El ghanés Gabriel Agyapong vive junto a su mujer y su hijo de ocho meses en un pequeño habitáculo contiguo al invernadero en el que trabaja. Cada mañana observa desde la puerta las carpas que componen el “mar de plástico”, una extensión de 30.000 hectáreas de cultivos conocida como “la huerta de Europa”. Sueña con retomar los estudios de Magisterio que dejó en su país para llegar a España en busca de nuevas oportunidades laborales. Agyapong es uno de los 25.000 trabajadores en situación irregular que recogen las frutas y hortalizas en el campo de Almería. Cultivos que terminan en la mesa de un sinfín de hogares. Para él, como para el más de un millón de personas que han solicitado acogerse a la regularización extraordinaria –aprobada en abril de 2026–, este proceso representa la oportunidad de empezar una nueva vida.