Revivir con el ocaso, salir a la calle cuando la luz desaparece, protegerse de los rayos de sol como si nos fuera la vida en ello. Aunque es una figura que puede no venirnos a la cabeza de primeras cuando pensamos en el verano, ciertamente los vampiros llevan siglos mostrándonos cómo sobrevivir a una ola de calor. En estas semanas en las que las temperaturas no dan tregua, la escritora y podcaster Lucía Lijtmaer repasa los clásicos del género mientras espera el anochecer para salir a la caza de un trago de espesa y rojiza… sangría.Publicidad"Las pelis de vampiros lo tienen todo. Para empezar, esa especie de sexualidad presexual, con la que puedes sugerir erotismo sin que se tenga que mostrar nada. También ambigüedad, porque los vampiros durante mucho tiempo han sido los únicos personajes masculinos que tenían permiso para tocar, besar e hincar el diente a otros hombres, y las mujeres igual. Representan lo queer por excelencia, lo no normativo", comienza explicando la autora del éxito internacional Cauterio.Lijtmaer está convencida de que la fascinación por estos seres nocturnos comienza en la infancia. "Los vampiros pensados para el público infantil, como el de Barrio Sésamo, molan un montón, y se convierten en los favoritos de niños que se salen un poquito de lo estándar". En su caso, "lo que me encantaba de los vampiros de pequeña es que tenían reglas, y eso es muy satisfactorio para un niño, porque te las van aprendiendo y puedes adelantarte a qué va a ocurrir si pasa tal cosa. Que no les puede dar la luz del sol, que el ajo les repele y el agua bendita les quema, que no pueden mirar cruces… Es como un juego que puedes seguir".Reconoce que ver pelis de vampiros en verano "empieza a ser una tradición, porque con el cambio climático nuestra vida se va pareciendo más a la suya. Salimos a la calle cuando baja el sol, nos gusta estar a la menor temperatura posible, y huimos de compromisos sociales". El vampiro es una figura "sorprendentemente veraniega", además de una guía para el mundo moderno: "en el fondo es todo lo que querríamos ser: sexis, roqueras, frías, bien vestidas, dueños de la noche…".¿Qué clásico vampírico escoge para la canícula que estamos atravesando? Pues Jóvenes ocultos, la ochenterísima película firmada por Joel Schumacher. "Sin ser nostálgica, me retrotrae a una época que echo de menos. Ese cine predigital, que ahora parece tan inocente, donde las cosas suceden más despacio. Y donde además las películas duraban ochenta minutos, no ciento cuarenta".PublicidadÚnica historia con vampiros firmada por el autor "muy infravalorado" de Última llamada, Asesinato en 8mm., Línea mortal o Batman y Robin, a la catalana le atrapa "ese aire de romance de verano, de playa, porque es una peli de vampiros que sucede en la costa californiana. Tiene un punto muy gótico, a pesar de la trama juvenil, con personajes adolescentes que parecen sacados de Los Goonies". La define como "una peli de culto, porque tiene un punto muy glam. Es la primera cinta donde Kiefer Sutherland tiene un papel importante, y se come la cámara".Acostumbrados a la desabrida paleta de colores del cine contemporáneo, la mitad del dúo tras el podcast Deforme semanal destaca que, "aunque ahora nos puede parecer todo muy de cartón piedra, el cine que no estaba destinado a ser consumido en plataformas tenía mucho más colorido". Define Jóvenes ocultos como una cinta que "se nota que está hecha para verse en cine, aunque después lo reventara en los videoclubs. Tiene un registro de color amplio, por ejemplo el tránsito hacia la noche es muy chulo".En la trama, dos hermanos recién llegados a ese enclave costero tendrán que ingeniárselas para que el mayor de ellos no termine convertido en un chupasangre, tras ser seducido por un grupo de moteros de afilados colmillos. "Me gusta mucho que muestre personajes transitando a vampiro, tardan un tiempo en transformarse y pasan por estados intermedios muy interesantes. También me encanta la imagen de los personajes colgándose de un puente por presión de grupo, porque están en esa edad de: si tus amigos se tiran por un puente, ¿tú también te tiras? La respuesta es sí".PublicidadSi la protagonista de esta historia hubiera sido la autora del ensayo Ofendiditos, quizás se hubiera dejado ‘vampirizar’ hasta el final. "¿Cómo no nos va a atraer convertirnos en vampiro? Van siempre muy bien vestidos, son atractivísimos con esa palidez, las gafas oscuras… Son de lo más cool". De hecho, cree que hay gente que ya va practicando: "¿qué es un after si no una cueva vampírica? Se bajan las persianas, la luz del sol no puede pasar, no entra nadie que no haya sido invitado… y al salir a la calle la luz te fulmina".Este verano será una buena ocasión para practicar la vía del vampiro. Mientras espera a que pasen las horas más calurosas, Lucía Lijtmaer aprovecha para "leer, descansar, estar con mis amigas, y caer en la conversación de cada año: ¿y si lo dejamos todo y nos vamos al campo?, ¿podríamos vivir con un huerto? Con lo difícil que es un huerto… A mí no me crece ni el helecho que tengo en casa. Pero la utopía de no producir nos anima".Para la escritora nacida en Argentina y criada en Barcelona, el estío es momento de "huir de estar pendiente de todo y alimentar lo bonito, lo que me hace sentir bien. Una piscina, unas patatas al jamón, un helado de chocolate… Salir de la conexión, de estar todo el rato pendiente de todo lo que pasa. Con una amiga siempre hablamos de volver a vivir como en los noventa, menos pegadas al teléfono y a un ritmo más lento".Para ella, el sistema más eficaz es meterte a una sala de cine, "que es lo más parecido a la meditación que tenemos. No miras el teléfono, estás concentrada en algo durante dos horas y no importa lo que pase fuera". Si alguna sala se anima a montar un ciclo sobre vampiros este verano, no les faltará una fiel espectadora.
Lucía Lijtmaer y su afición por las pelis de vampiros: "Representan lo 'queer' por excelencia"
Tan protegida del sol como sus protagonistas, la escritora y podcaster acude a los clásicos vampíricos para evadirse de los rigores caniculares









