El cremallera es lo que acaba de hacer que la destinación sea única y auténtica. Permite regular los flujos de visitantes y controlar el acceso al valle. Esto reduce el riesgo de masificación y ayuda a preservar la salud ambiental del espacio».El crenallera tiene además otra función menos visible. Por él no solo llegan los visitantes. Alimentos, mercancías, materiales y buena parte de aquello que necesita el complejo para funcionar también suben y bajan sobre raíles. Ese sistema ofrece a los gestores un control especialmente preciso de la actividad que entra en la Vall.Estos tres elementos —Santuario, naturaleza y cremallera— marcan también los límites. Ante la posibilidad de introducir cambios que pudieran incrementar el número de visitantes o los ingresos, Toni insiste en que no todo vale.Inauguración del mirador Vall de Núria.Lugares de Aventura«El nuestro no es un proyecto basado en el crecimiento. No queremos crecer por crecer, sino mantener adecuadamente las instalaciones, conservar los valores del valle y complementarlos con actividades que ayuden a los visitantes a descubrirlos».La diferencia respecto a determinados modelos de montaña que han apostado por multiplicar las atracciones, sostiene, debería ser perceptible nada más llegar.«Principalmente queremos que se perciba la autenticidad. Llegas a un espacio sin coches, con una sensación de pureza y de contacto directo con la montaña. No pretendemos crear actividades simplemente para acumular oferta o entretenimiento. Las actividades deben servir para poner en valor las singularidades que ya tenemos».De hablar de sostenibilidad a reducir el gasóleoEsta filosofía también ha marcado la política ambiental de Vall de Núria. Toni sitúa su origen mucho antes de que conceptos como sostenibilidad o descarbonización se generalizaran en el sector turístico.Cuando Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya asumió la gestión del complejo, a mediados de los años ochenta, las características excepcionales del espacio llevaron a introducir progresivamente criterios ambientales en ámbitos como la iluminación, el agua, la calefacción, las actividades o las pistas de esquí. Vall de Núria acabaría implantando también un sistema de gestión ambiental certificado mediante la norma ISO 14001.Uno de los proyectos más relevantes ha sido la progresiva sustitución del gasóleo utilizado para calentar los edificios mediante sistemas geotérmicos. Las primeras actuaciones comenzaron en 2011.«En aquel momento la geotermia todavía era una tecnología poco habitual en nuestro país. Primero comprobamos su eficacia y, como los resultados fueron satisfactorios, fuimos sustituyendo progresivamente las calderas de gasóleo».El desafío no era menor. El complejo está situado a casi 2.000 metros y debe garantizar calefacción y agua caliente durante todo el año en condiciones climáticas de alta montaña.Actualmente, según explica su gerente, la implantación del sistema ha permitido reducir aproximadamente un 75 % del consumo global de gasóleo, un porcentaje que todavía esperan mejorar.El siguiente reto ya no está tanto dentro de los edificios como fuera de ellos: la movilidad interna y el transporte de mercancías.El nuevo vehículo 100% eléctrico y 4x4 mostrado en la Fira de Vic.Lugares de Aventura«Ahora estamos trabajando para conseguir vehículos eléctricos que puedan funcionar en condiciones de montaña. Necesitamos, por ejemplo, un vehículo eléctrico con tracción a las cuatro ruedas que pueda transportar mercancías y actuar como vehículo de servicio».Las particularidades de Núria complican la electrificación. Ese vehículo debe poder trabajar con nieve, transportar carga y asumir funciones de servicio incluso cuando otras instalaciones, como el telecabina, tienen que detenerse por circunstancias meteorológicas.Un máximo alrededor de 3.000 personasNo disponer de carretera presenta dificultades logísticas, pero también proporciona una herramienta excepcional para gestionar los visitantes. El cremallera permite conocer con gran precisión los flujos de entrada y salida y establecer, de facto, una capacidad máxima.Toni sitúa esa cifra entre 2.800 y 3.000 visitantes a lo largo de una jornada, teniendo en cuenta tanto la capacidad del espacio natural como la de los servicios de restauración, ocio, telecabina o esquí.«Este es nuestro límite operativo. Cuando se alcanza esta capacidad, las personas que no han realizado una reserva pueden tener dificultades para acceder».El comportamiento es diferente según la estación del año. En invierno, las entradas y salidas se concentran: muchos visitantes quieren llegar por la mañana y regresar aproximadamente a las mismas horas.En verano la situación cambia. Los primeros trenes transportan a numerosos excursionistas que después se dispersan por la montaña. Algunos vuelven en cremallera, otros bajan caminando por el camino viejo y otros realizan travesías. A ellos se suman las familias y los visitantes que permanecen en el entorno inmediato del Santuario.Esta diversidad, sostiene Toni, ayuda a distribuir las personas por el territorio.«Nosotros ocupamos una superficie relativamente pequeña dentro del conjunto del valle. Los edificios, las principales actividades y las pistas de esquí están concentrados en la zona central. A partir de ahí, la gente se reparte mucho».Unos permanecen en la explanada, otros pasean, realizan alguna actividad o empiezan una excursión. Eso no elimina la necesidad de seguimiento ambiental, pero evita, según el gerente, grandes concentraciones permanentes en un único punto.Visitantes de un día y turistas que se quedanVall de Núria tampoco quiere escoger entre ser una destinación para excursionistas de un día o fomentar estancias más largas.La relativa proximidad a Barcelona y a otros núcleos urbanos genera inevitablemente un volumen importante de visitantes que suben y bajan en una misma jornada. Pero el complejo dispone también de alojamiento y busca mantener ambos perfiles.«Tenemos las dos realidades. Queremos encontrar el equilibrio entre los visitantes de un día y las personas que se alojan y viven una experiencia más larga y profunda».Ese equilibrio tiene también una dimensión territorial. La actividad económica de Núria, argumenta, no puede analizarse únicamente desde los límites de la estación.Una parte de sus trabajadores reside en Queralbs, Ribes de Freser y otras localidades próximas. Y el movimiento de visitantes repercute también sobre alojamientos, restauración, comercio y servicios del Valle de Ribes.«Vall de Núria debe contribuir a generar oportunidades económicas y sociales para el conjunto del territorio».Nuevo mirador de la Vall de Núria.Lugares de AventuraLa inauguración en junio del nuevo Mirador del Llac ejemplifica el equilibrio que Vall de Núria busca entre renovación turística y conservación.Para Casals, la instalación no debe entenderse como una atracción aislada creada únicamente para añadir una nueva actividad, sino como un recurso para interpretar aquello que ya existe.«Queremos incorporar propuestas que ayuden a mantener el interés de los visitantes, pero siempre poniendo en valor el paisaje. El mirador no es una atracción desconectada del entorno, sino una manera de ayudar a descubrirlo e interpretarlo».El proyecto puede tener continuidad mediante un circuito de miradores que aproveche caminos ya existentes. La filosofía, explica, es que Vall de Núria actúe como un centro desde el cual aproximarse a la montaña y tener incluso una primera experiencia de contacto con ella.El nuevo espacio se ha planteado también con criterios de accesibilidad. Pero en este punto aparece nuevamente uno de los límites del modelo: facilitar el acceso sin urbanizar la montaña.«Se ha trabajado para que el recorrido sea accesible, pero continúa siendo un itinerario de montaña. Para determinadas personas, la mejor solución son las sillas de ruedas adaptadas a estos terrenos. No queremos pavimentar los caminos ni transformar artificialmente el entorno».Una historia que empieza mucho antes del SantuarioEl relato histórico de Núria también está cambiando. El descubrimiento de la Cueva 338, conocida como Catau de l’Os, ha aportado evidencias de presencia humana a más de 2.200 metros de altitud desde hace miles de años.Hasta ahora, buena parte del relato histórico de la vall giraba alrededor del Santuario, San Gil, los pastores y la tradición religiosa. Los nuevos hallazgos permiten ampliar enormemente esa cronología.«EL descubrimiento nos permite retroceder mucho más en el tiempo y hablar de los primeros habitantes del valle. Es una nueva capa de nuestro patrimonio y de nuestra autenticidad».Para Toni, la arqueología no sustituye el relato tradicional de Núria, sino que lo enriquece. La autenticidad que quieren transmitir deja así de depender únicamente del Santuario o de una actividad relativamente moderna como el esquí y se conecta con una relación entre seres humanos y alta montaña de miles de años.«No somos estación de esquí; tenemos estación de esquí»Y queda la pregunta inevitable: qué papel puede tener el esquí en una destinación de montaña que quiere reducir su impacto ambiental, diversificar actividades y funcionar durante los doce meses del año.Toni responde con una frase que resume el modelo que defiende:«Nosotros solemos decir que Vall de Núria no es una estación de esquí, sino que tiene una estación de esquí».La distinción es importante. El esquí seguirá formando parte de Núria, pero no pretende definir por sí solo la destinación.Vall de Núria, santuario y estación de esquí en el Prepirineo catalánTercerosLa estación es pequeña. Cuenta con una zona especialmente adecuada para debutantes cerca del Santuario y con un sector de bosque que Toni considera uno de sus espacios más atractivos.«Es una actividad que ya forma parte de Vall de Núria, que hemos heredado y que queremos conservar».Su posicionamiento será fundamentalmente familiar, de proximidad y de iniciación. La intención no es competir con las grandes estaciones del Pirineo ni aumentar considerablemente su dominio esquiable.Las inversiones previstas siguen esa lógica. Las mejoras en la pista de Les Creus, por ejemplo, tienen como objetivo facilitar que los debutantes puedan evolucionar progresivamente hacia pistas de dificultad media.«No queremos crecer, sino optimizar lo que ya tenemos. Las inversiones deben servir para mejorar la experiencia, cuidar las instalaciones existentes y adaptarlas mejor a las necesidades de los usuarios, no para ampliar la estación».En cierta manera, esta última frase sirve también para definir el conjunto de Vall de Núria. En un sector en el que durante décadas desarrollo turístico fue casi sinónimo de crecer, construir y aumentar capacidad, el modelo que describe su gerente pretende avanzar en la dirección contraria: hacer más con el espacio existente, añadir valor sin perder identidad y convertir las limitaciones de un valle al que no llegan los coches en su principal ventaja.
Vall de Núria: «No queremos crecer, sino preservar lo que nos hace únicos»
Vall de Núria ha construido un modelo turístico singular alrededor de tres elementos que considera irrenunciables: el Santuario, el entorno natural y el tren cremallera. Sin acceso por carretera y con la voluntad explícita de no competir en volumen con otros destinos de montaña,...







