El servicio meteorológico de Catalunya (Meteocat) ha confirmado una sensación que todo el mundo ha tenido este último mes. Este julio ha sido el más cálido –y uno de los más secos– desde que hay registros. Si nos atenemos específicamente a Barcelona, el Observatorio Fabra también ha registrado el julio más cálido de la historia, que cuenta con una serie de 112 años de datos.PublicidadEl calor se ha hecho presente tanto de día como de noche. La estación Barcelona -Can Bruixa- ha registrado 26 noches tórridas, superando así las 21 que se registraron en el mismo mes de 2006. La de Barcelona -el Raval- acumula 31. Es precisamente en los barrios vulnerables donde este calor es más peligroso para la salud, como ha evidenciado el último estudio del Instituto de Investigación Urbana de Barcelona (IDRA) ¿Quién puede protegerse del Calor?La precariedad económica y habitacional, añadida a barrios densos y con falta de vegetación, agrava el impacto en la población de las olas de calor. Uno de los datos del informe es que sólo el 39% de los hogares con rentas bajas de la demarcación de Barcelona se puede permitir tener aire acondicionado en casa, ante el 71% de los hogares con rentas altas, un factor que determina el riesgo de muerte en episodios de calor extremo.Para hacer frente a esta situación, el pleno del Ayuntamiento de Barcelona aprobó el pasado 24 de julio varias medidas de urgencia a propuesta de Barcelona en Comú y ERC. Los Comuns propusieron climatizar 20.000 viviendas de hogares vulnerables a través de aires acondicionados, bombas de calor y aerotermia, con una dotación de 10 millones de euros anuales durante cuatro años. ERC plantea un plan de formación y empleo vinculado a la adaptación climática de las viviendas. La investigadora del último informe de IDRA y miembro de la Assemblea Catalana per la Transició Ecosocial (acTe), Eva Vilaseca, pone de relieve que "el nuevo clima ya ha llegado", una evidencia que se sostiene en que las temperaturas superan las previsiones "más optimistas", afirma. Vilaseca urge a "apretar el acelerador para adaptar las ciudades, la economía y la forma de organizarnos a la nueva realidad climática". PublicidadEn el caso de Barcelona, la experta apuesta por combinar la acción tanto en el espacio público como en el interior de los hogares, así como un plan para el despliegue de las renovables en la ciudad, que ahora es prácticamente inexistente. Más allá de Barcelona, también pide una fiscalidad más justa, "como medida de reparación", para sectores causantes del efecto climático, como el de la aviación.La salud ante el calor: una cuestión de clase socialBarcelona ha alcanzado los 40º por primera vez desde que hay registros, una situación que la portavoz de Barcelona en Comú, Gemma Tarafa, comparó con las cifras de aires acondicionados en los hogares barceloneses. "Sólo el 50% de la población tiene aire acondicionado en nuestra ciudad. Somos el país de la UE donde más gente declara no poder pagarse el aire acondicionado", afirmó la portavoz del partido durante el pleno municipal de julio.La medida de desplegar aires acondicionados en hogares vulnerables responde a una urgencia que, según Vilaseca, se explica y tiene sentido porque "hay una cuestión de clase". No todo el mundo puede costearse la instalación, y no todo el mundo puede luego pagar la factura. "El cambio climático determina las olas de calor, pero el diseño urbano y, sobre todo la renta, es lo que acaba determinando qué personas concretas sufren este calor. Es lo que determina si te mueres o no por el calor", apunta. PublicidadEn Catalunya las muertes atribuibles a este factor ya suben hasta 544 durante 2026, según el Sistema de Monitoreo de la Mortalidad Diaria (MoMo). En el último informe trabajado por la investigadora, explica que la población que más sufre el calor son las mujeres mayores en viviendas mal aisladas, no se pueden pagar el aire acondicionado y viven en barrios de renta baja.Para Vilaseca, las defunciones "son la punta del iceberg", pero el calor también provoca "ingresos hospitalarios, enfermedades, estrés y malestar", unos factores por los que considera que "políticamente se debe reaccionar entorno al calor". La experta valora positivamente la política de la climatización en los hogares vulnerables, pero duda de que pueda acabar siendo una medida "de oportunismo político" que "repercuta a una parte muy pequeña de la población, sea una política simbólica", y no se desplieguen medidas más estructurales. "En el momento de urgencia que vivimos ya tenemos suficiente de programas pilotos, debe ir acompañada de otras medidas", sostiene.Sacar asfalto, climatizar hogares, desplegar renovables y fiscalidad"Es fundamental quitar el asfalto de la calle", indica Vilaseca, porque provoca "el efecto isla de calor". A una ciudad sobre asfaltada como la ciudad condal le cuesta mucho enfriarse. "Lo más importante que se ha hecho en Barcelona en este sentido son los ejes verdes y las superislas", asegura la experta."Barcelona sufre de calor nocturno", ya que "es el que no deja dormir y descansar". La presión de calor continuada durante el día y la noche "provoca acumulación de estrés térmico, y acaba generando efectos negativos en la salud", indica. La investigadora critica que "se aplicaron medidas estructurales cuando se inició el proyecto de las superislas, pero el nuevo gobierno no ha avanzado en esta política".El PSC pactó con Junts en 2022 detener la creación de nuevas hasta que no se evaluara el impacto, y una vez Jaume Collboni asumió la alcaldía, centró la política en recuperar los interiores de la manzana del Eixample, un plan que va con retraso.Por otra parte, Vilaseca también asegura que plantando árboles "no será suficiente, también se tiene que rehabilitar y climatizar los edificios". Sobre los refugios climáticos, también valora la cantidad de estos espacios creados en Barcelona, pero la experta advierte que "no puede ser la solución". "Es como si en invierno enviáramos a todo el mundo a un refugio climático, no tiene sentido". Hacen falta políticas en el interior de los hogares, y de eso no se habla porque no se ha entendido el calor como un problema público". La experta en transición ecosocial anota que la mayoría de las políticas de rehabilitación, como provienen de Europa, están orientadas al frío. De hecho, justo este junio han finalizado las subvenciones europeas Next Generation para la rehabilitación y climatización de edificios, y todavía no se ha anunciado ninguna que supla su función.PublicidadCon todo, Vilaseca asume que la transformación urbana es lenta, y conlleva tiempo. La miembro de acTe pide que la climatización y rehabilitación vaya acompañada de un programa de despliegue masivo de renovables en la ciudad. "De todo el potencial de placas fotovoltaicas que podría haber en Barcelona, sólo hay el 2,5% y esto nos solucionaría el 60% del consumo eléctrico de los hogares", asegura.Para posibilitar todo esto, en el reciente informe de IDRA se plantea un Fondo Climático Provincial, financiado con el excedente de la energía renovable y con el principio de "quien contamina, paga", para redistribuir recursos hacia los hogares que tienen menos capacidad de protección. La principal fuente de financiación sería a través de la fiscalidad y esto también afectaría al sector de la aviación y a las energéticas, aunque la experta considera que el concepto más correcto no debería ser "fiscalidad" sino "reparación", por el daño hechos durante todos estos años.Ciudades, no saunasPrecisamente la última semana Artivist Network y Ecologistes en Acció realizaron una acción en el barrio del Raval para denunciar que el calor ya constituye una emergencia de salud pública, bajo el lema Ciudades, no saunas.PublicidadDesde Ecologistas en Acción exigen al Gobierno municipal que "deje de emitir mensajes contradictorios" ante la emergencia climática y actúe con coherencia. Critican que, mientras el Ayuntamiento se pone medallas por el número de refugios climáticos con los que cuenta la ciudad mientras se potencian actividades que emiten enormes cantidades de CO2, como el turismo de cruceros o el tráfico aéreo. La entidad alerta de que si se acaba produciendo la ampliación del Aeropuerto de El Prat que quiere Salvador Illa, las emisiones aumentarían un 45% y se agravaría la masificación turística. "Estas actividades contribuyen fuertemente al calentamiento global y nos acercan aún más al abismo climático", se lamentan. La entidad reclama, así, frenar la ampliación del aeropuerto.