La incapacidad de Marruecos de convertir el crecimiento econ�mico en mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos ha llevado a la poblaci�n hacia el enclave espa�ol de Ceuta.En Safi, su ciudad portuaria marroqu�, Salma trabajaba empaquetando latas de sardinas. Las latas rojas ca�an del horno, a�n calientes, a una caja met�lica m�s grande.Los d�as de mayor pesca, Salma trabajaba hasta 18 horas seguidas hasta enlatar todo el pescado. Las puntas de sus dedos se le pon�an negras por el contacto con el metal.Un a�o despu�s, tras graduarse, Salma, de 24 a�os, trabaja en un enorme edificio de cristal con aire acondicionado en la capital, uno de los relucientes edificios s�mbolo del reciente desarrollo econ�mico de Marruecos. Financial Times ha utilizado un seud�nimo para proteger su identidad.A pesar del glamour de su nuevo trabajo, sigue viviendo con un presupuesto ajustado. Como muchos j�venes marroqu�es, sobrevive con un salario muy bajo y tiene la sensaci�n de que las oportunidades se encuentran en otro lugar. Al igual que los dem�s, aspira a algo m�s que a sobrevivir.La econom�a de Marruecos ha crecido y la pobreza ha disminuido en las �ltimas d�cadas, gracias a la disciplina presupuestaria y las inversiones en infraestructura. Sin embargo, seg�n los economistas, este crecimiento, evidenciado por los imponentes estadios y relucientes rascacielos a lo largo de la costa noroeste, no se ha traducido en suficientes empleos de calidad ni mejores salarios para la mayor�a de la poblaci�n.Este fracaso se hizo evidente el mes pasado, cuando m�s de 72.000 personas, en su mayor�a j�venes marroqu�es que buscaban un futuro mejor, cruzaron la frontera hacia el enclave espa�ol de Ceuta. Seg�n las autoridades espa�olas, al menos 82 personas fallecieron, pero una ONG marroqu� eleva la cifra a 141; aun as�, muchos est�n dispuestos a volver a intentarlo.Mehdi Lahlou, profesor de econom�a del Instituto Nacional de Estad�stica y Econom�a Aplicada de Rabat, especializado en migraci�n, afirm� que la falta de poder adquisitivo, la marginaci�n de las zonas rurales y la falta de servicios estatales impulsan la emigraci�n. "Los beneficios de este crecimiento econ�mico no llegan a la mayor�a de los marroqu�es", a�adi�. Los �xitos de Marruecos son numerosos; en los �ltimos a�os ha desarrollado potentes industrias automovil�stica y aeron�utica y es uno de los pocos pa�ses de la regi�n en atraer este tipo de manufactura. Un nuevo puerto industrial ha incrementado la capacidad de exportaci�n y log�stica, mientras que su productor nacional de fosfato convierte a Marruecos en un proveedor de fertilizantes de referencia a nivel mundial.Sin embargo, los grandes proyectos de inversi�n p�blica del pa�s, incluidos los deportivos —ser� coanfitri�n del Mundial de 2030— y los ferrocarriles de alta velocidad, "son proyectos que requieren una gran inversi�n de capital y no generan las oportunidades de empleo", lament� Lahlou.El desempleo se mantiene en torno al 13%, con una tasa tres veces mayor entre los j�venes; aun as�, muchos de los que tienen trabajo desean emigrar.La ambici�n del reino se hace patente en las afueras de la capital, Rabat, donde una torre con forma de cohete se alza sobre una boscosa. "Bienvenidos a bordo de la Torre Mohammed VI", reza una pantalla interactiva en el interior del edificio.Los alfareros tradicionales que extra�an arcilla y ten�an sus talleres en la zona antes de la llegada de los promotores inmobiliarios han sido reubicados temporalmente en el centro de la ciudad.En las inmediaciones, un guardia impide el paso a los peatones al c�sped del nuevo Teatro Real, dise�ado por Zaha Hadid Architects, cuya inauguraci�n este a�o cont� con la presencia de Brigitte Macron y la familia real marroqu�. En el paseo mar�timo de Rabat se inaugur� hace poco un imponente estadio de hockey sobre hielo, a pesar de que este deporte es relativamente desconocido en Marruecos.Cuando Salma sale del trabajo, regresa a su apartamento en un bajo que comparte con una amiga en la ciudad vecina de Sal�. La habitaci�n es oscura porque la ventana no se abre del todo, y por la noche duerme sobre una manta en el suelo, junto a su compa�era de piso.Su sueldo es de 428 d�lares al mes —menos de la mitad del salario medio del sector p�blico en Marruecos, que es de 1.000 d�lares—, insuficiente para vivir como desea. Para complementar sus ingresos, escribe guiones para youtubers y hace locuciones para anuncios.Tras la universidad, quer�a quedarse en Safi, donde su madre a�n trabaja en una f�brica."Fui a muchos sitios, pero no consegu� trabajo en Safi... porque hay m�s oferta que demanda. Hay much�simos j�venes que buscan trabajo", dijo.Najib Akesbi, economista en Rabat, afirm� que las enormes inversiones hab�an creado un escaparate de �xito desde fuera. Explic� que el desarrollo de costosos trenes de alta velocidad y estadios —concentrados en la costa noroeste del pa�s— se hab�a producido a expensas del resto de Marruecos y de programas sociales como la sanidad.Estos contrastes —lo que �l denomin� un "Marruecos olvidado"— generaron una ola de protestas de la Generaci�n Z en todo el pa�s el a�o pasado, desencadenadas por la muerte de ocho mujeres embarazadas en un hospital p�blico de Agadir.El gobierno marroqu� ha reconocido estas desigualdades sociales y afirma que est� intenta ampliar la red de protecci�n social y la sanidad.Mehdi, de 20 a�os, metal�rgico y futbolista profesional, sali� de su casa en Sal� el martes pasado para intentar cruzar a Ceuta.Era su quinto intento: sab�a qu� llevar y cu�l ser�a su ruta. Empac� aletas y bolsas de pl�stico para guardar su tel�fono, dinero, comida y agua.Nad� durante siete horas hasta cruzar la frontera hacia Ceuta y llegar a la costa. Permaneci� en el enclave espa�ol durante una semana, hasta que decidi� volver nadando a Marruecos el martes por la noche por la presencia del ej�rcito espa�ol.Mehdi no encuentra trabajo estable: ha pasado de trabajos en carpinter�a y pintura a trabajos en electricidad y construcci�n. Como futbolista, ganaba unos 1.000 d�lares al mes, pero dijo que ese sueldo se destinaba a pagar los microcr�ditos que su familia hab�a solicitado para cubrir sus necesidades b�sicas."Antes de graduarme, esperaba encontrar oportunidades laborales. Pero en Marruecos decimos que cuando terminas los estudios, es cuando empieza la vida real. La mayor�a de los marroqu�es viven as�", lament�.Seg�n el �ltimo informe del Banco Mundial, la "debilidad estructural m�s importante" de la econom�a marroqu� es "su insuficiente capacidad para crear empleos a la escala que demanda una poblaci�n en edad laboral en crecimiento". Se estima que hasta dos tercios de la inversi�n en Marruecos provienen del sector p�blico.El sector privado se muestra reacio a realizar inversiones a largo plazo que generen m�s empleo y crecimiento debido al control centralizado del gobierno sobre la econom�a, la falta de competencia y la ventaja de las empresas que buscan obtener rentas y que controlan oligopolios en sectores clave como el de los combustibles.Mientras Mehdi nadaba de regreso durante la noche, mucho despu�s de que la mayor�a de sus compa�eros migrantes hubieran regresado, vio un cad�ver flotando en el agua.Lleg� a la costa de la ciudad fronteriza de Fnideq a primera hora del mi�rcoles, camin� decenas de kil�metros y luego volvi� en autob�s a Sal�.Pas� por casa y vio a su abuela y a su madre. Abrumadas por su repentino regreso, le prohibieron volver a intentarlo.Alrededor de las 7 de la ma�ana, fue a la playa p�blica de Sal� justo a tiempo para empezar a trabajar alquilando sombrillas. Gana unos 15 d�lares al d�a, dependiendo de la cantidad de ba�istas. Confes� que esperar�a unas dos semanas y luego intentar�a llegar a Ceuta de nuevo.� The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. FT y Financial Times son marcas registradas de Financial Times Limited. Queda prohibida la redistribuci�n, copia o modificaci�n. EXPANSI�N es el �nico responsable de esta traducci�n y Financial Times Limited no se hace responsable de la exactitud de la misma.
�Por qu� los j�venes marroqu�es "olvidados" huyen a Europa?
En Safi, su ciudad portuaria marroqu�, Salma trabajaba empaquetando latas de sardinas. Las latas rojas ca�an del horno, a�n calientes, a una caja met�lica m�s grande.










