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CatalejoLos guatemaltecos, en general, tenemos clara la posibilidad de terremotos como un hecho histórico.

Comienzo este Catalejo con un mensaje de apoyo solidario personal para los hermanos de Colombia, un país hermano similar a Guatemala en muchos temas, entre ellos estar localizados en complicadas y peligrosas zonas sísmicas, donde los movimientos telúricos han sido comunes desde hace cientos de miles de años. El terremoto del lunes, de grado 7.4, con epicentro en Chocó, al oeste de Bogotá, e hipocentro de cien kilómetros debajo de la superficie, aún no ha mostrado la verdadera suma de víctimas mortales o personas soterradas entre los escombros, porque esta se irá conociendo según actúen los rescatistas nacionales y quienes vendrán de fuera para realizar esa dolorosa y peligrosa tarea. Es el terremoto más fuerte de este siglo en esa zona.

Los videos ya conocidos internacionalmente impresionan a cualquiera al observar el terreno moviéndose y el derrumbe de casas de habitación, pero sobre todo de edificios de varios pisos, en algunos casos de mucha edad. Pero en casi todos los casos, verlos derrumbándose y aplastar a personas, al ver el ancho de las columnas, no dejan duda de graves errores de construcción, por causas tan variadas e irresponsables como corrupción, de efectos criminales, cálculos estructurales mal hechos, con intención o no. Un viejo dicho entre los ingenieros señala a los terremotos como las pruebas imposibles de borrar, con la excepción de los casos de magnitudes sísmicas muy superiores a aquellas registradas por años en los sismógrafos de las entidades encargadas.