España ha roto, de nuevo, su umbral de dimisiones. En junio se registró un récord de 323.455 bajas voluntarias de afiliación, lo que lleva el acumulado en el primer semestre a los 1,54 millones, un 3,9% más que en el mismo periodo del año anterior. Una evolución que permite anticipar con claridad que 2026 volverá a superar por segundo ejercicio consecutivo la barrera de los 3 millones de renuncias al trabajo.Aunque lo más sorprendente es que el 77% de esas renuncias corresponden a trabajadores indefinidos, que suman 1,2 millones. Y decimos sorprendente porque antes de la reforma laboral apenas llegaban al 37%. Pero ¿el hecho de que haya más indefinidos explica por sí solo que sus dimisiones se hayan disparado?

Es cierto que el peso del empleo indefinido sobre el total de los afiliados al Régimen General es similar: llega al 78%, desde el 61% que anotaba en junio de 2019 (periodo que elegimos para descontar la distorsión de la pandemia). Sin embargo, este dato merece una segunda lectura: hace siete años ya suponían seis de cada diez afiliaciones al Régimen General, aunque solo aportaban poco más de un tercio de las dimisiones. ¿Qué ha pasado desde entonces para que la situación cambie con tanta intensidad?