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Londres / 12.08.2026 01:03:58

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Los pasajeros ricos que vuelan con frecuencia, ya sea en rutas de larga distancia o por negocios, apenas notarán el impacto del impuesto al carbono de Bruselas sobre la aviación internacional. En cambio, las familias que emprenden su viaje anual a la playa con una aerolínea de bajo costo es probable que no corran con la misma suerte.La Unión Europea propone extender su gravamen sobre el carbono a los vuelos internacionales con destino dentro de un radio de 5 mil kilómetros desde el aeropuerto de Fráncfort. Esta medida amplía el sistema actual de precio al carbono, bajo el cual las aerolíneas que operan vuelos en el bloque deben comprar permisos para contaminar. La nueva modalidad entrará en vigor en 2029 y ayudará a financiar inversiones en tecnologías y combustibles de aviación sustentables.Esto generará una presión inmediata sobre los costos de las aerolíneas. La quema de una tonelada de combustible de avión libera poco más de tres toneladas de CO₂. Los permisos de emisión de gases de efecto invernadero cotizan por encima de 80 euros por tonelada, un precio que tiende al alza. Según estimaciones de T&E, organización que aboga por la descarbonización, el sistema añadirá 24 euros al precio de un vuelo entre París y Estambul y representará un incremento por debajo de 10 por ciento en los costos totales de todos los vuelos afectados.A pesar de esto, las aerolíneas tradicionales de larga distancia, como Air France-KLM y Lufthansa, pueden experimentar un aumento de las ventas gracias a una mayor igualdad de condiciones frente a competidores extracomunitarios como Emirates, United Airlines y Turkish Airlines. Hasta ahora, el sistema de precios del carbono dentro de la Unión Europea beneficiaba a las firmas que llegaban desde centros de conexión fuera del bloque, como Estambul. Lufthansa, aunque no está contenta con el costo adicional, recibió bien la medida por su papel a la hora de reducir las distorsiones en la competencia.Las perspectivas pueden ser menos halagüeñas para los operadores de vuelos de corta distancia, cuyas estrategias se centran en los viajeros que dan importancia a los costos ya sufren una fuerte presión debido a los altos precios del combustible de aviación. Además, estas compañías suelen trasladar más rápido los incrementos de costos a los pasajeros; investigadores de la Universidad de Barcelona constataron que, en el caso del actual régimen de impuestos al carbono de la Unión Europea, el importe íntegro se traslada a precio del boleto, frente a 87 por ciento en los vuelos de larga distancia.Esta situación deja a las aerolíneas más económicas y a su clientela —muy sensible a las tarifas— en una posición de incertidumbre. Los clientes de Ryanair, por ejemplo, al parecer muestran una elasticidad precio de la demanda de hasta -2.07; esto significa que un aumento de 10 por ciento en los precios provoca una caída de 20 por ciento en las ventas, según investigadores de la Universidad de Amberes. La elasticidad estándar que tomaron como referencia para el transporte aéreo en la Unión Europea es de -1.4.Michael O’Leary, jefe de Ryanair, sugiere que los “absurdos impuestos ambientales” de Europa llegarán a más viajeros hacia las aerolíneas de bajo costo. Es un pequeño consuelo. Sin embargo, hará que sus clientes actuales —que ya afrontan alzas en los precios de los boletos— se sientan aún más presionados económicamente.