Hay un París de postal, luminoso y complaciente, que la industria cultural suele exportar en bucle. Y hay otro París: el de los callejones oscuros, los deseos prohibidos, la transgresión y la poesía que quema. A este último es al que decidió mudarse la cantante Vera Cirkovic con su nuevo espectáculo, Escombros de un Vampiro Sideral, que se presentará el viernes 22 de mayo a las 20:30 en la Fundación Beethoven (Av. Santa Fe 1452, CABA). Creado originalmente en la Ópera Nacional de Montpellier e ideado en la mismísima París junto a la escenógrafa y directora de arte Oria Puppo, el espectáculo llega adaptado especialmente para el público argentino. La propuesta entrelaza los versos de Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud y Paul Verlaine con la música del compositor Henri Duparc y, fundamentalmente, las partituras de Léo Ferré, el genio anarquista de los años '50 que vistió con acordes las letras de estos poetas malditos. Para el público local, la puesta sumará estrofas, voces y palabras en castellano que funcionarán como un faro entre espectros fantasmales y "flores del mal". El quiebre con el molde clásico Tras una extensa y consolidada carrera interpretando ópera en los escenarios más importantes del mundo, Cirkovic sintió la necesidad visceral de rebelarse contra los encasillamientos. "Estaba aburrida del estereotipo de la canción francesa como se ve acá. Al ser francesa en un país extranjero, un poco te reducen a que te propongan cantar a Piaf, la chanson tal como se espera. Yo quería salir de eso", confiesa la artista. La llave para esa liberación la encontró en su propia formación y en una obsesión de larga data: la potencia de Léo Ferré. "Descubrí que Ferré es un compositor de 'melodía francesa' a la altura de Debussy, Ravel o Fauré. Decidí liberarme del marco del género clásico, hacer mía esta obra fascinante y ser la primera mujer en cantarlas", explica en una entrevista exclusiva. Para lograrlo, Vera se apoyó en los arreglos y la dirección musical de Pedro Giorlandini, en colaboración con el compositor Murci Buscayrol, logrando "sonidos cinematográficos" que construyen un colchón sonoro contemporáneo, donde conviven la técnica lírica con estéticas cercanas al punk, el rock y lo gótico. "Aproveché toda mi formación clásica, del fraseo, de la manera de decir. Yo trabajé con maestros que habían trabajado con Debussy y me enseñaron que había que saber decir la palabra antes de cantarla. Pero la música de Ferré es un quiebre, nos permite entrar en la 'estética de lo feo' que querían estos poetas. Ya no se habla solo de la belleza o la juventud, se tocan temas más terribles y no tan complacientes. Modificar mi voz, no hacerla bella automáticamente para cantar ese texto, es mi forma de rebeldía", define taxativamente la intérprete, quien además asumió la dirección general y la creación de los videos de la obra. Los escombros, el vampiro y el espacio sideral El singular título de la obra no es casual. Nació en pleno confinamiento pandémico y funciona como una mamushka de significados. "Estábamos en plena pandemia cuando preparaba el proyecto para la Ópera de Montpellier. Había una sensación de prohibido, de escombros. El vampiro tiene mucho significado; de hecho, uno de los temas principales se llama Metamorfosis de un vampiro, un poema muy conocido de Baudelaire que es una metáfora de la enfermedad o del amor imposible. Y 'sideral' porque esa sola palabra para mí es como el asombro, lo desconocido", detalla la cantante. Aquí la entrevista completa: