La educación ha sido parte de su historia desde que nació: su abuelo Gustavo fue uno de los fundadores del Colegio Intisana en Quito; sus dos padres, también educadores; varios de sus hermanos (tiene diez) son docentes o trabajan en el ambiente educativo. “Crecí entendiendo que educar es una forma de servir y despertó en mí la vocación por la psicopedagogía y, especialmente, por la primera infancia”, dice María José Morán.Ella junto con su esposo, Roberto, docente universitario, crearon KORA, un centro de exploración temprana para pequeños entre 0 y 4 años, situado en el C. C. Vizcaya Plaza, piso 2, en el Nuevo Samborondón. “La primera infancia no es una etapa de espera antes de la escuela; es el momento en que se construyen las bases del desarrollo cognitivo, emocional y social que acompañarán a una persona durante toda su vida”, enfatiza María José, quien explica que KORA nació de dos miradas que se encontraron: la profesional, después de años trabajando con niños y viendo todo lo que la escuela recibe cuando la primera infancia no ha sido suficientemente estimulada. Y la personal, como madre de Florencia (2 años y 11 meses) y Agustina (1 año y 3 meses), al buscar un lugar donde sus hijas pudieran explorar con libertad y descubrir que ese espacio simplemente no existía. ¿Cuándo se deja de ser niño? Lo que dicen padres, psicólogos y docentes sobre el Día del NiñoLos padres necesitan comprender que las experiencias cotidianas tienen un enorme valor para el desarrollo de sus hijos y el gran error es creer que aprender significa únicamente leer, escribir o contar. Antes de todo eso, recalca la experta, un niño necesita sentirse seguro, explorar, equivocarse, resolver pequeños desafíos y aprender a convivir con otros. ¿Por qué es tan importante desarrollar la primera infancia? “Porque es una etapa irrepetible. Lo que ocurre durante esos primeros años tiene un impacto directo en la manera en que una persona aprende, se relaciona y enfrenta la vida. Entre los 0 y los 4 años se construyen las bases del desarrollo cognitivo, emocional y social. Es en esta etapa cuando los niños aprenden a confiar, a explorar, a comunicarse, a regular sus emociones y a relacionarse con los de más. Todo eso ocurre mucho antes de aprender a leer o escribir”, responde María José. La ciencia lleva décadas demostrando que la primera educación infancia es el periodo de mayor desarrollo del cerebro. “Ya no es una opinión; es evidencia científica. Organizaciones como el Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard, Unicef y la Academia Americana de Pediatría coinciden en que cerca del 90 % del desarrollo cerebral ocurre antes de los 5 años. En ese periodo el cerebro forma millones de conexiones neuronales que dependerán de las ex periencias que viva el niño”, agrega. También se sabe que el juego consciente favorece el lenguaje, la creatividad, la memoria, el autocontrol y las habilidades sociales. Por eso es importante ofrecer espacios donde los niños puedan explorar, moverse, interactuar y aprender haciendo. Pareja y padres, dos roles diferentes: qué pasa con la relación con la llegada del primer hijoSobre el desarrollo de la primera infancia en Ecuador, sostiene que hay avances, pero aún existe una visión muy enfocada en el cuidado y poco en el desarrollo integral. “Creo que cada vez existe mayor interés por la primera infancia, y eso es muy positivo. Sin embargo, todavía falta comprender que estos primeros años no son una etapa de cuidado, sino también de un enorme aprendizaje. Necesitamos seguir generando conciencia sobre la importancia del juego, del vínculo con los adultos y de las experiencias tempranas”. María José está convencida de que ser mamá la ha hecho una mejor educadora y ser educadora le ha dado herramientas para vivir la maternidad con mayor conciencia. Sin embargo, ninguna de las dos experiencias viene con respuestas perfectas. “Los niños y niñas no necesitan padres perfectos; necesitan adultos presentes que los acompañen mientras ellos descubren el mundo”. ¿Qué consejo daría a los padres de familia? “No subestimen las pequeñas cosas. Leer un cuento, jugar en el piso, cantar, cocinar juntos, dejar que un niño intente ponerse sus zapatos o recoger sus juguetes también son momentos de aprendizaje. Muchas veces pensamos que educar requiere actividades complejas, cuando en realidad las experiencias cotidianas son las que construyen seguridad, autonomía y confianza”, concluye. (I)