Trenes anulados o averiados en plena vía, centrales nucleares paradas, trabajadores agotados por falta de sueño, hospitales saturados, viviendas inhabitables, incendios forestales, aulas con calor sofocante, museos cerrados… Las olas de calor se suceden en este inicio de verano en Francia, dejando al descubierto los retrasos acumulados y la falta de preparación para hacer frente a las temperaturas extremas que impulsa la crisis climática.

A finales de mayo, el país sufrió un primer episodio de calor intenso y excepcionalmente precoz; en junio una ola de calor de una intensidad inaudita que batió récords de temperatura en todo el territorio, y esta semana, el país sale de un tercer episodio de calor en este principio de verano. Pero aunque las temperaturas ofrezcan un respiro, los expertos temen que las repercusiones sanitarias y medioambientales del calor no hayan hecho más que empezar.