NoticiaCientos de caleños se han organizado de manera órganica para sacar a las víctimas del terremoto que desplomó edificaciones en la ciudad.Personas reaccionan durante la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros de una edificación colapsada tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país, este lunes en Cali. Foto: EFEPERIODISTA11.08.2026 14:54 Actualizado: 11.08.2026 14:54

Unas manos se alzan, los puños se cierran y, de inmediato, todos guardan silencio. Los carros alrededor se apagan. Las cadenas humanas observan. El ruido desaparece. Es la señal de que alguien escuchó una voz, percibió un movimiento o la más mínima señal de vida entre los escombros de lo que quedó del edificio Torres del Limonar, un conjunto de 40 apartamentos y cinco pisos ubicado en el barrio Capri de Cali que colapsó por el terremoto de magnitud 7,4 que golpeó con fuerza a Colombia.Desde ayer, y durante los días que hagan falta, los caleños se han volcado a salvar a los suyos. A muchos no los conocen. Nunca habían escuchado sus nombres ni sabían quiénes vivían en esos apartamentos. Pero Capri se ha llenado de vecinos y de personas llegadas desde distintos puntos de la ciudad, e incluso desde Palmira, dispuestas a remover piedras, cargar agua, llevar alimentos o acompañar en lo que haga falta. Desde que comenzaron las labores de rescate, ocho personas han sido sacadas de entre los escombros: seis con vida, entre ellas una niña y su padre, y dos adultos, un hombre y una mujer de aproximadamente 50 años, que ya habían fallecido. Caleños retiran escombros del edificio Torres del Limonar. Foto:Cortesía.La organización ha surgido de manera espontánea, casi sin necesidad de palabras ni instrucciones. Cada quien llega y encuentra una forma de ayudar. “Es un nivel de organización que ni siquiera necesita palabras. La gente va llegando y de una se involucra como pueda. Es un esfuerzo coordinado, como hormiguitas: todos, en todas partes, corriendo y ayudando”, describe Adriana Reyes, quien llegó desde el corregimiento rural de La Buitrera. La extracción de las víctimas está en manos de los grupos especializados de búsqueda y rescate USAR de los cuerpos de bomberos de Cali, Jamundí y Bogotá, que trabajan con el apoyo de unidades caninas entrenadas para la búsqueda y localización de personas. “Todavía tenemos personas o víctimas en el área. Es una estructura de cinco pisos que colapsó totalmente y, en este momento, tenemos la hipótesis de que puede haber nuevas personas con vida. Estamos trabajando para que esto se pueda lograr. Todavía tenemos tiempo, aunque el tiempo va corriendo, y nuestro interés es poder llegar a recuperar más personas vivas”, señala Fernando Molano, integrante del Cuerpo de Bomberos, quien lleva más de 20 horas ininterrumpidas buscando víctimas entre toneladas de concreto, polvo y hierro retorcido. Alzar la mano y cerrar los puños es señal de que puede haber vida. Foto:EFEHasta ahora no hay una cifra exacta de cuántas personas podrían seguir atrapadas bajo los escombros. Por el número de apartamentos —40 en total—, se estima que la cifra podría superar el centenar, aunque todavía no hay claridad sobre cuántos residentes se encontraban en el edificio al momento del colapso ni si había visitantes u otras personas ajenas al conjunto. “Estoy acá para solidarizarme con todos los caleños, con la gente de nuestra ciudad. La gente que hemos visto salir muerta nos conmociona mucho”, dice Santiago Coy, un joven caleño que llegó a Capri después de pasar por el hotel Motel Molino Rojo, otra de las estructuras que cayó tras el terremoto. Desde allí se desplazó hasta Torres del Limonar y pasó toda la noche sin dormir, ayudando en la búsqueda de sobrevivientes. Los caleños han formado cadenas humanas para evacuar los escombros y despejar los destrozos. Quienes se cansan o necesitan ir al baño simplemente son relevados por otros. Siempre hay alguien dispuesto a ocupar su lugar. Escombros del edificio Torres del Limonar. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPOLos guantes y los tapabocas son dos elementos indispensables. El polvo no deja de levantarse y se pega a la ropa, al cabello y a la piel, mientras hace difícil respirar. Aun así, nadie pare dispuesto a abandonar el puesto. La solidaridad llega por todas partes: mujeres aparecen con sándwiches, paquetes de papas y gaseosas para quienes llevan horas en la cadena y necesitan pequeños descansos para calmar el hambre y recuperar fuerzas. “La gente está necesitando puntualmente gafas, tapabocas y guantes”, señala en sus redes sociales John Fredy Paz, quien se ha encargado de recibir donaciones y gestionar suministros para quienes participan en las labores de rescate. Pan, Gatorade y hasta comida para perros hacen parte de los elementos que ha conseguido para mantener abastecidas a las personas que llevan horas ayudando entre los escombros de varios puntos de la ciudad.Desde el sector audiovisual han prestado grandes luminarias para iluminar las labores cuando cae la noche y permitir que los equipos de rescate continúen trabajando. En Bogotá, grupos de ciudadanos se han organizado para enviar donaciones hacia los distintos puntos de acopio de Cali. Incluso las plataformas de movilidad se han sumado a la emergencia y han suspendido el cobro de sus tarifas para facilitar el traslado de las ayudas hasta los centros de acopio. Personas ayudan en las inmediaciones del edificio Torres del Limonar. Foto:Cortesía.Pero el entusiasmo a veces es relevado por la frustración y la angustia. Según Adriana, una cosa es sentir cómo de mano en mano pasan ladrillos y varillas. Otra muy distinta es recibir una prenda de vestir, unos zapatos, una nevera o el comedor de un bebé. Ya no son simplemente escombros, sino las pertenencias que recuerdan que allí hasta hace muy poco hubo hogares, familias, rutinas y vidas enteras. “Sacaban neveras, como cosas que te recuerdan que eso es vida, que ahí estaban las personas. Es muy duro pensar en que hay un niño que de pronto todavía sigue ahí vivo o no. ¿Qué estará respirando la gente que está ahí adentro en oscuridad, escuchando la bulla afuera?”, se pregunta ella. La capital del Valle suspendió el Festival Petronio Álvarez, el evento más importante de la cultura del Pacífico. En medio de la emergencia, Cali no olvida al Chocó, ni a Pereira, Manizales y los demás municipios que enfrentan las consecuencias del terremoto. La tragedia ha golpeado a buena parte de esta región del país y ha obligado a todos a concentrar sus esfuerzos en salvar vidas. En Cali, la Alcaldía confirmó 95 personas fallecidas, 949 heridas, 86 rescatadas y 239 que continúan reportadas como atrapadas. Mientras tanto, en Capri, las diferencias sociales, económicas y políticas parece que ya no existen. Allí solo importa una cosa: seguir buscando. Los que llegan continúan removiendo piedras, cargando agua, pasando alimentos y guardando silencio cuando alguien hace la señal de la esperanza. JUAN PABLO PENAGOS RAMÍREZRedacción Política Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.