A las dos de la tarde, recién entrado agosto, Chema se pone unos pantalones largos y guarda el casco para la moto. Lleva un polo de poliéster y las piernas recubiertas de un tejido con un 52% de nylon, dos materiales menos transpirables y, generalmente, más baratos que el algodón. Para ser más visible en su trabajo usa un chaleco de poliamida, material sintético al que pertenece el nylon y que combina con un 31% de algodón. “Si vas en moto hay que ir con botas altas, por si se produce una caída, y un pantalón con protectores y cazadora que no ayudan a sobrellevar el calor. Eso, sin contar el casco”, resalta este agente de movilidad, uno de los cuerpos uniformados de Madrid dedicado exclusivamente a regular el tráfico y vigilar la circulación en vías urbanas.
Chema Sánchez ejerce como secretario general del sindicato Progresa, que defiende a los agentes de movilidad en Madrid. Este equipo especializado nació en 2004 con Alberto Ruiz Gallardón, que dispuso a los primeros 150 agentes con dedicación exclusiva a la gestión del tráfico “y el compromiso de una presencia física permanente”, tal y como el propio Ayuntamiento les describe en su página web. Hoy son casi 600 los efectivos que componen el servicio público, integrado en el área de Gobierno de Medio Ambiente, Urbanismo y Movilidad. No forman parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad, porque no van armados, pero sí organizan patrullas.








