El tren abandona el paisaje gris�ceo de las afueras de Pek�n. Durante 45 minutos, atraviesa campos de ma�z, viejos pueblos de ladrillo rojizo y pol�gonos industriales que resumen d�cadas de crecimiento acelerado en China. Despu�s, sin que exista una frontera visible, todo cambia. Las carreteras se ensanchan, los edificios aparecen alineados con una simetr�a casi obsesiva y los parques se suceden como si hubieran sido dibujados con una regla sobre una inmensa maqueta. El tren entra silenciosamente en la estaci�n de Xiong'an.Bajo una cubierta ondulada de acero y cristal, miles de metros cuadrados parecen preparados para absorber un flujo constante de pasajeros que, de momento, no existe. Los paneles electr�nicos anuncian llegadas y salidas con la puntualidad milim�trica del ferrocarril chino, pero el sonido que domina el vest�bulo no es el bullicio de una gran terminal, sino el eco de maletas rodando sobre el suelo pulido. Una pareja de ancianos espera junto a una columna. Un grupo de j�venes con acreditaciones de una empresa estatal camina hacia la salida. Un robot de limpieza recorre lentamente un pasillo sin tener que esquivar a nadie. En una ciudad levantada para millones de habitantes, todav�a sobran muchos metros de silencio.Fuera de la estaci�n golpea el calor h�medo del verano en la llanura del norte. Los �rboles son j�venes para proyectar una sombra generosa y las avenidas parecen sobredimensionadas para el tr�fico que soportan. A lo lejos, los perfiles de decenas de edificios de oficinas se recortan contra un cielo blanquecino, separados entre s� por parques y lagos artificiales. Cuesta creer que hace apenas nueve a�os aquello fuera una sucesi�n de aldeas agr�colas entre arrozales y campos de trigo.�Bienvenido a la ciudad del futuro�, se�ala un letrero que lleva uno de los taxis el�ctricos que salen de la estaci�n. El conductor se llama Zhang y lleg� desde un pueblo cercano despu�s de que comenzaran las obras. �Cuando se anunci� que aqu� se trasladar�an ministerios y empresas de Pek�n, entendimos que este proyecto iba muy en serio y muchos vinimos corriendo�, explica.Xiong'an no naci� como normalmente las ciudades lo hacen, impulsadas por la industria, el comercio o la llegada espont�nea de poblaci�n. Naci� sobre una mesa de planificaci�n en Pek�n. En 2017, el presidente Xi Jinping anunci� un �proyecto de importancia hist�rica para el milenio�. La frase no era una hip�rbole propagand�stica cualquiera. En el lenguaje pol�tico chino, la palabra �milenio� significa elevar una decisi�n al rango de proyecto nacional destinado a trascender varias generaciones de dirigentes.La misi�n era descongestionar una capital que llevaba a�os creciendo hasta l�mites dif�ciles de gestionar (Pek�n tiene m�s de 21 millones de habitantes), redistribuir funciones administrativas, atraer empresas tecnol�gicas, universidades y centros de investigaci�n. Y, al mismo tiempo, construir desde cero un nuevo modelo de ciudad para la China del siglo XXI. Una urbe inteligente, verde, digitalizada y conectada, donde la contaminaci�n, el urbanismo ca�tico y la especulaci�n inmobiliaria que acompa�aron al milagro econ�mico chino quedaran relegados al pasado.Pocas veces el Partido Comunista ha intervenido de forma tan directa en el dise�o f�sico del futuro. Tres antiguos condados rurales fueron integrados en una �nica ciudad concebida para albergar hasta cinco millones de habitantes. Se invirtieron decenas de miles de millones de euros en carreteras, estaciones de tren, hospitales, colegios, redes de energ�a, parques tecnol�gicos, sistemas de transporte aut�nomo y barrios residenciales enteros que surg�an donde hasta hac�a poco los agricultores cultivaban la tierra.El taxi abandona la avenida principal y entra en uno de esos nuevos distritos residenciales. Bloques de apartamentos se alinean alrededor de jardines muy cuidados. Los edificios comparten una est�tica sobria de tonos claros, balcones y amplios ventanales. No hay rascacielos espectaculares ni las cl�sicas extravagancias arquitect�nicas de otras ciudades chinas. Los urbanistas quisieron evitar la competici�n est�tica que durante a�os llev� a muchas metr�polis a levantar llamativas torres �nicamente para exhibir prosperidad.En una cafeter�a situada frente a un centro comercial, la camarera reconoce que hace dos a�os apenas serv�an una veintena de caf�s al d�a. Ahora, asegura, los fines de semana resulta complicado encontrar mesa libre. �Cada mes llega m�s gente. Muchas familias se est�n instalando aqu��, comenta. No todos comparten la misma impresi�n. Sentado frente a un supermercado, un jubilado apellidado Liu se queja de que todo sigue demasiado vac�o. �Hace falta tiempo para que aparezcan vecinos, amistades, costumbres... A veces paseo por la noche y siento que sobra demasiado espacio�.En Occidente resulta dif�cil encontrar un precedente comparable al de Xiong'an. No se trata solo de construir una ciudad nueva, sino de fabricar un polo econ�mico y administrativo. Los primeros en trasladarse fueron organismos p�blicos y grandes empresas estatales, despu�s llegaron campus universitarios, centros de innovaci�n y sedes corporativas. La infraestructura precedi� a la poblaci�n.El trayecto contin�a hacia un barrio donde circulan autobuses sin conductor que se han convertido en iconos tecnol�gicos. Equipados con sensores l�ser, c�maras de alta resoluci�n y sistemas de inteligencia artificial capaces de interpretar el tr�fico en tiempo real, recorren sus rutas con precisi�n. Desde el exterior parecen anunciar un futuro que ya ha llegado. Desde el interior, todav�a transportan pocos pasajeros. Esa imagen resume quiz� mejor que cualquier estad�stica el momento que atraviesa Xiong'an. Todo est� preparado. Todo funciona. Pero la ciudad sigue esperando alcanzar la velocidad para la que fue dise�ada.En los a�os transcurridos desde que Xi Jinping present� personalmente el proyecto, la ciudad acaricia el mill�n de residentes, una cifra considerable para cualquier desarrollo urbano levantado pr�cticamente desde cero. Pero basta caminar unos minutos para comprobar que la densidad todav�a dista mucho de la de cualquier gran urbe china.En uno de los centros comerciales que se acaban de inaugurar abundan restaurantes, cafeter�as, supermercados, tiendas de ropa y marcas occidentales. El edificio luce impecable. Pero en muchos locales los empleados superan en n�mero a los clientes. En una tienda de juguetes, la dependienta, Chen Xia, reconoce que los clientes todav�a no est�n llegando. �Mi marido trabaja para una empresa estatal que traslad� parte de sus oficinas desde la capital y conseguimos comprar un apartamento mucho m�s amplio del que jam�s habr�amos podido permitirnos dentro del quinto anillo de Pek�n�, explica. �All� viv�amos encerrados entre edificios. Aqu� mi hijo puede bajar al parque andando y el aire es mucho m�s limpio. Todo es muy moderno. En unos a�os esta ser� una de las mejores ciudades del mundo�.En Xiong'an parece asumirse que la ciudad todav�a no debe juzgarse por lo que es, sino por aquello que promete llegar a ser. Xu Kuangdi, ex presidente de la Academia China de Ingenier�a y uno de los principales asesores del proyecto, defiende que esta ciudad no solo pretende resolver los problemas actuales de Pek�n. �La idea es que se convierta en un laboratorio para imaginar c�mo deber�n construirse las ciudades chinas durante el pr�ximo siglo�, asegura. El concepto se repite constantemente en la propaganda oficial: innovaci�n, sostenibilidad, inteligencia artificial, neutralidad de carbono y movilidad aut�noma.Una ciudad vigiladaBajo las avenidas discurre una gigantesca red de galer�as que concentra tuber�as de agua, electricidad, telecomunicaciones y calefacci�n para evitar que las calles tengan que abrirse continuamente por obras. Miles de sensores monitorizan el consumo energ�tico, la calidad del aire y el tr�fico en tiempo real. Buena parte de la ciudad funciona mediante una infraestructura digital dise�ada para anticiparse a los problemas antes de que aparezcan. Los urbanistas hablan de una �ciudad que piensa�. Tambi�n hay cr�ticos que opinan que ser� una ciudad donde el r�gimen dispondr� de una capacidad de vigilancia pr�cticamente absoluta.Aun as�, ni siquiera la tecnolog�a puede resolver la gran inc�gnita que acompa�a al proyecto desde el primer d�a: c�mo conseguir que una ciudad planificada desde arriba genere una vida urbana aut�ntica. El experto Li Xiaojiang, durante a�os una de las mayores autoridades chinas en planificaci�n urbana, suele insistir en que el verdadero desaf�o nunca ha sido levantar edificios: �Construir una ciudad consiste en crear un sistema capaz de atraer poblaci�n, empresas, servicios y oportunidades. La calidad urbana no depende de la velocidad de la construcci�n, sino de la calidad de vida que ofrece�.El profesor Zhou Jian, de la Universidad Tongji de Shanghai, va m�s lejos al recordar que las ciudades poseen ritmos biol�gicos propios. �Las infraestructuras pueden construirse en pocos a�os, pero una comunidad tarda d�cadas en consolidarse. La cultura urbana no puede planificarse del mismo modo que una carretera�.Xiong'an no est� vac�a. Pero la sombra de las ciudades fantasma chinas planea sobre este modelo de urbanismo extremo. El gigante asi�tico conoce bien las consecuencias de construir antes de tiempo. Durante los a�os del gran bum inmobiliario, el pa�s levant� ciudades enteras convencido de que el crecimiento econ�mico ser�a infinito. Gobiernos locales financiaban desarrollos urbanos mediante la venta de suelo, mientras promotoras privadas compet�an por construir m�s viviendas, centros comerciales y distritos financieros. De 2011 a 2013, China consumi� m�s cemento que Estados Unidos en todo el siglo XX.Cerca de Shanghai, la localidad de Tianducheng quiso convertirse en un peque�o Par�s chino. Sus promotores levantaron una Torre Eiffel de 90 metros, plazas inspiradas en la arquitectura francesa y fuentes renacentistas. Durante a�os, aquella ciudad dise�ada para decenas de miles de habitantes apenas consigui� atraer a unos pocos cientos de residentes. Thames Town, otra copia inspirada en Londres, apareci� salpicada de cabinas telef�nicas rojas, iglesias anglicanas, fachadas victorianas y pubs. El proyecto pretend�a atraer a miles de familias de clase media fascinadas por la arquitectura occidental. Los �nicos visitantes habituales fueron los turistas.Al noreste de Pek�n, las llamadas Mansiones de Hu�spedes del Estado representan otro de los monumentos al exceso inmobiliario. Concebidas como una exclusiva urbanizaci�n de villas para empresarios, hoy los agricultores utilizan aquellos terrenos para criar su ganado. Los garajes sirven como almacenes de pacas de heno. Las ovejas pastan entre columnas neocl�sicas y jardines.Promotores privados, gobiernos locales y bancos alimentaron durante a�os una gigantesca rueda de endeudamiento en la que todos parec�an ganar mientras los precios de la vivienda no dejaran de subir. El crecimiento alcanz� tal magnitud que el sector inmobiliario lleg� a representar cerca del 30% de la econom�a china. Pero cuando Pek�n comenz� a preocuparse por el enorme endeudamiento acumulado, decidi� intervenir y grandes promotores inmobiliarios se hundieron.Miles de compradores descubrieron entonces que hab�an pagado por unas viviendas que nunca llegar�an a terminarse. En toda China comenzaron a multiplicarse los esqueletos de hormig�n abandonados, edificios detenidos a medio construir que la prensa bautiz� con una expresi�n tan gr�fica como inquietante: los llamados �edificios de cola podrida�. Familias que hab�an invertido todos sus ahorros contemplaban impotentes c�mo las gr�as desaparec�an mientras segu�an pagando la hipoteca de un hogar inexistente.Estos dramas alimentan el escepticismo de quienes observan Xiong'an desde fuera. Pero este proyecto no depende de la especulaci�n privada. Los ritmos de construcci�n responden a decisiones pol�ticas y no a la urgencia por vender viviendas. Buena parte de quienes se trasladan lo hacen porque sus empresas o sus organismos p�blicos han recibido instrucciones para instalarse en la nueva ciudad.Al anochecer, los autobuses aut�nomos contin�an recorriendo sus itinerarios con la puntualidad de una m�quina. Miles de sensores siguen recopilando datos invisibles bajo las calles. Las luces LED comienzan a encenderse una tras otra en torres de oficinas donde todav�a quedan muchas ventanas oscuras. Todo parece comenzar a funcionar como fue dise�ado. Lo �nico que a�n no puede planificarse es el alma de la ciudad.
Viaje a la ciudad del futuro en China, proyectada por el presidente Xi Jinping: "A veces paseo por la noche y siento que sobra espacio"
El tren abandona el paisaje gris�ceo de las afueras de Pek�n. Durante 45 minutos, atraviesa campos de ma�z, viejos pueblos de ladrillo rojizo y pol�gonos industriales que...








