Francia parece la Pampa húmeda en diciembre. Un mar amarillo, pero no de trigo, sino de pasto seco y estéril. Si llueve, el agua no podrá penetrar esa tierra muerta, dura, y habrá inundaciones. El próximo drama.
Primero fue la ayuda sin cuartel de los agricultores a los bomberos durante los incendios forestales en Francia. El país se lo agradeció. Ellos fueron los que evitaron, con sus tractores y maquinarias, que las llamas se expandieran; con sus "cortafuegos" de centenares de hectáreas, los que salvaron las casas de sus vecinos y los animales.
Ahora es este "enorme agotamiento moral y físico" que sienten al ver sus cultivos muriendo por la "canicule", la falta de agua y su futuro. Un grito y un pedido de ayuda para una catástrofe sin antecedentes, producto del cambio climático y las cinco olas de calor de más de 40 grados en todo el país.
Un "annus horribilis", como diría la reina Isabel II. Ante una sequía histórica, toda la agricultura francesa se enfrenta a grandes dificultades. Los sectores hortofrutícola y ganadero sufren los efectos combinados de las olas de calor y la grave sequía, hasta el punto de que algunos temen escasez de alimentos.
El mismo fenómeno se reproduce en Gran Bretaña. Piensan que no va a haber alimentos, verduras ni leche. La temperatura no baja de 38 grados en el reino.














