Nadie sabe decir con exactitud cuándo cerró ese viejo negocio de electrónica, ni cuándo abandonaron el edificio sus últimos moradores. Ningún vecino recuerda ya la historia de ese inmueble color mostaza en cuya fachada, el antiguo número de teléfono de la tienda, se resiste a desaparecer. Está en la calle González Sandino de Madrid, en el distrito de Tetuán, y es uno de los inmuebles que el Ayuntamiento de Madrid declaró en ruina en 2025. Nadie sabe cómo era cuando tenía vida, pero los vecinos intuyen qué puede pasar con él. “Se convertirá en eso”, dice uno de los residentes señalando el bajo que está al lado y que ha pasado de ser un garaje a dos viviendas. Las ruinas de Madrid pueden ser los pisos del mañana.Desde 2018, un total de 154 edificaciones han sido declaradas en ruina, según los datos del Ayuntamiento de Madrid. Existen varias causas para este dictamen. En un pequeño porcentaje, se decreta por un evento de fuerza mayor. Este es el caso del edificio de General Pardiñas, en el distrito de Salamanca, que en mayo de 2022 sufrió una explosión que mató a dos operarios. O las dos fincas en la calle Azcoitia, en Carabanchel, que este enero se derrumbaron tras otra explosión y que dejó una víctima mortal. Otro motivo es la mala calidad de los materiales empleados. Pero la principal razón es la “falta de continuidad” o “incumplimiento” de la conservación del inmueble por parte de los propietarios, algo que sucede en un 83% de los casos.La casuística que ha llevado a cada inmueble hasta esa situación de no retorno es muy variada, pero habla, en buena medida, de una ciudad que se muere para dar paso a otra. El caso de Tetuán —el distrito con más expedientes de ruina después de Villaverde— es tan paradigmático que un grupo de ciudadanos se organizó hace años en el Grupo Protección del Patrimonio de Tetuán para catalogar y solicitar medidas especiales para conservar esas casitas bajas que todavía resisten en un paisaje urbano plagado de inmuebles sin personalidad. Son las viviendas que levantaron desde finales del siglo XIX y hasta la posguerra los ciudadanos que llegaban a Madrid provenientes de otras provincias de España y que, en muchos casos, construyeron con sus propias manos. Sin embargo, los derribos no cesan. No es difícil toparse con una grúa caminando por Tetuán, incluso en pleno agosto. Son el paso natural tras la demolición de estas casas bajas. “Las que quedan son las que han sobrevivido hasta ahora a la presión inmobiliaria, representan el acceso al último suelo disponible en Madrid”, señala Enrique Manzano, arquitecto experto en urbanismo e inmobiliaria y miembro de la junta directiva del Colegio de Arquitectos. Estas promociones se venden como una oportunidad única de comprar en el casco urbano. “El tiempo es el que marca cómo cambian los edificios y la transformación de hoy viene del plan general de ordenación del 85, en el que se permitió que esas casas de una planta se convirtieran en edificios de hasta cuatro”, añade. Muchas de estas casas bajas que componen el catálogo ruinoso son los restos de los cascos históricos de los antiguos pueblos de Madrid, que se incorporaron a la capital entre los años 50 y 51 como distritos. Es el caso de muchas viviendas en Barajas y en Fuencarral-El Pardo. “Esas casas bajas son muy pequeñas, así que se tiene que dar la circunstancia de que se junten dos o tres seguidas para poder hacer una promoción de pisos, por eso todavía resisten bastantes”, explica César S., de la asociación vecinal de Barajas. En ese distrito se han declarado en ruinas cuatro viviendas desde 2018 y todas son de este tipo. Como se puede ver en los siguientes mapas, la mayoría de construcciones en ruinas en Madrid son casas bajas unifamiliares: 37 de los 43 edificios entre 2024 a 2026. Todas estas viviendas fueron construidas antes de 1965, lo que evidencia la relación entre antigüedad, falta de mantenimiento y deterioro estructural.En el caso de Fuencarral, se da la circunstancia de que el plan general de ordenación urbana no permite levantar más de dos alturas dentro de ese caso, lo que resulta poco atractivo para promotores. Este distrito ha visto cómo se declaraban en estado ruinoso 12 fincas en nueve años. “Pertenecen a personas que son de Fuencarral de toda la vida, son muy pequeñas. Cuando fallecen, no hay herederos o bien los hijos emigraron hace tiempo”, apunta Antoine González, de la asociación de vecinos de Fuencarral. Los edificios deben pasar la inspección municipal regularmente. Cuanto más antiguos son, más a menudo. Cuando un inmueble recibe dos revisiones desfavorables, entra en el proceso de ser declarado como ruinoso. En algunos de los edificios en ruinas que ha visitado este periódico y que son en apariencia inhabitables, sigue viviendo gente.Tras la ruina se esconden muchas veces situaciones de máxima vulnerabilidad. Este es el caso de una casa baja declarada en ruina en la calle Blasón, 3. Allí, tras un portal aparentemente de una comunidad vertical de vecinos, hay un patio con seis viviendas de una planta. En una de esas casas residía un matrimonio que dejó de pagar su hipoteca hace años y su vivienda fue adquirida por un fondo de inversión, que abandonó el mantenimiento, según explica una fuente vecinal que prefiere omitir su nombre. Con el paso de los años, esto empezó a generar grietas en otros inmuebles y los bomberos tuvieron que acudir un día de 2023. El veredicto fue tajante: ruina. Año y medio después, el Ayuntamiento derribó la casa y ahora hay un solar que pertenece a este fondo. El pasado industrial también es testigo mudo de cómo ha cambiado nuestra forma de consumir y de producir. El taller Fega mantiene su rótulo en lo que queda de sus instalaciones en una esquinita de Carabanchel Alto. El edificio data de 1962. Primero fue una fábrica de galletas y panadería, hasta que, en 1972, se convirtió en un taller de reparación bautizado con el acrónimo de los apellidos de los dueños del negocio. La que lo cuenta es María José, la hija de este matrimonio, que ha trabajado en él casi toda su vida. La propiedad es de una orden religiosa. Hace dos años, sufrió unos daños irreversibles en su cubierta y hubo que derribar la nave y, en 2024, la finca fue declarada en estado de ruina. A María José le apena este final. Allí queda el rótulo con la mezcla del apellido de sus padres. “Me gustaría tenerlo, pero no sabría dónde meterlo”, bromea.También existe el problema de la falta de herederos. En plenas fiestas de la Virgen de la Paloma de 2023, los cuatro vecinos que vivían en el número 36 de la Cava Alta, en el corazón de La Latina, fueron desalojados porque cayó un cascote a la calle. Los bomberos acudieron al inmueble y comprobaron que los pilares habían quebrado. Carlos Sánchez fue uno de esos últimos residentes. “Nos tuvimos que ir corriendo”, recuerda. La casa permaneció muchos años sin propiedad, después de que el dueño falleciera en los años cincuenta y hasta 60 años después no apareció un heredero, explica este vecino. Hoy, tras la fachada, se observa el vacío después de que derribaran el interior. El inmueble sigue así en una de las zonas más cotizadas de Madrid. Existen casos puntuales que llaman la atención. La colonia Parque Metropolitano es un conjunto de casas con terreno edificadas a partir de 1918. Tiene un pasado glorioso, de hecho, se la conocía como el Hollywood español. En ella han vivido el premio Nobel Vicente Aleixandre, el torero Domingo Ortega, el escultor Sebastián Miranda, el productor y director de cine Edgar Neville o la actriz Catalina Bárcena ―la primera española en viajar a Hollywood―. Allí, en la calle poeta Ángela Figuera, un chalé levantado en 1952 fue declarado en ruina en 2024. Prueba de lo costoso que es mantener una parcela de 470 metros cuadrados. En la zona ahora abundan residencias estudiantiles gestionadas por órdenes religiosas. Según cuentan dos monjas, los propietarios actuales se resisten a vender la propiedad por un motivo sentimental.
El mapa de las ruinas de Madrid: fondos de inversión, falta de herederos y edificios centenarios
El Ayuntamiento declara en estado ruinoso 17 inmuebles de media cada año, casi todos viviendas unifamiliares, y la principal causa es la falta de mantenimiento de sus propietarios







